Una copa de Bourbon

18 de Marzo, Madrid
La melodía me ponía triste. Como esos días medio nublados medio soleados en los que el Sol entra y se va de la ventana a su antojo y voluntad. Como cuando tienes la sensación de tirar cada segundo de tu vida a la basura, cuando la principal meta en tu vida es llegar a mañana para que la línea entre la vida y la muerte se estreche cada vez más rápido. Me levante rápido de mi escritorio, tenía desde hace rato un amargo sabor en la boca y necesitaba un trago. Fui al minibar donde guardaba las bebidas, cogí una botella de Bourbon sin encentar y un gran vaso con detalles geométricos. Saque algunas pastillas de la caja de aspirinas y las puse debajo del vaso y comencé a machacarlas con movimiento firme y rítmico. Cuando convertí las pastillas en polvo las metí meticulosamente en el vaso, como quién recoge las migas sobrantes de una mesa. Vertí cinco dedos del preciado whiskey y lo agité al contraluz. Bebí rápido y sin contemplaciones para evitar el sentido del gusto. El efecto no era inmediato pero era un cóctel muy potente, y en diez minutos estaría algo más que borracho. Sus efectos no tardaron en aparecer, pero el teléfono rompió el silencio de la estancia.

-Ring, Ring, Ring…
– Si, contesté intentando disimular los efectos.
-¿Tienes miedo a morir?, preguntó una voz fría como el hielo al otro lado de la línea.
-¿Qué?, oiga ¿quién coño es usted?- respondí bruscamente.
-¿Tienes miedo a morir?, repitió la pregunta, con aparente serenidad.
– Pues la verdad es que no, ¿por qué?
– Porque dentro de una semana vas a morir, contesto la voz igual de fría.
– No me diga, eres un asesino psicópata ¿o qué?- respondí irónicamente.
– No, pero tú ya has perdido el sabor de la vida, tan joven y te resignas a vivir. No eres feliz en este mundo lleno de maldad y dolor, sabes que nunca vas a estar con la persona que amas y por eso ya estás muerto, solo me voy a llevar a tu inútil cuerpo, es prescindible.
– Se que tienes razón y no me opongo. Pero ¿podía haber sido diferente?
– Si, pero tú lo quisiste así y tienes que ser consecuente con tus actos. Escribir prosa y verso en papel te esta volviendo loco y aún así lo sigues haciendo, vas a tener el mismo final que los escritores románticos.
– Entonces, ¿me voy a suicidar?- pregunté con desencanto.
– Eso es.
-¿Cómo?
– Cuando llegue el momento lo sabrás… y colgó
25 de Marzo, Nueva York
No me tome muy en serio la llamada. Ese día estaba algo más que borracho, estaba demasiado triste pero por si acaso me tome unas vacaciones a una ciudad que me habían recomendado. La visita turística en Nueva York había sido mejor de lo que había planeado. Esos edificios esas plazas, ese gran pulmón verde en medio de la ciudad llamado Central Park. Había sido un día formidable. Cuando entre en la habitación ya un poco cansado del hotel, noté que alguien había entrado y encima de la cama había una pistola con un pos-it que contenía un beso con forma de pintalabios de color carmín. Debajo había una nota que rezaba: Recuérdalo…
Entonces me vino otra vez la conversación a la cabeza y pedí a Dios que el susurro del disparo no despertase a los vecinos del hotel…

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