El discurso maldito

Hace unos días que estoy mosca con un temita. El puñetero discurso de graduación. En mal hora lo acepté. Me halagaron y me dejé halagar. Sucumbí ante el canto de sirena y pensé que era un gran honor aceptar un discurso en representación del curso, al mismo tiempo se instaló en mí un gran sentido de la responsabilidad de hacer un discurso que diese la talla y mereciese la pena. Un discurso memorable alejado del relativismo y que diese por primera vez la voz a los sin voz, que hablase a aquellos que piensan que las películas de Walt Disney nos han jodido la vida. Quería componer un discurso de dardos, de puñales que se clavasen directos en el espectador. Y creo que lo conseguí.

Para ello me basé en lo que sabía. Picoteé de algunos libros y librejos tirando de citas de Byron, de Séneca, Sartre, etc. Estuve innumerables horas dándole a la tecla, corrigiendo y volviendo a corregir, grabándolo para ver que tal sonaba y tras dos días de esfuerzo pensé que ya era hora de pasar el borrador al profesor que me lo pidió. Yo se lo pasé en primer lugar porque fue él quien me encargó despachar letras y en segundo lugar porque es muy ávido para corregirme las cosas que a mí siempre se me pasan. Me llegó a la tarde un email con lo que le había parecido y sé que le gustó. Sé que eso fue lo que me había pedido y como buen mercenario yo aniquilé. La única cosa que no entendió fue esta frase: “Somos pequeños Ulises haciendo el equipaje hacía Troya”.

Me argumentaba que lo correcto sería hacía Ítaca. Pero no. Ulises es convocado para la guerra de Troya, se tira allí unos diez años y luego tras ganar la guerra, surge el libro de la Odisea y se tira unos diez años más hasta que por fin vuelve. La vida es una guerra, porque hay que estar siempre luchando, y a mi juicio no hay mejor representación de esto que la guerra de Troya. Hacemos el equipaje para la salir al mundo, a la vida (a la guerra de Troya) y no para volver al hogar, a Ítaca… Esto se produciría más bien cuando palmemos.

Aparte de este malentendido y alguna corrección gramatical, mi profe le daba el visto bueno y eso es lo que a mí me valía. Pero al poco tiempo volvió a llegar un email que abrió la caja de pandora. Y es que el discurso se había leído a más gente y no había gustado. ¿Razones? Que era abstracto, muy intelectual, poco adulador y que no tenía vivencias. El discurso está dividido en dos fragmentos, en el primero tuve que escribir acorde al acto y pensando en el gran público y en lo que era de recibo para una ocasión así. Aún así quebré la regla número uno del escritor: “nunca escribas pensando en tu público”. Pero entendí que tenía que tener una parte emotiva.

La segunda parte ya la encaminé hacía lo que a mí más me apetecía expresar, quería hablar sobre lo que tengo dentro y he notado en todos estos años, sobre lo que he aprendido, sobre lo que pienso que es la vida. Hice una labor de síntesis y toqué todos los palos, pero no ha gustado. Otro gran profe mío dice que cuando salga y empiece a hablar, la mitad de la gente sacará el diccionario y buscará por ejemplo Sartre. A mi juicio educar es en todo los ámbitos de la vida y sin distinciones, si no acercamos nosotros la cultura a las personas que se “suponen” que no tienen ni idea, ¿quién lo hará? Sin les damos motivos para que curioseen ¿quién se los dará? ¿La tele mierda?

Admito mi derrota. Admito mi fracaso. Creo de sobra que yo no doy el perfil para ese discurso. Y por lo tanto desde la humildad y si me van obligar a cambiarlo prefiero que otra persona lo escriba. Yo como un caballero me retiro. Pues no voy a consentir que mi discurso sea una prolongación de la película Bambi, que sea un besito del osito Mimosín, no pienso escribir ninguna vivencia en plan que bonito y que guapo ha sido el curso oye, y que penita, y lo chupi que me lo he pasado. Si queréis ese tipo de cosas y llegar al corazón compramos el DVD de Titanic y lo ponemos en el salón de actos para llorar a moco tendido, o llamamos a una ONG (besitos sin fronteras) para que lo escriba. Un servidor tiene sus valores y sus formas de hacer las cosas, que pueden gustar o no gustar, pero que no se van a cambiar, y lo peor de todo intentar imponer el cambio. Lamento que haya sido una pérdida de tiempo para todos y para mí el primero, pues hay que echarle horas y no me ha sido fácil. Si se cambia la esencia, el que se cambia soy yo, pero a espectador.  Ya lo dijo Quevedo:

“No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando los labios, ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”

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