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Mesa de tahúres

Repitiendo fórmulas de beneficio máximo...

España es un país del que todavía no se sabe cómo va a quedar después del huracán financiero, esto se debe al simple hecho de que todavía estamos en medio. Ahora mismo tenemos el beneficio de la duda. Puede que sí o puede que no, fifty fifty que dirían los ingleses. Mientras tanto el actual gobierno sigue en caída libre. La oposición contempla frotándose las manos como el aeroplano peninsular se precipita al vacío, sin saber que ellos son los copilotos, y que el avión es el mismo para todos, se estrelle o no.

Mientras estos anormales se inflan a bofetadas por ver quién pilota, las personas de a pie vamos en segunda clase y cada vez más asiduamente, unas azafatas un tanto groseras despiden a los viajeros de sus asientos a la cola del avión, también llamada cola del paro. Las familias de segunda al ver tal situación, se aprietan más el cinturón por las turbulencias que hace que la mayoría se cague de miedo. Cada vez más, familiares y allegados recorren el pasillo de los castigados.

Mientras tanto, unas cortinillas hacen de débil frontera entre primera y segunda clase. Allí en la clase business están los del Monopoly. Se diferencian del resto porque estos tienen asientos más cómodos, una azafata buenorra que te cagas –no como la furcia que nos han puesto a los de segunda–, comida que no parece elástomero a medio fabricar y están más cerca de la cabina, del poder.
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Cae abatido

Alcanzo a mirar por la ventana y veo otro tren igual pasar...

Un hombre de cuarentena entró en el vagón del metro. Estatura normal, barba mal afeitada de dos días, chándal de tonalidades grises. Acompañado de una cazadora vaquera extremadamente pequeña, de la que sobresalía la capucha de una sudadera raída, de esas que te pones para correr en invierno. Me fijé en su cara, y en lo oscuras y profundas que eran sus ojeras. Tenía la cabeza mal afeitada y antiguas cicatrices, de esas que solo ves en la gente de vida perra, como los marineros, con la piel muy cuarteada por el mar, la sal y el viento. Se acomodó a mi lado, entre el traqueteo del metro que salía de la estación y se internaba en la incierta oscuridad. Y cuando vio que la parte central se quedaba libre, sus palabras empezaron a bailar:

-Buenos días, me da mucha vergüenza decir esto, pero después de dos años de desempleo y con dos hijas…

Las personas en rededor echaron sus manos al bolsillo en gran número, sobre todo hombres, de la misma edad, con más fortuna que él, pero sabedores de lo que es tener dos bocas que alimentar. La suerte un día puede cambiar, nunca se sabe.

-Si pueden ayudarme –continua- con lo que buenamente puedan, les estaría…

-¡¡Plaf!!

Como un tronco recién serrado cae abatido. Le han dado en el cuello, y de este sale miseria a borbotones. Instintivamente me agacho y conmigo todo el metro, no se sabe quién ha disparado, ni siquiera de dónde viene la bala. El hombre tiene los ojos en el vacío, y yo y otro usuario nos acercamos para retirar el cuerpo cada vez más inerte. Ahí pegado a la puerta, hacemos presión en su herida, pero la miseria es tan grande que es imposible taponarla y pronto todo el vagón se empieza a inundar. Todos flotamos en ella. La miseria empieza a salir por las puertas debido a la presión. Alcanzo a mirar por la ventana y veo otro tren igual pasar a toda velocidad dejando un rastro similar en los raíles. Ya solo me pregunto si llegaremos a la próxima estación…

Summertime

Es tiempo de fornicio, de algarabía joder, de aliviar tensión...

Me despierto con la sensación de haber cambiado de siglo. Así es como cada año me doy cuenta de que ha llegado el verano. Una sensación desagradable, de agobio, de aire enrarecido, de sol que me hace entornar los ojos y calor, mucho calor. Madrid es una olla a presión en medio de un desierto. Me siento como un garbanzo de nuestro castizo cocido. Por ello afeo la conducta a quien osa degustarlo. Odio la gente que come lo mismo independientemente de la época del año, sin saber aprovechar los momentos propicios que da la tierra para degustar sus frutos.

Es en este momento cuando veo que se va a acabar el año, y no en diciembre como debiera ser. Es en estos días cuando me invade la nostalgia de que ya no volveré a ver dos mil nueve, pese a llevar seis meses fuera de él. Podrá deberse quizás a que es cuando acaba el año académico. No sé a quién se le ocurrió la maldita idea de poner la parte más importante del curso en junio. Parece idea de un mono borracho, y tiene el mismo sello de quien creó este mundo. Uno de los tres peores meses para estudiar, con las piscinas abiertas y las mujeres (y hombres) más ligeritos de ropa, mostrando sus cada vez más fofos cuerpos.

Es tiempo de siesta y de pereza. Es tiempo de mandar todo al diablo, y buscarse una sombra donde guarecerse. Es tiempo de fornicio, de algarabía joder, de aliviar tensión. Es tiempo -como decía una amiga- de sentirse sucios, emborracharse y fingir orgasmos. De ser unos malditos cerdos, de dejar de reprimir lo que el jersey de cuello alto no nos deja ver el invierno. Es tiempo de escuchar a Janis Joplin. Es tiempo como dijo James Dean de vivir deprisa y dejar un bonito cadáver. Odio el puto verano joder. Representa todo lo que podemos pero jamás llegaremos a ser…

Se pliega a los gustos de sus opresores, adopta sus opiniones y aspira, al imitarles, a confundirse con ellos...

Ensayo perteneciente al libro La democracia en América de Alexis de Tocqueville, enmarcado todo ello dentro del Pensamiento Norteamericano

Durante el libro se ha hablado sobre los indios y los negros, pero siempre de una manera indirecta, puesto que el trato que a estos se les ha dado no es democrático, y el libro trata de la democracia en América. El espacio que ocupa Norteamérica se extiende desde el Océano Atlántico hasta los mares del Sur. Desde los trópicos hasta los hielos del Norte. (Y lo que quedará por expandirse).

En este espacio tan ancho no pasa como en Europa, que los hombres que hay diseminados parecerían ser de la misma familia. No. En EEUU, hay tres razas profundamente diferenciadas y se podría afirmar que casi enemigas. Su educación, su origen y sobre todo los rasgos externos como el color de la piel, los han hecho estar en la misma tierra, en el mismo espacio, pero cada una con destinos diferentes y con la imposibilidad del mestizaje.

En la jerarquía de razas en EEUU; nos encontramos que en primer lugar está el hombre blanco: conquistador y todopoderoso. Después irá el negro, esclavo del primero, y que de alguna forma obtiene los favores y las migajas del poder. En último lugar estaría el indio. Un ser libre, autóctono del lugar, que se ve abocado a internarse cada vez en tierra más salvajes, huyendo del hombre blanco que al igual que el rey Midas todo lo que toca lo transforma en oro, o en su versión actual: dinero.
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O por lo menos es la mejor canción de la historia para mí. A continuación la letra, que algún día la analizaremos filosóficamente.

Hey hey, my my
Rock and roll can never die
There’s more to the picture
Than meets the eye.
Hey hey, my my.

Out of the blue and into the black
You pay for this, but they give you that
And once you’re gone, you can’t come back
When you’re out of the blue and into the black.

The king is gone but he’s not forgotten
Is this the story of johnny rotten?
It’s better to burn out ’cause rust never sleeps
The king is gone but he’s not forgotten.

Hey hey, my my
Rock and roll can never die
There’s more to the picture
Than meets the eye.

Israel hace de tapón -y de matón-, frente al mundo islámico por esa parte...

Creo que estarán de acuerdo conmigo. El conflicto entre Israel y Palestina es algo que ya dura demasiado. Es un conflicto que ya huele, pero que a los países occidentales nos viene de perlas. Israel hace de tapón -y de matón-, frente al mundo islámico por esa parte. Por eso no ha de extrañarnos que la ONU no lamente lo ocurrido. Lo malo llega cuando a Israel se le va el asunto de las manos como en esta ocasión. Que la hipocresía de este lado del mundo ya no nos vale, porque a Israel no hay quien lo defienda.

Una flota de barcos, llamada “flota libertad”, pretendía llegar a los puertos de gaza con ayuda humanitaria. Esa zona está tajantemente prohibida, pero los activistas la saltaron para romper el bloqueo israelí que se mantiene sobre Gaza -o eso dicen-. Israel insiste en que son ellos los que aportan ayuda humanitaria a los refugiados palestinos, pero aquí cada fulano te cuenta su versión de la historia. Una rebeldía la de los activistas, que no tendría que haber pasado a mayores que la actuación de una policía marítima en todo caso.

Pero lo que ocurrió no fue eso, sino que en estos momentos hay una decena de muertos puestos sobre el tapete de Israel, tras una intervención exagerada del ejército, matando a civiles en aguas internacionales. El gobierno Israelí se excusa diciendo que fueron agredidos, y casi casi que fue en defensa propia.

Este no dejará de ser otro episodio más, entre un conflicto largo y cruel. Entre Israel que es un matón y Palestina que no se queda atrás. Entre medias, inocentes civiles de ambos bandos que nada tienen que ver y que son los que pagan los platos rotos. Y por detrás de todos ellos, está Occidente, alentando la pelea de gallos, para ver quien muere primero.

Belleza

Mariposa de los Pirineos

Igual de bonita que una mujer… igual de enigmáticos sus colores… La foto la hice con una cámara compacta en el sistema pirenaico. Un regalo de la naturaleza…

Argentina era el granero de Europa...


Hoy me ha llegado oficialmente el carnet de la universidad. Les recuerdo que estamos en mayo. Lo pedí antes de semana santa. Entre mi dejadez y la del funcionario solo lo podré usar un mes. Hasta entonces usaba el DNI para coger libros. Y el bibliotecario me miraba de igual modo que los puertas de una discoteca, con la ventaja de que aquí visto como me sale de los huevos y no hay derecho de admisión (de momento).

Un amigo mío me ha dicho que lo pedirá mañana en vistas del curso que viene. Le he dicho que de igual modo yo empezaré a estudiar mañana, también con vistas al curso que viene. Mientras tanto en la universidad me asalta el siguiente pensamiento:

Max Weber se opuso radicalmente a que Alemania comprara trigo Argentino. Alemania lo necesitaba, y a los políticos se les ocurrió la idea de comprarlo a un país en el que susodicha materia abundaba. Pero Weber se dio cuenta demostrando su agudo ingenio que cuando compras algo a alguien, no solo compras el susodicho producto sino que también compras la manera en que se ha hecho, lo que han pagado al agricultor etc.

Argentina era el granero de Europa y su población pasaba hambre. Weber no quería seguir financiando a los caciques cabrones que vivían en la opulencia gracias a la semiesclavitud del resto del país. Además se importa de alguna forma el mismo modelo al país comprador. Me pregunto en qué país subdesarrollado se ha ensamblado el ordenador desde el que tecleo contra esa injusticia. Hoy he caído en la cuenta de que no llegaré a la altura de Weber. Ya sabemos el por qué.

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