Los viejos

Los ves ahí, encorvados con su bastón. Caminando por la calle a la velocidad de una procesión. Cogiendo aire a cada paso. Con sus prendas de franela y pelo blanco al aire y piensas:
-Joder, parece que se va a desmontar- Pero no. No se desmontan. Aunque veas que escupen gajos al suelo para no ahogarse, no se desmontan. Aunque pienses que necesitan tu ayuda. No la necesitan. Estos no. Estos abueletes de gorra, sombrero y piel de cuero, son los supervivientes de las grandes guerras y depresiones. Aunque cuando tú hables con ellos pienses:
-Son gilipollas…- No. No lo son. El gilipollas eres tú, ellos te hablan de cosas que tu no entiendes, y por tanto desprecias: el hambre, el horror, la guerra e incluso a veces el amor. Mientras tú eres un niñato mal criado con oportunidades y de todo, a tu edad, él era un hombre. Ya mantenía una familia, e incluso ya tenía a tu padre o madre. Ese viejo dependiente de las pastillas y con insomnio, seguiría viviendo después de ti, si no fuera porque el paso de los años corre en su contra. No te extrañes si algún día te entierra.
Ese anciano al que tanto odias en las comidas de navidad y chochea, es el mismo que con valor y arrojo mato con sus manos en la guerra, es el mismo que sale en películas yankees viviendo historias de amor como Casablanca. Sí con tu abuela.

Esa vieja que solo sabe dar besos y llenarte la cara de babas, en la que notas el vivo rostro de la vejez y el tiempo. Esa vieja chiquita y enana, que solo te infla a comer. Esa vieja, un día fue el vivo rostro de la belleza, el vivo rostro de la inocencia. Por mujeres como tu abuela, se hicieron guerras más grandes que Troya.

Esa preciosa mujer que un día fue tu abuela, fue la que alimentó a tus padres e indirectamente a ti. Esa mujer sacó comida y dinero de debajo de las piedras en la posguerra. Esa mujer dejaba de comer para dárselo a sus hijos. Esa mujer se mataba a trabajar, no para llenarse de caprichos y juguetes, sino para dar de comer caliente.

Si Dios tuviera cara, sería la de tu abuela. Estas aquí gracias a ella.

Antes de volver a despreciar a los ancianos que conversan en las plazas, que te gritan y babean. Antes de no dejarles asiento en el autobús. Antes de quejarte de que lo colapsen todo. Antes de menospreciar sus pensamientos y consejos. Antes de volver a llamarles viejos y no ancianos. Antes de meterlos en un asilo, como los objetos se meten en un trastero. Antes de volver a hacerles daño, piénsalo.

Piensa que ni son gilipollas, y que gracias a ellos tú estás aquí. Les debes todo. Respétales, haz que sus últimos días sean como los primeros y piensa que uno solo de ellos, sabe más que la biblioteca de Alejandría.

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4 pensamientos en “Los viejos

  1. Como quisiera tener aún a mi muy querida abuela. Ella murió el dia de mi cumpleaños, por lo tanto ése dia en especial la recuedo aún más. Muy buen articulo, y que buenos sentimientos.
    Un saludo tocayo, sigue por donde vás!!!

  2. Tienes toda la razon, de ahi el respeto y el trato que intento infundir a mis abuelos, que por suerte son unas de las personas mas sabias y maravillosas q conozco.

    saludos y sigue asi

  3. completamente de acuerdo con esta entrada.

    la gente mayor puede no ser ni la sombra de lo que un día fue, pero merecen todo el respeto y la comprensión que podamos darles.

    saludos!

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