El mérito

El otro día Lao y yo dimos una vuelta por el Madrid que yo amo. Era una tarde de domingo y no teníamos nada que hacer, así que le propuse que diéramos una vuelta por esa zona y charlásemos un poco, puesto que hacía tiempo que no nos veíamos.

El recorrido empieza en la puerta de Toledo, recorremos todo el Madrid de los Austrias y empalmamos en la plaza de España con el Madrid Galdosiano. Lao es la persona que tiene un pensamiento más parecido al mío. Quizás porque los dos asentamos nuestros pilares sobre una cultura oriental, que no entiende de autores idolatrados, sino filosofía útil, para la práctica en cada uno de los ámbitos de la vida cotidiana.

Le estuve comentando las injusticias que vivía en mi clase y como me hacían callar. Como a los que teníamos una discrepancia existencial con lo que estaban haciendo con nuestras inmaduras mentes éramos silenciados. Y como, la más de las veces por mis propios coetáneos, por mis propios compañeros.

Yo le plantee la siguiente pregunta:

¿Por qué la sociedad en general y los colegios en particular premian a quien constantemente saca buenas notas? Mi conclusión es que es una injusticia, ¿qué mérito tienes tú de ser como eres? Por gracia del cielo has nacido con una voluntad o una inteligencia que te permiten autoflagelarte y aprender lo que otros dijeron -y tú te crees- como dogma y verdad absoluta.

Por otra parte hay gente que no ha nacido con esa capacidad y por ejemplo ha nacido con la capacidad de ser muy compasivo.

Pero a este no se le premia, se le machaca constantemente en los estudios y se le llama de vago para abajo. Se le hace creer que no vale. Que nunca será nada en la vida. Cuando posiblemente tenga más posibilidades de ser feliz, que el inteligente competitivo y eternamente insatisfecho, que cree que el mundo le pertenece y no al revés.

Algo parecido pasa con el cuerpo y la imagen. Quien nace guapo es el valorado y quien nace feo es menospreciado. ¿Pero qué mérito tienes tú de ser guapo? ¿Acaso has hecho algo para serlo o no serlo?

En mi opinión la escuela debería basarse entre otras muchas cosas: en el autodidactismo, el esfuerzo y el interés, cosa que nunca cuenta, o solo sube para redondear el cuatro de la persona que le ha echado tres horas y el nueve del que le ha echado media.

Algo curioso es que las “memorias humanas” saben mucho de lo que les han dicho que piensen. Pero a la hora de forjar una opinión sólida y de autoreflexión son “analfabetos funcionales” y eso por muchos apuntes que se aprendan jamás cambiará. Cuando acaben sus aburridas carreras cambiaran las tornas. Los primeros serán últimos y los últimos primeros.

¿Les están educando? ¿O solo les están enseñando a ser los primeros?

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