Picaresca y la madre que nos parió

Hay que pena me da esta sociedad española llena de picaros, bandoleros y gallos de pelea que a la hora de la verdad se convierten en gallinas. Cuanto hideputa suelto, cuanto mamarracho y cuanto bobalicón. Bueno ahora me toca decir que hay excepciones como en todos lados.

Desde la antigua literatura el españolito de a pie se ha caracterizado por lo que los estudiosos han denominado “pícaro o picaresca”. Originalmente y como demuestran los libros del tipo Lazarillo de Tormes, referencia donde las haya, el pícaro era un personaje no querido por el azar, destino, Dios o como queramos llamarlo, que nacido en lo más bajo de la sociedad quiere subir de puesto, aspirar a una mejor vida y no quedarse en lo marginal. Para ello recurre a situaciones, acciones y trapicheos ilícitos pero ya lo dijo Dios. “no sólo de pan vive el hombre”.

Aparte en su defensa podemos decir que el hambre agudiza el ingenio y agudiza los sentidos. Bueno pues de un hecho totalmente normal, nosotros los llamados españoles hemos hecho una característica que lejos de arrepentirnos, nos enorgullece. Nos sentimos muy machotes y machotas con nuestros andares españoles, con nuestra mala hostia típica, con nuestra soberbia y prepotencia. Estamos tan sumidos en nuestro papel de pícaros que hasta los que nos gobiernan y tienen para comer son más chorizos que nosotros.

Cuando salimos al extranjero nos damos cuenta de nuestra ignorancia pero da igual nosotros vamos fuera de España sin tener ni puta idea de idiomas o costumbres extranjeras. Es más, salimos y se nota el desmesurado tono de voz con el que hablamos aquí y cuando nos chistan nos indignamos, nos cabreamos y armamos un lío de tres pares de narices, cuando nosotros somos los responsables de tamaña falta de respeto para los que están a nuestro alrededor.

La solución es evolucionar desde el interior, quitarnos la pesada carga de la picaresca y convertirnos de una vez en dignos merecedores de nuestra cultura. Tan rica, tan variada. Somos descendientes de Hispanos, Árabes, Visigodos, etc. y no lo aprovechamos, en vez de eso nos dedicamos a hacer el vago y a ser unos tramposos.

¡Pues no! Basta ya de ser lo hijos malditos de la historia.

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