Caminante, no hay camino

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Desde siempre intensamente, o al menos eso pensaba yo. Caminando me he dado cuenta, que mi vida siempre estaba regida por el materialismo. Mis únicos objetivos en la vida han sido: sacar buenas notas, tener muchas cosas, contentar a mis padres, caer bien, etc. Me acuerdo que cuando era pequeño y todavía creía en
los Reyes Magos, mi alma siempre quería poseer muchos y grandes regalos. Entonces ya dije que era superficial y media los regalos por su volumen y no por si contenido, cuanto más regalos y más grandes fueran, más feliz era yo. Puede que fuera pequeño, pero os aseguro que podía entender el valor de las cosas. En realidad todos lo entendíamos, quizás nos hiciéramos un poco los tontos ya que conseguíamos lo que nos proponíamos. Poco a poco te das cuenta de lo superficial y lo interesada que es la gente, les envuelve y atrapa, como la niebla espesa que no deja ver más allá de tus pies. A medida que el tiempo pasa, me voy sintiendo como un cirujano operando a corazón abierto con una llave inglesa, impotente, torpe, sabiendo que no hay nada por hacer. Me siento infeliz, triste y desdichado. Tengo todo lo que quiero y nada me llena. Las personas fallan, faltan a sus promesas, no tienen honor, justicia, dignidad. Todo esta corrompido y asqueado. Gea se muere ahogada en nuestros humos. Los animales se extinguen, los chips nos sustituyen, las empresas nos controlan, el amor ya no enamora. Todo está sometido a cánones de belleza, superficiales e injustos. Sin más dramatismos casi todo es una mierda. Sin duda es la mejor época que ha vivido el hombre respecto a la ciencia, medicina, avances científicos, calidad de vida, etc. Pero posiblemente sea la peor respecto a sentimientos y bienestar. Hemos pagado un precio demasiado al querer tanto lujo y comodidades superfluas. No quiero convencerte, respeto tus creencias, pero mi mente ahora es libre .

Los Vencejos revoloteaban por encima de su cabeza, estaba sentado en un banco de madera. Los rayos anaranjados del atardecer hacían aparecer lágrimas en sus ojos. Era la primera cosa hermosa que había visto desde hace una semana. Sentía tanta felicidad que se había olvidado por completo de todos los regalos sin abrir que había en su cuarto. Si, hoy era su cumpleaños. Repentinamente, el cielo se oscureció y se sintió qué volvía al mundo. Antes de irse, pensó en que no abriría sus regalos, este caminante no quería seguir caminando.

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