Prejuicios contra mi persona: el profesor

Lunes de hace dos semanas. Este día aparece en el diccionario como sinónimo de desgracia. En efecto lo fue. Despertome un temblor a eso de la seis de la mañana. A las seis y cuarto otro. Algo dentro de mí ser se agitaba y revolvía. ¿Qué podría ser? No tuve que esperar mucho. A las seis y media estaba echando hasta la primera papilla con la cabeza apoyada en el váter.

Bonita forma de empezar un lunes. Con la garganta bañada en ácido me vuelvo a acostar, los ojos se me cierran, estoy muy pero que muy cansado… Solo quiero dormir… Algo dentro de mis ser se vuelve a revolver. Aguanto en la cama, no me apetece moverme. Cinco minutos después se repite la escena frente al váter.

Así hasta ocho veces, las últimas solo salía bilis y yo me quería morir. Tenía el cuerpo igual que el del boxeador machacado en el tercer asalto. Estaba K.O. Le digo a mamá que llame al cole que el firmante no se va a mover. Se olvida. Yo duermo plácidamente.

Son las diez de la mañana y un repentino sonido me despierta de mi amargo sueño. Es el teléfono. Maldito invento. Si no fuera porque trae la voz de mi amada lo destruiría en ese preciso instante. Nadie lo coge. Me doy cuenta de que estoy solo. Maldigo entre dientes.

Me levanto con una jaqueca de mil demonios. Se me olvida mi sana costumbre de dejar que suene el teléfono la primera vez y cogerlo solo si suena una segunda. –La gente importante siempre llama dos veces-. ¿Por qué no seguiré mis propios consejos?

-Buenos días -se oye por el auricular- le llamo del colegio Guadarrama, es por informarle de la falta de asistencia del señor Draco, Simon Draco. ¿Eres tú?

-Sí…- contesto-.

-¿Por qué no has venido?-pregunta el de recepción.

-Tengo algún tipo de virus intestinal. Llevo toda la mañana vomitando…

-Claro, claro señor Draco. Aquí le paso con su profesor de historia…

Por el auricular oigo que le dice: -Dice que tiene un virus intestinal…- Y después se oyen risitas.

-Draco, ¿con qué un virus intestinal?- al habla está mi profesor de historia-.

Pero, ¿no le pagan por dar clase? ¿A lo mejor le mandan en la media jornada que le sobra hacer de portera? Quién sabe… No me extrañaría que lo fichase la telefónica.

-Así que ¿estás estudiando historia? – el viernes de esa semana teníamos examen de la asignatura. Y este cabrón se pensaba que no tenía otra cosa mejor que hacer.

-¿¿Qué??- le pregunté.

-Así que ¿has estado todo el fin de semana de fiesta y la borrachera te ha sentado mal?-

-¿¿Qué??- volví a preguntar.

Pero bueno a este tío qué coño le pasa. Lo que no sabe es que odio el alcohol. Nunca tengo resaca pero me salen almorranas. Y no sé a vosotros pero no me gusta que me escueza el culo. Lo máximo que he bebido en el último año han sido dos cervezas. Y una de ellas sin alcohol.

-Bueno, mejórate…- me dijo sin convicción y colgó. No sin antes volver a oírse risitas.

Yo todavía estaba con mi ¿¿qué?? en la boca. Últimamente no sé qué le pasa a todo el mundo. Bueno, jamás lo he sabido. No es que me importara. No voy a ser yo quien arregle el mundo. Pero hirió mi orgullo. Me volví a la cama.

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2 pensamientos en “Prejuicios contra mi persona: el profesor

  1. En primer lugar: ¡Feliz lunes! xD

    En segundo lugar: tengo la segunda parte de esta fatídica historia. Solo os puedo adelantar que es la visita al médico…

    En tercer lugar: Feliz Navidad 🙂

    No compréis demasiado chicuelos…

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