Vergüenza generacional

Pido perdón. Acepten mis disculpas. A diferencia de los demás yo asumo la culpa. Dos historias, ahora sabrán por qué.

Caminaba yo más feliz que unas castañuelas con una bella rubia al brazo, por el metro de Madrid. Los dos vestidos correctamente nos dirigíamos a la zona de Madrid que más me agrada; la que rodea el Palacio de Oriente. En esto que ambos divisamos a una muchacha de una veintena de años, que caminaba con tacones negros y un vestido ibicenco que transparentaba todo. En efecto se le veía el tanga, se le transparentaba es el término correcto. Mi acompañante me lo comento a modo de curiosidad. Y yo asentí diciendo, que cada cual podía llevar lo que quisiera. Y si ella se sentía cómoda así, por mi parte no había ningún problema. Seguimos caminando cuando oigo unos bufidos de becerros. Tres chavales de edad universitaria, con bolsas verdes repletas de alcohol pasan raudos por nuestro lado y empiezan a emitir su ritual de cortejo:

-¡Qué pivón tuuuu! ¡Qué pivón!-gilipollas número uno.

A esa la metía de to, meno miedo-gilipollas número dos.

-¿Chochito te llevo al séptimo cielo?-el gilipollas número tres remata la función, haciendo alarde de su sutileza.

Total que la tía pasa de los tres y con la cabeza bien alta no les dirige ni la mirada y los tres atontados se que quedan como pasmarotes porque ya no se acordaban ni donde iban. Ahora el que pasa raudo soy yo, alejándome lo más posible de esa panda de pajilleros y le digo a mi doncella:

-Hay a veces que me avergüenzo de mi género. Lo siento.

Me dedica una sonrisa y yo me siento disculpado.

Segunda anécdota. Pasó ayer mismo. Salía de Ciudad Universitaria cuando en vez de coger el vagón del metro, casi cojo el vagón hacía el infierno. Al lado de dónde venía resulta que es la zona de marcha preferida por lo zagales españoles. Pregunten por Moncloa. La cuestión es que el vagón estaba ocupado literalmente por chavales vestidos de rosa y blanco, con los calcetines por encima del pantalón, gorras sintonizando la radio y la cara llena de tachuelas y lunares, ahora mal llamados piercings. Me senté cómodamente y asistí al espectáculo. La veintena de chavales estaban sentados y el mono del grupo estaba haciendo el espectáculo. Sobra decir que todos iban hasta arriba de jumilla, es decir iban mamados como una perra. Total que aperece el mono del grupo, tipo feo y sin pelo -efecto secundario de la gomina-, y va y se quita la camiseta y empieza a enseñar los calzoncillos y el culo. A asomarlo por la puerta.  A hacer un striptease en una de las barras. Luego saca un Cd y empieza a decir a sus “amigos”:

Es poki poki, te lo vendo, veinte leuros.

A continuación empieza a dar saltitos cual pingüino y a bailar como se creo que se baila en las discotecas. Dando saltitos con las piernas y vueltas sobre sí mismos.

Total que el soplagaitas se para de golpe, se apoya en la pared y echa hasta la primera papilla. Me encomiendo a San Pascual Bailón (mata a ese cabrón), pido perdón y pienso en que habrán hecho sus padres para merecerse eso.

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4 pensamientos en “Vergüenza generacional

  1. Somos afortunados de no haber caido en esas costumbres hermano U_U

    Es jodidamente vergonzoso verse rodeado de gente así. Que me peguen un tiro si estos van a ser la generacion que dirija el mundo el dia de mañana.

    Aunque siempre hay excepciones 😉

    Jodío. que no se nada de ti, a ver si nos vemos ^^

    Un abrazo, cuidate, animo con el curso.

  2. Hace mas ruido la minoria caracteristica q la mayoria comun.

    Preocuparse por nuestro futuro y pensor en esos degenerados es perder el tiempo…

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