Cuento de Halloween

Sé que hoy es un día especial para la mayoría de los lectores. El día de todos los santos es la fecha oficial marcada a fuego en el calendario para recordar a las personas que se fueron para no volver. A su vez, ayer día 31, se celebró en todo el mundo Halloween, costumbre típicamente anglosajona que se ha asumido en nuestro país con una naturalidad de vértigo, convirtiéndose en la excusa perfecta para empinar el codo.

Quería regalarles tal día como hoy, una columna que escribió el año pasado en este mismo día, el genial prosista Ignacio Camacho para ABC. Uno de los pocos columnistas de opinión que merece la pena leer hoy en día. Encontraréis en este cuento una profunda reflexión sobre ambas fiestas, y la marcada diferencia generacional que existe a la hora de velar la memoria de nuestros seres queridos. Que la disfruten:

CUENTO DE HALLOWEEN

Al salir para el cementerio echó un vistazo al cuarto de su hijo a través de la puerta abierta. La habitación vacía, la cama intacta aún y por el suelo algunos restos de envoltorio del disfraz de Halloween con el que había salido la víspera. Cerró por fuera mientras su mujer recogía el ramo de flores y le siseó con el dedo en la boca como si temiese despertar al adolescente que aún no había vuelto. Lo prefería así, una mentira piadosa para evitar que ella bajase preocupada por la previsible resaca del muchacho en esa mañana en que a los dos les gustaba recogerse sobre la memoria de los ausentes, sobre el rito íntimo de la lucha contra la soledad y el olvido de la muerte.

Sigue leyendo

Antiguos protocolos

Cormac McCarthy y los hermanos Coen
Los lobos de aquella región venían matando ganado desde hacía tiempo, pero la ignorancia de estos animales era un misterio para ellos. Las vacas que bramaban, sangraban y tropezaban por los prados de montaña con sus pezuñas espatuladas y su confusión, desgañitándose y debatiéndose en los cercados y arrastrando tras ellas estacas y alambres. Los rancheros decían que los lobos trataban el ganado de manera más brutal que a los animales salvajes. Como si las vacas despertaran en ellos cierta cólera. Como si se sintieran vejados por la violación de un viejo orden. De antiguos rituales. De antiguos protocolos.
(En la frontera, Cormac McCarthy)

La verdad

Quería saber cómo se llamaba y qué había hecho y ese tipo de cosas. Al final uno acaba pareciendo tonto. Es un fantasma. Pero está ahí. Parece imposible llegar y desaparecer de esa manera. Espero tener más noticias. Quizás las haya. Quizá no. Es fácil engañarse uno mismo. Decirte lo que quieres oír. Te despiertas por la noche y piensas cosas. Yo ya no estoy seguro de lo que quiero oír. Te dices a ti mismo que este asunto quizá ha terminado. Pero sabes que no es así. Por más que lo desees.

Mi padre siempre me decía que hiciera las cosas lo mejor que supiese y que dijera la verdad. Que nada tranquilizaba tanto como despertarte por la mañana y no tener que  decidir quién eras. Y si has hecho algo mal da la cara y di lo siento y apechuga. No cargues más peso del necesario. Imagino que hoy día todo esto suena muy ingenuo. Incluso a mi me lo parece. Razón de más para reflexionar. Mi padre no hablaba mucho, por eso me acuerdo de lo que decía. Y recuerdo que no tenía mucha paciencia para repetir las cosas dos veces, de modo que aprendí a escucharlas a la primera. Puede que de joven me apartara un poco de todo ello pero cuando volví a ese camino decidí no dejarlo nunca más y así ha sido. Yo creo que la verdad siempre es simple. Y lo es por fuerza. Tiene que ser lo bastante simple para que la entienda un niño. De lo contrario sería demasiado tarde. Cuando la comprendieras ya sería tarde.

Comarc McCarthy

Rock ‘n Rolla

La gente pregunta: ¿qué es un Rock ‘n Rolla? Y yo les digo que no tiene nada que ver con baterías, drogas, ni viajes al hospital, no no. Es mucho más que eso amigo mío. A todos nos gusta la buena vida. A unos les va el dinero, a otros las drogas, a otros el sexo, el glamour o la fama. Pero un Rock ‘n Rolla es diferente. ¿Por qué? Porque un auténtico Rock ‘n Rolla quiere el pack completo….

El luchador

El luchador es rebelde. Es de los que se arrojan en la brega con toda plenitud, y sin medidas de prudencia, respaldados siempre por la nobleza de intención, la conciencia despierta, el irrefrenable impulso de belleza.

Ezequiel Martínez Estrada (Radiografía de la Pampa)

El gran Bertrand Russell

Sir Bertrand Russell

Bertrand Russell es uno de los mejores filósofos del siglo XX y probablemente de la historia de la filosofía universal. Fue un autor muy prolífico, unas setenta obras adornan su carrera ensayística. Este fue en el género que se movió y que le valió el Nobel de Literatura en el año 1950.

Gran activista por los derechos humanos, se apuntó a todo tipo de causas y reivindicaciones contra las dos grandes Guerras Mundiales y la guerra de Vietnam. Tuvo unos cuatro matrimonios y en su momento, creó un gran escándalo social ante sus controvertidas posiciones respecto al matrimonio y el modo de tratar el sexo.

Estuvo encarcelado. Le echaron de universidades por pervertir “supuestamente” a los jóvenes con sus opiniones, pero siempre estuvo al lado de lo que creía justo y verdadero. Además si esto fuera poco, fue uno de los grandes lógicos y matemáticos del siglo XX. Absolutamente un filósofo polifacético, que supo combinar y reflexionar sobre todos los campos de la vida.
Sigue leyendo

Un hombre acostado en el suelo

Hombre acostado en la calle.

El día 1 de julio, a las 13.05 hs. Había un hombre de aproximadamente cincuenta años acostado en la calzada de Copacabana. Yo pasé por su lado, lancé una rápida mirada y continué mi camino en dirección a una barraca donde siempre acostumbro a beber agua de coco.

Como carioca, ya pasé centenares o miles de veces al lado de hombres, mujeres o niños echados en el suelo. Como viajero habitual, ya vi la misma escena en prácticamente todos los países que visité, desde la Suecia hasta Rumania. He visto a personas acostadas en el suelo en todas las estaciones del año: en el invierno cortante de Madrid, Nueva York o París, donde se instalan cerca del aire caliente que sale de las estaciones de metro. En el sol ardiente del Líbano, entre los edificios destruidos por años de guerra. Las personas acostadas en el suelo – borrachas, desabrigadas, cansadas – no constituyen novedad en la vida de nadie.
Sigue leyendo