Polo de Lacoste verde pistacho

Finge que te faltan cosas. Adelante, pídeselo a los Reyes Magos. Si nunca te fue este país, entonces pídeselo a Papa Noel. Escribe una carta contando todo lo prescindible que quieres. Y luego debajo, al final de la larga carta, escribe eso que escribes todos los años, con letra minúscula y apretada, no vaya a ser que se cumpla: que haya paz en el mundo.

Bésate en el espejo y repite: Si todo el mundo fuera como yo, no habría guerras.

Vuelve a fingir que tus zapatillas están demasiado viejas. Que con esa cazadora pasas frío. Que necesitas aquel videojuego. Que todas tus camisetas están dadas de sí. Convénceles. Di todo esto a tus padres mientras hablas con la boca llena. Llena de mazapanes, polvorones y turrón duro. Tan duro que es de justicia pedir un juego de cuchillos nuevos. También están viejos y dados de sí.

En navidad todo es necesario renovarlo.

En navidad todo es viejo y dado de sí.

Come como una foca hasta el límite del infarto. Después pide una liposucción. Y vuelve a ponerte como una foca. Si no tienes dinero. Sustituye la liposucción por el vómito, después de cada comida. Pero nunca dejes de comer. Para tu familia siempre estarás delgado. Eso no dice mucho de tu familia.

Y repite: si todo el mundo fuera como yo, no habría gordos.

Bésate en el espejo y dite lo solidario que eres con el tercer mundo. Dite lo que te decía tu abuela. Come, aunque sea porque ellos no pueden.

¿Quiénes son “ellos”? Nunca me gustó el pronombre personal que no se refiere a ninguna persona.

Levántate el día de navidad como si te importase. Levántate como todos los años. Creyendo que este sí. Que este año la felicidad por los regalos durará hasta un poco más que la mañana. Durará un poco más. Claro que sí. No perderá la gracia en cuanto desaparezca el papel de regalo. Que este año el anuncio se corresponderá a lo que pediste. Mira todos los regalos del árbol.

Admite que la primera decepción es que no son todos para ti.

Admite que la segunda decepción es que el de tu hermano es más grande.

Admite que la tercera decepción es otra puta colonia/ calcetín/ gallumbo/ bufanda.

Y repite: si todo el mundo fuera como yo, olerían bien, no andarían descalzos, no se les vería la colita y no cogerían un catarro.

Otro año más y después de comer, todos tus regalos están condenados irremediablemente al sitio en que acabaron los de años anteriores: el trastero. Una sociedad con trastero dice mucho de sí misma.

En cuanto se te llena el trastero es el momento de echarlo todo a un trastero mayor llamado: ONG. Una sociedad con ONGS y trasteros a partes iguales da que pensar. Las Organizaciones No Gubernamentales son el siguiente escalón. Es curioso como siempre uno se desprende de lo que no le gusta. Objetos o personas indistintamente. Es curioso ver a un niño de África con un polo Lacoste verde pistacho, sin un pistacho que echarse a la boca. Dejen de reír, pues a mí no me hace ni puta gracia.

Y repite: si todo el mundo fuera como yo, los niños negros no comerían, pero al menos vestirían de pistacho.

Por eso a la gente no le gusta pensar. Cuando piensas vomitas todo lo que nos han hecho comernos. Y solo piensas en niños negros vestidos de verde pistacho. Todo se reduce a una cuestión de colores chillones. Ser blanco o negro importa poco.

Siempre podrás decir que fue un “detalle”. Fardar con tus amigos que no necesitabas ese puto polo.

Y repite: si todo el mundo fuera como yo, en el mundo no habría problemas.

Ahora es cuando me empiezo yo a reír.