Pueblos por romanizar

Los quintos...

A la gente le hace mucha gracia cuando les comento, que en los pueblos la mayor parte de la gente está por romanizar. Me miran con cara divertida, como el que mira a un exagerado e incluso me lo llaman. Dicen que no es para tanto. Seguramente porque estén en el porcentaje de la barbarie o vivan en el mundo de los osos amorosos. A la gente lúcida que se lo digo, pone un rictus serio, y cara de querer largarse de este país, romper el pasaporte y no volver jamás. Vamos a tentarles:

En los poblachones de las Castillas, había una tradición singular cuanto menos. No era poca la gente que enviudaba pronto, y que encontraba otra persona a la que amaba. Estás personas cuando se iban a casar en segundas nupcias habían de hacerlo en secreto, porque si no, la gente del pueblo iba a tirarles piedras en vez de arroz. La pareja de novios al saber de esta humanitaria tradición, iba a casarse al pueblo vecino, en secreto y de noche. Como los amantes furtivos. Pero la voz se corría como la pólvora y allí estaban esperándoles las masas, para no dejar impune tamaña afrenta de casarse dos veces, como el más intolerante tribunal de la yihad islámica.

Otra de las morales tradiciones del pueblo de un conocido amigo, era la de comprobar la ley de la gravitación universal con una cabra en lo más alto del campanario. Los lugareños querían comprobar si la cabra volaba como ave rapaz o directamente se volvía puré. Hagan sus apuestas.

Más de la España profunda, allá por el norte me comentaban  que el día de los quintos (pese a que ya no se haga la mili en este país de pandereta se sigue celebrando) a cada adolescente que pasa a la mayoría de edad le regalan un pavo. Un ave de corral. Y tiene que estar con el adolescente veinticuatro horas. Como saben, la vida del adolescente consiste en mamarse y mamar a los demás. Así que también emborracha al pavo. Los dos se vuelven compañeros de parranda. El caso es, que por la mañana en la plaza del pueblo cuelgan unas cuerdas, y a los pavos de las mismas por la cabeza. Los mozos han de coger a su pavo borracho y tirar hasta que se vuelvan dos: cabeza y pavo.

El hombre más popular de un pueblo zaragozano, era un señor que en su furgoneta se dedicaba a la ejemplar acción altruista de matar animales a puñetazos, allí, acorralados. Siempre me acordaré de la historia del burro que estaban pasando por semejante vía crucis, y que le pegó un bocado al hijo de puta este en el abrazo y le arrancó el bíceps. Yo le hubiera arrancado las pelotas. Por no hablar de los quintos que mataron a otro burro metiéndole un palo por el recto. Y aseguraron que ya sangraba de antes.

Y podríamos seguir con casos y casos, de folla cabras, apalea gatos, revienta vacas, etc. Pero que el lector culto habrá entendido, que este país,  adoradioses que no conoce, destroza latines y tan bruto, tan animal, tan bárbaro como toda nuestra herencia anterior a Hispania. ¿Exagero? No. Me quedo corto…

4 pensamientos en “Pueblos por romanizar

  1. Ni sí, ni no. Creo que no debemos quedarnos en la cosa esa de, “el animal sufre, que animales somos.” Creo que esa romanización debe utilizarse para cambiar otras cosas.

    La cultura… la tradición, son ideas muy complejas. Es muy difícil quitárselas de la cabeza. Yo no apoyo que se lancen cabras de los campanarios ni cosas de esas, no me gustan las fiestas donde acaba alguien sangrando. Sin embargo, si es cierto que, por ejemplo pasa con los toros, se hacen verdaderas burradas, pero luego no hay ni desperdicio de carne ni una crueldad hacia el animal más que el mismo acto. Con esto me refiero a, siguiendo el ejemplo, que el todo es criado como un Dios que ya quisieran muchos trabajadores ser ese toro (y no hablemos de otros animales), para luego, simplemente, que le atraviesen con una espada. No veo muestras de una crueldad morbosa hacia el animal. Simplemente, se somete a una fiesta que es una salvajada, sí, pero no es una fiesta en que el ser humano muestre crueldad, porque no se tiene ese sentimiento hacia el animal.

    Además, también hacer hincapié es esa vaga idea de “los animales tienen tantos derechos como nosotros.” No voy a profundizar… pero sólo digo que debería pensarse en:
    a) ¿Es la vida de un animal la misma que la de un ser humano?
    b) En cuanto a la libertad de actuar del animal, ¿qué derechos merecería, suponiendo que, en muchos casos, no tengan la capacidad de ejercer ciertos derechos, si no son cedidos por el hombre?

    De cualquier modo, repito, no me presento como defensor de estas fiestas, sólo era profundizar y discutir más. De cualquier manera, sigo pensando que más valdría romanizar a la gente para que aprendiera algo de política y votara con cierto sentido, más que educarlos para no tirar cabras. Prefiero un buen votante antes que lo otro. Claro, que sería cojonudo que tuvieramos un buen votante y, además, que no tirara cabras del campanario… a lo mejor políticos. jejejejeje.

    Un saludo, Palahniuk.

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