Me llamo LEGIÓN, porque somos muchos

Me llamo Legión...

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los Gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.

Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: “¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes”. Porque Jesús le estaba diciendo: “Espíritu inmundo, sal de este hombre”.
Jesús le preguntó: “¿Cómo te llamas?”. Él respondió: Me llamo LEGIÓN, porque somos muchos”. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: “Déjanos ir y meternos en los cerdos”. Él se lo permitió.
Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.

En tiempos de Jesús, había tres clases de personas que estaban marginadas de la sociedad. Tanto era así, que no vivían en la ciudad, sino fuera. Se trataba de las prostitutas, los leprosos y los locos. Estos últimos solían dormir en los cementerios. Cuando una de estas tres personas, deseaba acercarse a la ciudad para conseguir algo de comer o incluso limosna, debía hacerlo tocando una campanilla. Automáticamente todos se apartaban de ellos. Si no tocaban la campanilla, tenían derecho a lapidarlos.

Ante este panorama existía un loco, llamado Legión, el cual siempre iba atado, porque era muy agresivo. E incluso se hería a sí mismo. Dirigiéndose a la ciudad, tocando la campanilla, como era lógico todo el mundo se apartaba de él. Todos menos uno. Legión se quedó muy sorprendido, en un principio iba a mostrar su agresividad, pero al ver la cara de Jesús comprendió que no estaba delante de un cualquiera.

-¿Qué tienes que ver conmigo Jesús?- preguntó Legión. ¿Qué esperas de mí? ¿Por qué no huyes como los demás? ¿Por qué no me tienes miedo? ¿Por qué no me odias? ¿Por qué me amas sin condición?

-Por Dios te lo pido, no me atormentes- balbuceo Legión. Por Dios no me cures, déjame en mi enfermedad, es mi amiga y con ella me siento fuerte. Me complazco en el sufrimiento. Todo el mundo es deleznable. Solo merecen la pena los que sufren. La vida es sufrimiento. El mundo está corrompido.

-Espíritu inmundo, sal de este hombre- contesta Jesús. Aunque Legión no quiera, Jesús le va a curar, le va a ayudar a dar el paso que no quiere porque tiene miedo. Tiene miedo de convertirse en quienes le convirtieron en loco. Un iniciado nunca tiene miedo.

-¿Cómo te llamas?-preguntó Jesús.

-Me llamo Legión, porque somos muchos- contestó. Me llamo Legión porque somos todos. Todos contribuimos a la locura, al odio y a la envidia. Con nuestros actos creamos mentes enfermas, nos enfermamos. Entre Legión y yo no hay diferencia. Ambos estamos locos, solo que Legión es el único que se ha dado cuenta.

Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Quien se comporta de ese modo, es un pobre cerdo, un animal, que va en grupo, en piara y que al final se acabará ahogando en el agua que le dio la vida. Eso sí, acompañado por el resto. Uno no tiene que tener miedo a realizar acciones en solitario.

Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. Al ver semejante desperdicio, los porqueros le pidieron a Jesús que se fuera, puesto que habían perdido mucho dinero. No se alegraron de que Legión estuviera curado, lo importante era que habían perdido dinero. Su Dios verdadero, el dinero.

Como veis una muy bella enseñanza, la cual ha de ser profundizada para poder ser comprendida en toda su extensión.

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2 Respuestas a “Me llamo LEGIÓN, porque somos muchos

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