Una historia de perdón

El Papa tras los disparos

El Papa tras los disparos

El Papa siempre ha sido a lo largo de los siglos una figura controvertida. Un tanto hipócrita dirían algunos, por una parte predicaban –y aún predican hoy– el mensaje de Jesús, y luego desarrollan sus vidas de manera exactamente contraria a la que proponen a sus fieles.

Vistiendo ropas caras, llevando cruces de oro y viviendo definitivamente en el lujo, etc. Proponiendo medidas en África que van en contra de la lógica, como el uso del preservativo. Pero bueno eso es algo que todos ya sabemos y no es que les venga a contar nada nuevo. Lo que sí quería contarles es una historia que tal vez conozcan, una historia de perdón.

Ocurrió un trece de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro en el Vaticano. Por la fecha sabemos que era el Papa era Karol Wojtyla, más conocido por Juan Pablo II. Como casi siempre la plaza estaba abarrotada de fieles y Juan Pablo se acercaba a ellos desde un todoterreno Toyota, especialmente adaptado. Las madres le daban a sus hijos para que los bendijese, tiene varias veces algún niño entre las manos que rápidamente devuelve con una bendición…

La escena también la está viendo Mehmet Alí Agca un joven mal afeitado, con tez oscura, traje gris y camisa blanca. De confesión musulmana su currículum habla por él: se ganaba la vida vendiendo agua y recogiendo carbón, pronto simpatizó con la extrema derecha, mató a un periodista turco y se fugó de la cárcel, además de integrar un grupo terrorista palestino.

Mehmet estaba a escasos metros de Juan Pablo II sacó su pistola y a sangre fría disparo dos veces, pum, pum, que alcanzaron de lleno al pontífice en el torso. La plaza de San Pedro se convirtió en un hervidero de gente nerviosa e histeria colectiva. La gente se dispersó mientras llevaban a toda prisa al Papa a un centro hospitalario, mientras Mehmet intentaba realizar una fuga que nunca pudo llevar a cabo.

La pistola de Mehmet apuntando al Papa

La pistola de Mehmet apuntando al Papa

Unos días después las únicas palabras que salieron de la boca del Papa fueron: “Rezo por el hermano que me ha disparado, a quien sinceramente he perdonado”. Cualquier persona hubiera pensado que estas palabras eran una pose, algo tendría que decir. Cualquiera en su lugar hubiera dejado a su “casi” asesino pudrirse en la cárcel y cualquiera de nosotros hubiera vivido el resto de sus días con miedo y recelo: Karol Wojtyla no.

Dos años después en 1983, el Papa Juan Pablo II fue a la cárcel donde estaba preso Mehmet. En primer lugar fue a hablar y a consolar a la madre de Mehmet muy angustiada y arrepentida por los hechos –como toda madre se culpa de que sus hijos no vayan por el buen camino–.

En segundo lugar fue al habitáculo de Mehmet y hablaron veinte minutos en una actitud casi confidencial, donde le concedió el perdón. El Papa atribuyó el milagro de seguir con vida después de este intento de asesinato a la virgen de Fátima, ya que el atentado se produjo el mismo día que la aparición de la citada virgen, un trece de mayo.

El Papa otorgando su perdón a Mehmet

El Papa otorgando su perdón a Mehmet

A Mehmet se le perdonaron los cargos contra el Papa, pero todavía está en prisión por su vida anterior y el asesinato del periodista turco. En estos casi treinta años se ha convertido al cristianismo incluso pidió asistir en 2005 al funeral de Juan Pablo II. Toda una historia de redención.

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