Dos peloteras

Dos discusiones

Dos discusiones

Recuerdo dos anécdotas que me han pasado este verano. Las dos bastantes bochornosas y desagradables. Era a mediados de agosto y me dirigí a un concesionario de Seat –concretamente el que está cercano a los rascacielos en Madrid- me dijeron que era el más grande y de los mejores. Me dirigí al fondo del concesionario y había dos mesas libres y un señor esperando. Aguardé detrás de él. En una de las mesas había un hombre, en la otra una mujer. Eran los que atendían al público. La mujer pasaba un poco de nosotros y se liaba a hacer cosas, y a andar de arriba para abajo.

Tras esperar unos diez minutos que se me hicieron insufribles, el hombre que estaba antes en la cola acabó y llegó mi turno. Hablamos de coches, de la equipación, etc. La mujer que yo visualizaba por el rabillo del ojo seguía en su mundo atareada. En esto que llega otro cliente y se pone a esperar de igual modo que yo hacía cinco minutos, en esto que el empleado que nos atiende suelta:

-¡Hay clientes! ¡Puedes atenderlos que no estás haciendo nada!

-¡Tengo muchas cosas que hacer! – le espeta la mujer.

Y se enzarzaron medio en una discusión a grito pelado y con más bordes que el cañón del Colorado. Y a mí que quieren que les diga me crispó un montón. Así que le dieron por el culo a la Seat. Bastante discute uno con su respectivas (madres, novias, tías, como para tener que aguantar discusiones ajenas).

La segunda anécdota viene marcada por la autoescuela. Llevaba esperando a mi profesor unos quince minutos –no llega pronto ni aunque le compres un reloj atómico-. Total que me inserto en la autoescuela para preguntar acerca del carnet de moto y el día en que me examino. Y la secretaria de la autoescuela me informa de que es imposible saber el día con tanta antelación. En esto que llega mi profesor con la alumna de la hora anterior que iba a pagar las clases…

El profesor me informa que el examen es el día  11, y la secretaria le dice que no lo puede saber así que no me cuente milongas. Y el otro le dice que a su alumno le cuenta lo que quiera bajo su responsabilidad y sin comerlo ni beberlo se vuelve a liar pajarraca otra vez. Insultos, descalificaciones, que si tú eres un cual, que si tú eres una tal. Que hasta luego… Nos vamos dando un portazo y ante tanto estrés acumulado yo solo hago una cosa: conducir más deprisa.

Y así pisando el acelerador a fondo como si pudiera huir de discusiones que me importan un pito casi tenemos dos accidentes. Menos mal que el profesor no me echa la bronca y solo se dedica a hablar por teléfono para preguntar lo de las fechas para ver quién tiene razón. Como si a mí me importara una puta mierda. Y al final me suelta:

-Es verdad, la chica tiene razón…

Me vuelve a importar una mierda.

Al día siguiente llega el profesor y me dice. Más vale que me firmes todas las hojas y me des todos los tickets porque el jefe dice que me los va a descontar del sueldo.

Y vuelvo a pensar:

Me importa una mierda… No me gustan las peloteras y menos aguantar las de nadie…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s