Ser lo que soy

Estoy bastante disgustado con este tema y vengo a dejarlo claro, como procuro hacerlo cuando algo me quema. Por escrito, que quede en acta. En esta ocasión va dirigida a los educadores, padres, abuelos, tíos y toda esa gente a la que llamamos familia. También a todo el que se sienta identificado, claro está.

Estoy harto de ser la masa moldeable de los fracasos de una juventud mal vivida. Estoy harto de que me digan lo que tengo o debo ser. Ellos que ni siquiera saben quienes son, ¿acaso nosotros lo sabemos? , creo que no. Y me pregunto yo, ¿por qué según ellos debo ser un borrego que obedece a un lobo?. Un número más en la masa, un ciudadano. Tener que trabajar para levantar esta sociedad kamikaze, suicida. Tener que cavar mi tumba intelectual, para que después un general sin agallas me fusile por pertenecer a un bando u otro.

Porque la gente de verdad que no es competitiva, ni banal, ni superficial y su única ilusión en la vida es vivirla, tiene que sufrir tanto. Pues yo estoy dispuesto a ser lo que soy, a descubrir mi Dios interior y dejarme de tonterías del cielo, síndrome post mortem y demás gilipolleces relacionadas con el futuro. Luego llega la lumbrera de turno que se dedica todo el día a criticar y a decir lo que tiene que hacer al prójimo y te pregunta: ¿por qué mi vida es una mierda? Muy fácil, es que no estás vivo. Muerto en vida. Laguna intelectual y tú sin flotador, con dos cojones, como buen español.

Observas después de todo esto su patética vida interior, en cuanto algo se les escapa de las manos o se sale de lo normal, lloran y patalean. También a los inútiles les da por “competir”. Si, vocablo que aborrezco. No tanto por su melodía sino más por su significado y cito literalmente de la RAE: “Dicho de una cosa: Igualar a otra análoga, en la perfección o en las propiedades.” Pues nada, sólo decirles que el sabio no compite, no necesita el estúpido gusto y morbo superficial de sentirse superior a una igual. Valga mi contradicción. He dicho.

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5 pensamientos en “Ser lo que soy

  1. jeje, pues es verdad que tú también tienes una entrada dedicada a estas leyes tan absurdas! A mí la que más me ha chocado con diferencia es la de decapitar a aquellos que se masturben… cómo era aquello de que tire la primera piedra…? jeje.

    por cierto, ya te tengo ‘linkao’, con icono y todo… seguro que te resulta familiar 😉

  2. ¿Eres columnista del Diario de Granada? Me acabas de sorprender.

    Estoy de acuerdo contigo en lo de ser un borrego de la sociedad. ¿Por qué ser un borrego, cuando puedes ser el lobo? Así nos va a España y, extendiendo esta afirmación, así va el mundo.

    Me han gustado tus reflexiones, porque son las mismas que me pasan, a veces, por la cabeza. Pero, estamos inmersos en una sociedad que está sumida en una espiral autodestructiva, permitida por los miles de borregos que somos (incluídos TODOS, que William Wallace es un personaje de película).

    No estamos sumidos en un yugo de madera, ni bajo los azotes de un látigo, ni bajo el arma de unos soldados, sino que estamos encerrados en una cárcel intelectual, más asfixiante y agobiante que cualquier celda penitenciaria.

    Un saludo y yo también he dicho.

  3. Hola Raul. He leido tu articulo y me ha parecido muy interesante. Tanto asi que me gustaria hacer una referencia de el en mi blog.
    ¿Me permites este baile?
    Saludos

  4. Hola Juliette, en primer lugar déjame darte las gracias por comentar y hacer una pregunta tan valiente. Bien lo que tú me preguntas es:
    ¿Cómo funda el ‘sabio’ su derecho a criticar al crítico, tildando de patética la vida ajena? ¿No recae entonces en el mismo error, volviéndose lo que desdeña?

    Tu pregunta solo tiene un fallo mas creo que es mío. No he explicado que es un sabio (bajo mi punto de vista claro esta). Un sabio es todo y nada. Es persona y espíritu. No habla si no tiene nada que decir (El que habla no sabe, el que sabe no habla) Entonces bajo este punto de vista, el sabio no critica al critico. El sabio no tilda de patética una vida. Él si se equivoca, lo admite. Si se cae siete veces, se levanta ocho. El sabio es sabio y ni siquiera se preocupa de serlo. Simplemente lo es.

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