Una de mis razones principales para odiar a la humanidad es la mierda que nos venden de pequeños. No me refiero a lo material, que también. Pero este campo lo doy ya por perdido. Me refiero a lo espiritual Ya nada más nacer nos frustran. No las multinacionales, sino los padres. Son los que más nos quieren, pero ya desde el primer día, ponen todas sus esperanzas, frustraciones y situaciones no vividas, que quieren que realicemos. Todos los niños si les preguntas que quieren ser, te dirán: ingeniero, médico, futbolista… La sociedad nos hace pensar que seremos millonarios, estrellas del rock, que tendremos un coche que te cagas y una televisión aun mayor. Todos estos niños, son niños envenenados. Yo lo fui, probablemente ustedes también. Y cada vez que me doy cuenta de que no seré nada de esto, me frustro aún más. Me siento engañado. Jodido. ¿Por qué me han creado la necesidad de algo que no conseguiré?
Nos venden la moto de que con el dinero seremos felices. Que le follen al dinero, no recuerdo ningún momento en el que me haya hecho feliz, ni uno solo. Lo odio.

Niños intoxicados por publicidad y padres borregos que les dejan ver la televisión. Jamás les darán un libro, o les enseñaran a leer antes de la escuela. Hamburgueserías que les regalan juguetes para que tengan un buen recuerdo, y de mayores coman sus mierdas de vacuno. ¿Estamos todos locos o qué? ¿Qué coño estamos haciendo con los niños? No son nada más que eso, niños. Ya de pequeños les metemos en la mierda de religión. Enséñale a pensar, leer y escribir. Que luego él decida. Ahora eso si, les prohibimos toda clase de actividades. No les dejamos que crezcan en el campo y los encerramos en las ciudades en las que lentamente se consumen. Se entristecen, su inocencia se apaga. Los estamos matando, invisiblemente, poco a poco. O lo que es peor, estamos creando generaciones de niños frustrados. No se lo merecen. No tienen que ser como tú, padre o madre amargado.