Chinos en la DGT

Dirección General de Tráfico

Dirección General de Tráfico

Era un miércoles de finales de Julio, pongamos en Móstoles, Madrid. Pongamos que me encontraba en la Dirección General de Tráfico, por más señas la DGT.  Un cartelón enorme rezaba: Ministerio del Interior, Gobierno de España. O eso creía yo, porque la verdad aquello parecía más Vietnam, había más amarillos que en la guerra –como aquel que dijo-. Para que se hagan una idea, éramos mitad y mitad.

Yo me tenía que examinar del carnet teórico y en aquella sala donde esperamos alrededor de una hora un amigo y yo, nos sentimos cuanto menos asombrados. Es para ayudar en el negocio –me dijo mi amigo-, ya sabes para transportar mercancías a sus tiendas y esa clase de cosas. El caso es que nosotros estábamos sentados contra la pared y ellos separados en el centro, de pie, formando grupos.

Fue en ese momento cuando me vino a la cabeza todas las palabras burdas, vacías y falsas de los políticos y los temas de inmigración y demás gilipolleces. Porque una cosa era cierta, a estos no los integra ni Dios, demasiadas diferencias culturales y lo digo con clara amargura, porque soy de los que opina que solo han venido –como diría un compadre Argentino- a por la plata. Que la idea de mejorar con todos se la pasan por el bol de arroz.

He de reconocer que ofrecen un servicio cojonudo. Con horarios imposibles que nos benefician a todos los usuarios y precios cuanto menos competitivos. Pero también pienso la maldita gracia que la tenido que hacer a Manolo –por ejemplo-, dueño de una tienda de chuches con uno de estos chinos al lado, cuya feroz competencia y la eximición de pagar impuestas han hecho de él, un hombre que a la fuerza ha dejado el negocio y ha pasado a ser un prejubileta.

En el grupo de la pared anteriormente mencionado, no solo había españoles, había también personas procedentes del sur de América, pero opino que su adaptación gracias al idioma, y a la intención  -que también cuenta- ha sido tal que los meto a ellos y a nosotros en el mismo saco. Hablantes del castellano y es que se parecen tanto los jodios, que más de una vez he pensado que son como nuestros primos del sur. La diferencia entre unos y otros es que a unos solo les interesa el dinero y los otros han venido a vivir mejor.

Como iba diciendo todo esta mezcla intercultural entre la que me incluyo íbamos a sacarnos el carnet de conducir. En esto que sale, el funcionario de la DGT, alto, con camisa, bigote canoso. Con más mili que Cardona. Nos echa un sermón de memoria, al que los chinos atienden con cara de no entender nada, y nos ordena colocarnos a los cien que éramos en tres filas.

Y empieza a llamar: Manuel Guijarro, Wenceslao Rodríguez, Chiá Chunggg, en esto que se acercan tres. Y empieza a mirar la tarjeta de residencia, y ninguno de los tres era. Al final aparece un chino grandote, -Chiá el grande- y lo máximo que alcanza a decirle el funcionario con visible mala leche por hacerle hablar el chino mandarín es un: -si no te quitas los cascos te vas a la puta calle-. Viva la integración.

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