Los asesinos

Si yo fuera tú colgaría ese teléfono...

Se ve un bar por dentro, Nancy friega y trajina con los cacharros. Recoge un plato donde acaba de comer un tipo en el mostrador. Pero el tipo no se ha ido. El bar está aparentemente vacío, y de fondo suena jazz melancólico. Es ese tipo de bares dónde hay una niebla permanente. Sin más preámbulos una puerta se abre muy despacio. Un tipo vestido con traje y pelo engominado para atrás, se quita las gafas de sol y cuando ha dado un paso respecto a la puerta mira en ambas direcciones. Al comprobar satisfecho que no hay nadie, entra. Le sigue otro tipo igual que él con traje y gafas de sol.

—Buenos días— dice George con un tono de voz cadavérico. Pasa rozándolo todo con la mano y echándole un vistazo a todo lo que ve por allí, emite un leve silbido, mira a la camarera y pregunta:

—¿Es tuyo este bar encanto?

—Es de mi marido ¿Qué van a tomar?

—No he dicho que vayamos a tomar nada —responde— pero ya que estamos aquí, parece un sitio muy acogedor. ¿Verdad Al?

Al no contesta.

—Si no dice nada —comenta George a la camarera— es que le ha gustado. Verá buscamos a cierta persona que vive aquí, en el pueblo.

El pueblo es muy pequeño, apenas existen un par de bares y todo el mundo se conoce. Es un pueblo que vive de la agricultura y la ganadería, y donde ha sucedido algo grandioso para sus habitantes.

—Si me dicen de quién se trata a lo mejor lo puedo conocer—dice Nancy.

—Seguro que sí, además, creemos que viene por aquí muy a menudo, pero dejémoslo para más tarde, tengo un poco de hambre, ¿me pasas la carta cariño?

Nancy le da la carta y ambos asesinos se sientan, ambos encienden un cigarro y George dice:

—Ponnos dos cervezas para abrir el apetito… Nancy se pone a rebuscar y se las pone, mientras tanto los asesinos ojean sendas cartas.

—Me gusta cómo suena este pollo con ajillo—dice Al. Nancy mientras cacharrea los platos se da la vuelta y dice:

—Lo siento, no tenemos ese plato.

—¿Y qué me dices de este pollo en pepitoria?

—No queda…se lo comieron todo anoche

—¿Y pollo al chilindrón?

—No…

—¡No me jodas que puta mierda de bar es este! —dice Al muy cabreado— ni que dierais de comer a un jodido pelotón,  no creo que sea tan difícil poner un puto plato de pollo…

—¿Tienes alguna mierda que se pueda comer o me vas a servir la mesa? —comenta Al enojado.

George lo calma y le dice a Nancy, que se pone un poco asustada:

—Discúlpelo, su comida favorita es el pollo, no puede pasar un día sin comerlo… Y mezcla una especie de mueca risueña mientras sigue fumando, mira la carta y dice:

—Aquí dice que vendéis un sangrante… ¿qué es un sangrante?

—Es un gran filete de ternera poco hecho y sangrante…—contesta Nancy—.

—¿Le ponéis una de esas salsas barbacoas con picante?

—Si.

—Ves Al —dice George— no hace falta ponerse de los nervios —se dirige a la camarera—. Ya sabes lo que tienes que preparar, ¿verdad Nancy?

—Si.

Nancy se mete en la cocina y se pone a guisar.

El otro día me contaron un buen chiste: —dice George—.

—Jesse James y sus feroces bandoleros asaltan un tren y  hacen que se detenga…

—Un momento, ¿quién es Jesse James? —dice Al muy seriamente.

—¿No sabes quién es Jesse James? — y se quita las gafas.

—O dios mío, creo que me va a dar algo…

A continuación George se siente muy frustrado como si le hubieran dado una mala noticia y se empieza a lamentar y a negar con la cabeza.

—¿Qué? —dice Al— ¡¡¿¿Qué??!!

George sigue negando y lamentándose. Al que es un hombre de pocas palabras e impaciente empieza a perder los nervios. Pasan muchos segundos de tensión que parecen interminables, cuando de repente Al salta:

—¡Qué! Me lo vas a decir de una puta vez o …

—¿O qué? — Contesta George desafiante.

Le coge de la pechera y le apunta a la cabeza con una pistola.

—O te pienso volar la jodida tapa de los sesos. Hace solo tres días que te conozco así que no me toques los cojones—dice Al.

—¿Quién es ese puto Jesse James? —pregunta Al.

—Suéltame cabronazo…—dice George—es solo un jodido bandolero.

—¿Y cómo sigue?

En ese momento Nancy entra por la puerta ve la pistola de Al y se queda parada…

George le dice:

—Entra cariño, estaba contando un buen chiste…

Nancy entra un poco asustada y mira la puerta del baño de refilón.

El caso es que  Jesse James sube al vagón de pasajeros y les apunta con sus dos pistolas.  Después ruge con voz amenazante:

—¡Vamos a robar a las mujeres y a violar a los hombres!

Uno de sus secuaces dice:

—Jesse, creo que te equivocas. Seguramente quieres decir que vamos a robar a los hombres y a violar a las mujeres…

—¡Un momento! —dice uno de los pasajeros, hombre amanerado y de apilada voz— Creo que el señor James sabe perfectamente como robar un tren…

Entonces Al se queda muy serio, parado como si ahora a él le hubieran dado un mazazo. Mientras tanto George se parte y Nancy elabora una tímida sonrisa. Acaba de reírse y se pone muy serio.

Al le dice:

—Tío, no tiene ni puta gracia.

—Es un chiste de Truman Capote… Eres tú el que no tienes ni puñetera gracia…

Se vuelven a quedar serios y se miran fijamente ya con la comida en sus platos. Se respira tanta tensión que parece que se van a acribillar a balazos de un momento a otro, pero de repente se oye un ruido… Ese ruido es Nancy que está intentando disimuladamente llamar por teléfono…

George se levanta saca la pistola, mientras Al sigue tranquilamente comiendo y le dice:

—Si yo fuera tú colgaría ese teléfono cariño…

Nancy muy despacio lo va colgando y George le dice:

—Eso es, eso es, muy bien…

Cuando acaba de colgarlo dice:

—Ahora pásame el teléfono.

Cuando lo hace George pega un tirón de él y corta el cable. Guarda la pistola, se sienta y sigue comiendo.

—Ahora Nancy solo has adelantado las cosas. Ahora tendremos que hablar de cierta persona…— dice George.

Nancy se sienta detrás de la barra con cara de preocupación y pone las manos en su regazo.

—Bien —dice George— ya supondrás lo que somos. ¿No es así?

Nancy asiente y dice:

—Asesi…

—No lo digas, no lo digas. No hace falta que seas tan grosera…

—¿Verdad que no Al? —pregunta George.

—Hmmmrrr— emite un débil gruñido porque no le apetece hablar. Su sangrante parece haberle absorbido toda la poca sangre que quedaba en su cerebro.

—El caso es que buscamos a un tal Sanderson. ¿No le conocerás por casualidad? Antes de que respondas convendría hacerte saber que no nos gustan los juegecitos, que en este pueblo todo el mundo se conoce y que sabemos que suele venir a comer aquí. ¿No es así Al?

—Hmmmrrr.

Nancy estalla y comienza como una niña a llorar, muy fuerte, de igual modo que una persona que se desmorona ante la presión.

—¿Lo ves? Así que sabemos que le conoces… y que viene a comer aquí, ahora solo me tienes que responder a una sencilla pregunta:

¿Ha venido ya a comer? ¿O le esperas?

—Ya ha venido— contesta entre sollozos Nancy.

George tras mirar los ojos de Nancy da una hostia a la mesa se pone furioso y dice:

—¡Mientes!

De repente un ruido de váter interrumpe el cabreo de George. Alguien ha tirado de la cadena… Todos miran al baño menos Al, que sigue comiendo…

Continuará…

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6 Respuestas a “Los asesinos

  1. Joder joder, me mola O_o

    digno de una buena escena de pulp fiction, e incluso mejor

    Un abrazo tio ^^

  2. Me ha gustado mucho tu relato. Le has dado una visión tan cotidiana que parece hasta real. En serio, muy bueno
    Un saludo

  3. Muy buen relato.
    Quizás por la referencia a Truman Capote en el chiste a mi me ha recordado hasta cierto punto a sus dos asesinos.
    Salut

    • Micromios, muy bien visto. Sin duda este relato no sería el mismo, sin las lecturas de Truman Capote y sus dos asesinos. También he de reconocer al maestro Hemingway, y su respectivo relato.

      Saludos y gracias :)

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