No me mientas por favor

Me digo que junto con el título nos deberían dar un curso de mecánica. Un curso de teleoperador. Un curso de reponedor. Y otro curso más, de ayudante del reponedor. Para que en el curriculum debajo de: Licenciado en Filosofía y letras, se vea: Auxiliar de ayudante de reponedor de latas.

Para que mi futuro jefe me diga: el trabajo es suyo, seiscientos euros por ocho horas al día.

Para que mi futuro jefe socarronamente me diga: la únicas “licenciaturas” me las tomo yo.

Para eso estudio cinco años. Para acabar con mi culo semejante a la bandera nipona. No penséis que tenéis futuro. Estudiar hoy en día no significa nada. Es igual de profundo que nuestros secos embalses.

Hemos sido promovidos al estudio por una generación en la que estudio era sinónimo de trabajo. Hoy en día estudio es sinónimo de paro, de Inem. Somos carne del Inem. Todos nos hemos imaginado -cuando lo vemos por la tele- haciendo cola en la fila del paro.

Hoy en día el paro es a la vida, lo que las gasolineras a los coches. Tarde o temprano, por mucho que viajes, tendrás que pasar por ellas.

Tendrás que depender del Estado que una y mil veces has soñado con quemar. Ese estado inestable, semejante a los edificios mal demolidos, que explotan, pero no terminan de caer. Aunque todos sepamos que un día caerán. Y estamos muy preocupados para evitar que no nos caigan los cascotes.

En Filosofía y Letras se presupone la ética. O al menos yo hice la presunción de una presunción. En Filosofía y Letras quien habla de los grandes hombres como Sócrates carece de ética. En Filosofía y Letras quien enseña valores, es precisamente quien no los tiene.

En Filosofía y Letras los compañeros que nos representan en realidad no lo hacen. Solo representan a su ego. Si de verdad nos representasen nos hubieran avisado. Si de verdad nos representasen jamás nos pedirían el voto.

El voto mató la democracia. El voto creó el paro. Para los gobernantes es fundamental que la mayoría dependan de ellos. Para los que nos representan en la universidad, es fundamental de que nos enteremos de lo que sucede por ellos.

Son nuestros particulares medios de comunicación de masas. Véase: exageración, estadísticas, mentiras y malditas mentiras.

En la educación primaria, secundaria y bachillerato, la universidad era nuestra meta. Los docentes nos la vendieron año tras año, con la misma eficacia de la teletienda.

Dentro de la universidad poner la lengua debajo del culo del profesor, es posiblemente el siguiente paso. Todos quieren ser catedráticos. Todos quieren ser profesores de prestigio.

Atrás quedaron los años en que ir a la universidad era un orgullo. Son tiempos de recordar que nuestra educación fue excelente, hasta que entramos en la universidad.