Entradas etiquetadas ‘2007’
Carencia Numérica
Cuando sacas malas notas, el índice de probabilidades de caer bien a tus padres se reduce a cero.
-Pero, si son solo dos asignaturas -comentas angustiado-, yo no tengo la culpa de que el “profesor” no me enseñe a estudiar su asignatura, no fomente en mí el deseo de saber más, y me comente su mísera vida y que se esté continuamente quejando de la falta de silencio y de autoridad que demuestra. Personas así solo hacen que se me corte el apetito. Yo no tengo la culpa de que no sea vocacional.
-Me da igual lo que digas tú y tus excusas. Si es que no estudias, no haces nada, ya te arrepentirás, estas tirando tu futuro por la borda-me comentan mientras pienso en que fue exactamente lo que ellos hicieron, o no hicieron pero estuvieron a punto- como sigas así todo el mundo te va a pisotear. Tú quieres ser como esos mileuristas que ganan poco y trabajan como esclavos, acaso quieres ser un perdedor, un fracasado, trabajar en la obra todo el día, ¿de verdad lo quieres? -La verdad es que yo quise siempre ser niño de Candeal para bailar todo el día-.
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No se puede comer
“Sólo después de que el último árbol sea cortado, sólo después de que el último río sea contaminado, sólo después de que se pesque el último pez, sólo entonces descubrirás que el dinero no se puede comer.”
Profecía India

Estamos sentados en nuestros sofás, tranquilamente, viendo como se destruye el mundo. Parece que nos han cerrado la boca con una cinta adhesiva invisible, que nos impide quejarnos de la realidad. Llevo varios días, por no decir semanas, dándole vueltas al asunto. Revisando folletines de historia, acudiendo a libros, a explicaciones. Pero todavía no entiendo como nosotros, la humanidad, hemos llegado a esta situación, triste y lamentable. Me da vergüenza, hastío, ver que la mitad del mundo muere de colesterol y la otra mitad de hambre. Me produce repugnancia que siendo y lo entrecomillo porque no estoy seguro “personas”, estemos matando a Gea (la Tierra) que tanto nos ha dado, sin pedir nada a cambio y todo esto ¿por qué? Me pregunto. Por el dinero, por un mísero puñado de billetes y monedas, ¿son tan valiosos? decid me la verdad, quizás sea cosa mía pero no lo comprendo. Le tengo odio, más bien pánico, y cada vez me alejo más de él. Me distancio como el amor no correspondido y miserable.
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Sonreí
El sonido de mi voz estremecía lo poco quedaba de racional en mi. Tras varios días sin dormir, fiestas, películas, etc. Lo único que pude sacar en claro es que el alcohol recorría mis venas. Como si corrieran por ser las primeras en despertar sentimientos atrapados por la sociedad, cultura, religión y el poco respeto que guardo a los que aman más su cuenta corriente que a su propia vida. Los neohumanos, unidimensionales provocadas por carteles de publicidad barata.
Ella con las pupilas dilatadas se encontraba frente a mí, rezando para que no dijera lo que iba a decir:
Te amo.
Sonó muy secó, casi surrealista. Me imagine la cara de gilipollas que seguro entornaban mis rasgos. La luna iluminaba nuestros ojos, cansados y rotos. Yo pali deciente, la acaricie el rostro esperando inútil, que sus ojos dieran indicios de aceptación. Los dieron, pero se negaba. No era por mi lo sabía. Había alguien más. Si no, no me hubiera agarrado del brazo, ni mirado de aquella forma. Las mujeres nobles, tienen el don de dejar que se acerquen, los que ellas quieren que se acerquen. En mi caso fue así. Pregunté el porqué, caprichoso, idiota, juvenil. Cegado por su tersa piel y creciente deseo de desear ver el mundo juntos.
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Cuando estas arriba
Cuando estas arriba nada importa, absolutamente nada. No importa tu situación económica, tu opinión política, que seas superdotado o que tu coche valga más que tu mísera vida. Ya saben a lo que me refiero, a la escalada. Cuando estoy arriba, soy verdaderamente yo. Y soy feliz. Muy poca gente puede afirmar haberse sentido alguna vez así. Aunque todavía sea un novato en este deporte, su inmensa sensación me sobrecoge. Las razones son sencillas. Allí arriba, no eres nadie. Dejas de sentirte que dominas todo, que tienes todo controlado. Al revés, la montaña o la pared te dominan a ti, en cuanto quieran pueden quitarte la vida. El ego se queda abajo, esperando a alguien que tal vez no vuelva. Allí arriba solo puede subir tu verdadero yo, tu seguridad proviene de la confianza que tengas en ti mismo y de la capacidad de controlar tus nervios. Sabes que como falles, nadie acudirá a socorrerte, nadie te ayudará. Todo se limita a ti y la montaña. Tú enemigo y amigo unidos en un relieve de magnífica belleza. Es una lucha de honor y de honra. Frente a frente, la montaña y tú, tú y la montaña.
Cuando tu vida pende de una cuerda comprendes todo. Todo lo que hasta hace un momento te preocupaba, pasa a ser una mera tontería. Es un poco como luchar contra la muerte que sabes que encontraras si das un paso en falso, o si te confías. Mucha gente te llama loco, o suelta tamaña gilipollez del tipo, ¿para que subes? Si luego vas a tener que bajar. A lo que respondo: ¿para qué vives? Si luego vas a tener que morir.
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La fragilidad de la vida
La primera vez que comprendí la fragilidad de la vida fue cuando cate el sabor de mi propia sangre. Cuando derrotado y con la cabeza dándome vueltas, agarré arena del suelo con mis manos, en las cuales resbalaban gotas de sangre y la lance a los ojos de mi contrincante. Acto seguido le hundí un puñetazo en la cara. Hasta ese momento me creía intocable, eterno. Pensaba que nada ni nadie podrían destruirme, que mi virgen rostro de inocente niño sería siempre inmaculado. Tras la primera cicatriz, mi realidad cambio y le tuve más aprecio a la vida, sabiendo que de un momento a otro, podría perecer y morir derrotado.
A mí me ocurrió de esta forma, a otra gente con una enfermedad, una pérdida, etc. Y es que hasta que no tienes algún percance grave en tu vida, no te das cuenta de lo que hasta ese momento tienes y has pensado que siempre estará ahí. También ocurrirá con la juventud. En cuánto me de la vuelta, tendré canas, estaré viejo y no seré útil para esta sociedad basura. Entonces para cuando llegue el momento juró ante Dios que mi pulso será firme y el gatillo sonoro. No pienso quedarme a ver como mis extremidades se atrofian, mis dientes se caen y me cago encima.
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Los niños
Una de mis razones principales para odiar a la humanidad es la mierda que nos venden de pequeños. No me refiero a lo material, que también. Pero este campo lo doy ya por perdido. Me refiero a lo espiritual Ya nada más nacer nos frustran. No las multinacionales, sino los padres. Son los que más nos quieren, pero ya desde el primer día, ponen todas sus esperanzas, frustraciones y situaciones no vividas, que quieren que realicemos. Todos los niños si les preguntas que quieren ser, te dirán: ingeniero, médico, futbolista… La sociedad nos hace pensar que seremos millonarios, estrellas del rock, que tendremos un coche que te cagas y una televisión aun mayor. Todos estos niños, son niños envenenados. Yo lo fui, probablemente ustedes también. Y cada vez que me doy cuenta de que no seré nada de esto, me frustro aún más. Me siento engañado. Jodido. ¿Por qué me han creado la necesidad de algo que no conseguiré?
Nos venden la moto de que con el dinero seremos felices. Que le follen al dinero, no recuerdo ningún momento en el que me haya hecho feliz, ni uno solo. Lo odio.
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Mi Vida
El despertador hace que me dé un vuelco el corazón y me siento el ser más desdichado de la tierra. Son las siete. Dando tumbos por el pasillo todavía debilitado por la acometida de la maldita máquina temporal con su infernal sonido, me dirijo a la ducha. Abro el grifo. ¡Joder! Blasfemó con los dientes apretados, el chorro de agua fría no da tregua y tengo que hacer un rápido giro de muñeca, antes que los nervios de mi dermis salten de mi piel. Sale agua caliente y abrasadora, vuelvo a blasfemar. ¡Cerrad el grifo! Chillo a mi familia, que en el acto se da cuenta de que han abierto el grifo en el momento equivocado. Salgo de la ducha y me miro al espejo, ¡rediós! Estoy hecho un asco. Bienvenido a la realidad. Salgo cabreado de la ducha. Me visto, pongo jazz. Por fin el saxo de Charlie Parker me alegra el día. Son las siete y media. El autobús no viene. Voy a llegar tarde. Joder. Al final llegó por los pelos. Veo a la misma gente de siempre. El edificio tiene barras altas. Parece una cárcel. La atravieso. Doy muchas cosas variadas, pero carecen de calidad, son absurdas y banales. Me paso dentro de la cárcel entre ocho y nueve jodidas horas. Rediós, después de la libertad, prisas para coger otra vez el autobús. Otra vez llega tarde. A tomar por el culo el transporte público. Me voy andando, todavía que puedo. Consecuencia he llegado aún más tarde. Sabes que, me la suda. La comida esta en el plato. Como, de tanta hambre que tengo, como deprisa. Me sienta como un tiro. Si la vida te va mal toma café con aspirina, también sirve para las borracheras. Sigo mi propio ejemplo. Cojo la mochila. Voy a estudiar. Abro los putos libros. Me importa un cojón. Pero algo tengo que hacer, estudio. Estoy contento de aprovechar el tiempo basura. Vuelvo a mi casa, son entre las siete y las ocho de la tarde. Exactamente cuando me levanté. Vuelvo a Blasfemar. Mi mochila pesa demasiado y me deja los hombros destrozados. Me tomo la cena. Toca pescado, vuelvo a blasfemar. Toda mi familia está viendo la puta televisión, en este momento me cisco en la madre de los que inventaron esa máquina. Voy al baño. Hecho una larga meada. Tiro de la cadena. Comparo mi vida con mis desechos. Es exactamente lo que estoy haciendo, tirar mi vida por el retrete. Vuelvo a blasfemar.
Rincón de un escritor es un weblog inspirado en mi vida diaria y lecturas. En el encontraras artículos y columnas, de diversos temas literarios y filosóficos.