Ser Diógenes

En la Grecia antigua existía un filósofo griego llamado Diógenes. Alejandro Magno por esas fechas ya tenía, ansías de poder, competición obsesiva. Todas ellas habían hecho de él un prisionero del ego.

Mucha gente habrá pensado la sensación que produce dominar mundo, controlar todo. Bien, pues de Alejandro sencillamente se puede deducir que fue uno de las personas más infelices del mundo. Alejandro siempre había oído hablar de la grandeza del gran filósofo Diógenes el Cínico y ya que pasaba por la ciudad (Corintio) en la que se encontraba él en ese momento, decidió hacerle una visita. Diógenes no tenía ropa, iba desnudo. Sólo tenía un platillo o cuenco para recoger las limosnas. En uno de esos días Diógenes fue a la orilla de un río pues tenía calor y sed. En esto que vio a un perro que estaba en idéntica situación a la suya pero este en vez de guardar el platillo para que no se lo robaran, se tiró al agua y bebió, se refresco todo lo qué quiso. Al ver esta acción Diógenes pensó: << Ese perro es más libre que yo. Siempre tengo que estar atento para que no me roben el platillo, por las noches lo tengo que esconder y levantarme varias veces para ver si sigue en su sitio. >> Decidido a cambiar su situación tiró el platillo a el río y acto seguido imitó al perro y se refresco, bebió. Después de tal acción
se sentó en el suelo junto al perro (se habían hecho amigos después de que Diógenes le agradeciera su profunda sabiduría). Ambos contemplaron la puesta de Sol.

Alejandro Magno llegó un poco después de tan inusual escena y contempló atónito a un hombre sin vestimenta tumbado en la orilla en compañía de un perro. Cuando llego le dijo:

– Soy Alejandro Magno- a lo que él respondió:
– Soy Diógenes el Cínico.
Alejandro le ofreció todo lo que él pidiera ya que sentía por él admiración. Al ofrecimiento de este, Diógenes le contestó:
– Apártate que me quitas el sol-. La conversación continúo de ese modo, en esa tónica.
– Si los Dioses me dan otra oportunidad de nacer pediré que no me hagan Magno sino Diógenes.
– Diógenes soltó una carcajada y mirando al perro le dijo: ¿Por qué en la próxima vida? ¿Por qué esperar tanto? ¿Quién sabe nada del futuro, del próximo instante? Si de verdad quieres ser Diógenes, quítate la ropa, tírate al río y disfruta de la vida, en la orilla hay sitio para los dos. Tú mismo has dicho que eres infeliz como Magno que quieres ser Diógenes y solo tú puedes cambiarlo. Y dime, ¿qué harás después de conquistar el mundo?
– Creo que descansaré…
– Volvió a reírse. ¡Qué tontería! Si es lo que precisamente estoy haciendo en este momento.

Este relato del mundo antiguo nos muestra una vez más la evidencia de que los hombres codiciosos y avaros no son felices. Que mejor ejemplo este para demostrarlo. Me veo en la obligación como escritor de mostraros la realidad. Este texto es de dudosa rigurosidad histórica. Se trata de una mera anécdota apócrifa, ya que las edades del suceso con las de Alejandro no coinciden. Por esas fechas y pese a ser hijo de Filipo II no había conquistado el vasto imperio que después le haría merecedor de un hueco en la historia. También me cabe señalaros para futuros estudios de filósofos griegos, que existen dos Diógenes: el Cínico o de Sinope (el del presente artículo) y otro llamado Laercio. Este más bien fue un importante historiador de la filosofía. Resumiendo, hay que dejar de dar importancia a las banalidades del dinero. He dicho.

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2 pensamientos en “Ser Diógenes

  1. esta historia me ha recordado a la del empresario que se encuentra con un miserable pescador descansando en su desvencijada barca y le dice:
    – “por qué descansas? si siguieras trabajando ganarías más, y ahorrarías dinero”
    – “y para qué quiero más dinero?”
    – “con más dinero podrías arreglar la barca. Así podrías pescar más y ganar más. Luego podrías comprarte una barca mejor, con lo que volverías a ganar más”.
    – “y luego?”
    – “Luego podrías comprarte otro barco más grande. Y así hasta que después de muchos años ganarías lo suficiente para tener tu propia flota y serías rico”.
    – “y una vez que tuviera la flota y fuera rico, qué haría?”
    – “pues podrías descansar y observar todo lo que habías conseguido”
    – “pues eso es justo lo que esoy haciendo ahora”

    un saludo

  2. El Empresario y el Pescador « Rincón de un escritor

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