Rincón de un escritor

Asesino a sueldo de palabras.

Entradas etiquetadas ‘2008

Los veintegenarios

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Yo me encontraba sentado en un pupitre deseando que alguien acabara con mi vida. En la clase solo había tíos y tías falsísimos copiando apuntes como puñeteros robots y asintiendo cada vez que la profesora les miraba:

-La resolución de este tipo de ecuaciones puede hacerse por tres métodos distintos: reducción, igualación y por Gauss.

Todos asentían.

-¿Y para qué cojones quiero yo saber tres métodos? -dije sin saber por qué.

-¿Decías algo Capa? -preguntó la profesora. Como si no me hubiera oído.

-Nada, nada…
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Escrito por Raúl Retana

30 agosto 2008 a 11:46

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Turismo maldito

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Ocurrió este verano. Andaba yo tras la ascensión del Monte Perdido cuando me equivoqué de autobús. Cogí el turístico en vez del de montañeros. Al principio no me di cuenta. Pero cuando vi entrando por la puerta del hotel en que desayunaba a un fulano con polo, gafas de sol, pantalones por las rodillas y chanclas de dedo casi me da un pasmo.

El  error había sido mío de equivocarme de autobús, pero el tío este también iba a subir a la montaña. Repito montaña. Y por lo que se ve no le tenía ningún respeto. Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue la parienta. Que subió la escalinata del hotel y llegó sofocada y va la tía y se echa un piti, muy agobiada y se pone a hablar por el móvil. Manda huevos.

Esta actitud ante la vida y los sitios me jode que quieren que les diga.  Luego pasan los accidentes viene una tormenta y ves a estos pobres gilipollas llamando como locos al uno, uno, dos, diciendo que hay una tormenta y que vengan a recogerles en helicóptero. A lo que los de la centralita se parten el culo y les dicen que se jodan y que la montaña es así. Y al pan pan y al vino vino.
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Escrito por Raúl Retana

24 agosto 2008 a 05:00

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Los amados de los dioses mueren jóvenes

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Ya lo decían los griegos, hay que morir joven. Aunque ahora eso de joven es relativo. Hay gente que muere joven solo para hacerse mito y pasar a la posteridad. Hay gente que muere joven y ni se ha dado cuenta. Y hay gente que le gusta irse de los lugares cuando todavía tiene la cabeza bien alta. De estos últimos quería hablarles.

El dos de julio de 1961 Hemingway agarra una escopeta y se pega un tiro en la cabeza. ¿Qué? Si señores y añadiría yo, con dos cojones. Y me puse a pensar como un tipo que vivió con una veintena de años la primera guerra mundial, que luego se fue de voluntario a nuestra guerra civil española y que acabó sus andanzas en la segunda guerra mundial, cómo un tipo que escribió una infinidad de libros y cuentos, que fue premio nobel y ganó el pulitzer, cómo un tipo así, con sesenta y un años tuvo las agallas de pegarse un tiro en la cabeza. Sin temor a dejar algo mal atado en la tierra y con más recuerdos que ilusiones.

El caso es que a Hemingway le detectaron una semana antes de su muerte alzheimer y ante la que se le avecinaba dijo adiós por la puerta grande. Como un señor. A la que cuento esto alguno me salta con eso de: suicidarse es de cobardes. No, señor mío. Lo que es de cobardes es aferrarse a la vida. Agarrarse a un clavo ardiendo aunque te quemes las manos. Aferrarte a lo pasajero.
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Escrito por Raúl Retana

16 agosto 2008 a 08:00

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Mis inicios como lector

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No recuerdo exactamente mi edad, pero debía de andar entre los diez o doce, fue mi primer libro de verdad. Todavía le tengo aquí a mi lado. Se titulaba El Club Dumas de Arturo Pérez-Reverte y entre otras cosas aparte de ser mi libro insignia me ayudó a descubrir a Alejandro Dumas desde un punto de vista que nadie ha conseguido hasta el momento.

No es que fuera el primer libro que había leído en vida, sino que fue el primero que me marcó muy profundamente. A mí antes de ese momento no me gustaba leer, lo aborrecía. Para mí era un ejercicio aburrido exento de valor. Recuerdo las angustiosas tardes de verano en las que mi madre me marcaba páginas que debía leer en un día. Se me hacían interminables. No soportaba esos libros del Barco de Vapor y sus puñeteras historias de mundos felices y  que guay es todo.

Eran historias que para mí no valían nada -en cuestión de gustos ya se sabe- y que además me privaban de libertad ya que hasta que no hubiera leído la asquerosa historia pastel, no podía hacer lo que quisiera. Como acaba pasando con todo lo que te imponen, le acabé cogiendo asco. Hasta me leí Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain y tardé más de dos meses. Todavía me parece increíble. El final fue positivo; ni me gusto, ni me disgustó.
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Escrito por Raúl Retana

11 agosto 2008 a 11:37

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Municipales bocabajo

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Lo tengo que contar. Hoy me ha pasado una de esas cosas totalmente surrealistas que solo aparecen en el cine. Todo ha pasado a cámara lenta. Todo parecía una gran broma del destino. Todas las tragedias lo parecen, pero no se confundan, yo estoy bien. Lo suyo sería preguntar al cuerpo de policía municipal. Estos hoy han estado cerca de darle una moneda a Caronte.

La mañana era tranquila y angustiosa; de verano. Era aire no se movía una brizna y la vida estaba empeñada en que muriese en casa de aburrimiento, así que me bajé un rato a la biblioteca; a husmear, leer un rato, y dar el coñazo al segurata de la puerta. Todo fue normal.

La biblioteca para ser agosto estaba extrañamente vacía. Solo había dos tipos, una tipa y el que secunda. Yo estaba navegando entre los estantes buscando una rara pieza entre este mundo de best-sellers, un libro famoso antes, de culto ahora. Así trata la historia a los grandes libros, lo bueno es que nunca terminan de morir del todo. Algún día lo enseñaran en las escuelas y los chicos lo aborrecerán. No entiendo porque se obliga a las masas a leer. No tendría que ser obligatorio, sino voluntario. Leer es un lujo, no una obligación.
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Escrito por Raúl Retana

7 agosto 2008 a 15:05

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El puente de los suicidas

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La ciudad con su interminable humareda oscurece los corazones. Desde aquí todo se ve enorme. Distante. En el puente de los suicidas no hay lugar para bromas. Su enclave es majestuoso, de frente se ve la Catedral de la Almudena. Y ahí estoy yo contemplando sus mamparas. Me rió entredientes y estoy seguro que este mundo es el infierno. Hasta le ponen barreras y fronteras a la muerte. Hasta intentan que te quedes en este jodido mundo, con esta perra vida, para que seas productivo. Paga, trabaja y cierra la boca. Así es este jodido mundo, dentro de poco hasta elegir la muerte se pagará con dinero. Todo el mundo tiene su precio, hasta Dios lo tiene.

El paisaje es lo que único que en estos instantes me mantiene aferrado a la vida. La puesta de sol ilumina toda la Casa de Campo, y hace que todo sea bello, muy bello. Y pienso que hasta en medio de toda esta mierda brilla un poco la luz. Pienso en las personas que me quieren. Pienso en las personas que quiero y todo se reduce a uno. Miento. Una en este caso. Y me pongo triste. Cada vez que la recuerdo me pongo triste. Es demasiado buena para este mundo. Cuando vives demasiado todo se vuelve muy triste, todo lo que parecía importante deja de serlo.
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Escrito por Raúl Retana

19 julio 2008 a 22:59

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Historia de un árbol que se muere

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Esta es la historia de un árbol que se muere. La historia de un sauce florido, la de un sauce llorón. El sauce era el centro de la vida. En él vivían toda clase de animales, entre ellos: los pájaros, los gusanos, las termitas, los pulgones y los caracoles. Durante miles de años, el árbol fue creciendo y creciendo, y con él toda la fauna que llevaba alrededor. Cuanto más pasaban los años más aumentaba el tronco, y parecía que ese árbol iba a ser eterno, y que jamás iba a morir.

La convivencia entre la fauna era pacífica. Todos los animales vivían y dejaban vivir. Los gusanos al llegar la linda primavera se convertían en mariposas y echaban a volar. Los pulgones bajaban de la seguridad del árbol y colaboraban con algunas hormigas de otros árboles para conseguir su preciado azúcar. Los pájaros habían dejado de comer insectos, ya que en el bosque donde vivían abundaba la fruta. Y las termitas, las termitas eran los seres más vulnerables pero los más ingeniosos y hábiles. Antes de formar colonias cada una vivía por su lado, pero un buen día descubrieron que formando una colonia, como si fueran uno solo, si se repartían las tareas y se jerarquizaban podían lograr cosas muy grandes e inimaginables.
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Escrito por Raúl Retana

10 julio 2008 a 22:22

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