La religión del despertador

En la calle Éboli todo está en calma. Se oye el sonido de la naturaleza, de lo que queda de ella. Se oye el crecer de la hierba, se oye el caer de las hojas e incluso el pasar del tiempo. Se oye el silencio. En la calle Éboli no se oye nada porque son las cinco de la mañana.

A las 6:55 se escucha el despertador de J.Big. A las 7:00 suena el de Carol, Emi y Ann. A partir de aquí la calle parece una fiesta. Una broma de mal gusto. Un programa de televisión.

Todos ellos y medio mundo se levantan entre estos cinco minutos. Todos ellos y el mundo entero tienen que trabajar de alguna forma, aunque sea indirecta. A todos les hace falta un despertador y este es el objeto más odiado en la vida de una persona. Si Dante hubiera vivido en nuestra época habría dedicado la divina comedía a los despertadores. Hubiera descrito el infierno como un despertador gigante, que cada cinco minutos te recuerda que es hora de levantarse. Hora de volver a aguantar al jefe. Hora de volver a arrastrar el culo. Hola de volver a pedir perdón. Hora de destrozar tu vida. Hora de no hacer nada.

-¡Riiiiiiing!- Vuelve a llamarte tu amigo el despertador. Esa broma de mal gusto. Ese aparato del demonio. Ese sonido estridente. Ese destroza silencio. Pregúntate por que le odias tanto y porque Jesucristo no tuvo que aguantar uno. A lo mejor es el preferido de Dios. A lo mejor Dios tiene enchufados. Puede que si no le caes bien te haga tener que soportar uno cada mañana. Puede que ese maldito aparato sea la línea que separa tus sueños de tu realidad. Puede que ese mecanismo silenciofóbico te haga recordar cada mañana quien de verdad eres. Quizás no queramos aceptarlo. No queramos saber, que no somos tan guapos como nos creemos, ni tan valientes, ni tan honestos, ni tan buenos. Quizás nos recuerde que somos unos mentirosos. Unos exagerados, unos dramáticos. Una patética imitación de Jesucristo. Puede que nos creamos un modelo a seguir, e incluso queramos fundar nuestro propio movimiento. Nuestra propia corriente. Nuestra propia religión. La religión del despertador.

Si alguien te dijese que puede cambiar las cosas no le creerías. Si alguien te dijese que es más fácil de lo que crees le tomarías por un loco. Haces bien. Imagina un día en que todas las pilas de los despertadores se descarguen. Un día en que nadie llegase a la hora a trabajar. Ese día sería el primero de una revolución. Ese día hundiría la puñetera economía mundial. Ese día…

-¡Riiiiiiing!- Vuelve a llamarte tu amigo el despertador. Esta vez nos quiere destrozar una utopía. Nuestra utopía. Su molesto ruido hace que la religión del despertador y sus descargues de baterías masivos solo sean sueños que nos devuelven al mundo real.

En la calle Éboli saben lo que son los despertadores. En la calle Éboli quieren venganza, justicia divina. Se preguntan qué hubiera sido de Jesucristo si el calvario en vez de tres días hubiera durado cuarenta años, lo que dura el calvario de un trabajador. Se preguntan que es mejor: si el veneno repartido en pequeñas dosis durante cuarenta años como en su caso, o sufrir de golpe, en solo tres días.

En la calle Éboli piensan que Jesucristo era un llorón y un nenaza. Tres días de sufrimiento por la vida eterna es un precio que están dispuestos a pagar. Los vecinos de Éboli en vez de clavar a Jesús en una cruz, lo clavan en un despertador. Es el nuevo símbolo de una nueva religión, de una revolución y…

-¡Riiiiiiing! Nos devuelve al mundo real.

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