El hambre de Nihida

Nihida tiene 68 años, es mendigo. Todos los días se levanta a las cinco de la mañana para ir a trabar en el país del Sol Naciente. Su oficio consiste en ir por las calles de Osaka buscando entre las bolsas de basura, latas de aluminio. Su única posesión, una bicicleta, que amueblada correctamente le ayuda a transportar el aluminio. Su bicicleta solo alberga dos cosas destacables, la primera es una pequeña nevera donde guarda la ropa, y la segunda un pequeño oso panda de peluche traedor de suerte. Su aspecto es aseado y limpio a pesar de ser indigente. Nihida tiene barba recta y sin fisuras, ojeras debajo de los ojos rasgados, y una tez morena y salina de vivir a la intemperie. Su trabajo tiene que ser rápido y conciso, cual mercenario, antes de que se levanten los estresados nipones, él va acumulando bolsas y bolsas de aluminio en su bici, que las va separando en la recogida por el tacto, o el tintineo imposible de aludir después de todos sus años de trabajo. Nihida no trabaja para un gran multinacional, el aluminio lo vende a una empresa de reciclaje en las afueras de Osaka. Por cada kilogramo de aluminio que recoge le pagan un euro y medio, hoy ha conseguido cinco kilogramos, así que tiene unos ocho euros, con esto es complicado subsistir cuando vives en uno de los países más caros del mundo.

Pero Nihida se siente optimista, asegura que con ese dinero tiene para unas dos comidas. Es lo que tiene vivir al día a día, afirma. Aun así tiene suerte, ya que de vez en cuando se puede permitir el lujo de un traguito de Sake. Lo malo es que cuando bebe empieza a recordar la razón de su situación, y es que en los años noventa tras el espectacular crecimiento económico japonés, a muchos obreros les echaron a la calle, y en Japón es muy difícil encontrar un segundo trabajo, también le da vergüenza volver junto a su familia, es una deshonra. Quizás Nihida os de pena, pero no os apiadéis de un hombre feliz, porque en las horas libres nuestro protagonista se va una biblioteca pública a leer. Lo que la mayoría de la gente no puede hacer en Japón debido al estrés, falta de tiempo etc. Nihida lo puede hacer y se siente afortunado, con sus grandes gafas de montura negra empieza a devorar libros y libros. En la actualidad el gobierno Nipón, da la espalda a los sin techo, son invisibles en la sociedad más avanzada del mundo. Nihida no tiene hambre de sabores, él quiere saborear letras y colores.

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