Otra humilde propuesta

Basado en “Una humilde propuesta” del autor irlandés Jonathan Swift.

Que tiene por objeto evitar que los parados sean una carga para el Estado, ciudadanos  y demás gente de bien; y hacer que redunden en el beneficio del resto de la sociedad. 

I. Introducción

Es propio del buen ciudadano ayudar al gobierno de su nación en época de crisis y convulsiones financieras. Ante las reiteradas quejas del ejecutivo por la falta de ideas efectivas para resolver el drama del paro, me veo en la obligación de aportar ideas que saquen a mi maltrecho país del atolladero en el que se ha metido.

Todo el mundo sabe que el paro es una coqueta dama a la que le gustan los maquillajes, y pese a que desde el gobierno nos digan que anda por el 21%, 22% o 23%; eso significa que andará 3 o 4 puntos por encima. Para redondear –pues no es cuestión de que el presente escrito deprima a las personas de bien, ya que trato de aportar soluciones y no meter más el dedo en la herida– andaremos por el 25%. Es decir, que 1 de cada 4 personas que en España tendría que estar trabajando no lo puede hacer. Sin contar con los jóvenes que encadenan titulaciones, másteres y doctorados como si de cromos se tratase y aparecen en las estadísticas como “ocupados”. En el caso de los jovenzuelos el desempleo ronda el 50%. Es decir, que uno de cada dos que quiere trabajar no puede; y el otro, pues se coloca en Telepizza.

En España hay 47 millones de personas. Aproximadamente, población activa hay unos 23.081.200 millones y de estos están parados el 25%. Es decir, que hay 5.770.300 millones de personas que literalmente sobran y que el Estado no se puede permitir el lujo de mantener y los demás ciudadanos tampoco quieren dicho sea de paso, porque en una sociedad que está en continuo movimiento, alguien que no lo hace es un gran estorbo y todo el mundo se tropieza con él.

Un buen ejemplo es el del banco de peces. Imaginemos que el 25% de los peces de un gran banco oceánico no se mueven, están parados. Eso lastra al otro 75% de los peces que tienen más posibilidades que los tiburones –brokers– se los coman. Así hay que echar a ese 25% para que el otro 75% tenga más posibilidades de prosperar. Pero vayamos más allá y digamos que resulta que los tiburones no eran tiburones, sino que eran un conjunto de peces iguales que los del banco: que se organizan, se ponen un disfraz y practican el canibalismo. Eso sí, culturalmente se jactan de todo lo contrario. El canibalismo está visto como una práctica horrible; el acaparacionismo, más de lo mismo y el esclavismo tiene muy mala fama. Pero que la mitad del mundo se muera de hambre y la otra, de colesterol es el paradigma de la democracia y la herencia de la Ilustración.
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