Cae abatido

Alcanzo a mirar por la ventana y veo otro tren igual pasar...

Un hombre de cuarentena entró en el vagón del metro. Estatura normal, barba mal afeitada de dos días, chándal de tonalidades grises. Acompañado de una cazadora vaquera extremadamente pequeña, de la que sobresalía la capucha de una sudadera raída, de esas que te pones para correr en invierno. Me fijé en su cara, y en lo oscuras y profundas que eran sus ojeras. Tenía la cabeza mal afeitada y antiguas cicatrices, de esas que solo ves en la gente de vida perra, como los marineros, con la piel muy cuarteada por el mar, la sal y el viento. Se acomodó a mi lado, entre el traqueteo del metro que salía de la estación y se internaba en la incierta oscuridad. Y cuando vio que la parte central se quedaba libre, sus palabras empezaron a bailar:

-Buenos días, me da mucha vergüenza decir esto, pero después de dos años de desempleo y con dos hijas…

Las personas en rededor echaron sus manos al bolsillo en gran número, sobre todo hombres, de la misma edad, con más fortuna que él, pero sabedores de lo que es tener dos bocas que alimentar. La suerte un día puede cambiar, nunca se sabe.

-Si pueden ayudarme –continua- con lo que buenamente puedan, les estaría…

-¡¡Plaf!!

Como un tronco recién serrado cae abatido. Le han dado en el cuello, y de este sale miseria a borbotones. Instintivamente me agacho y conmigo todo el metro, no se sabe quién ha disparado, ni siquiera de dónde viene la bala. El hombre tiene los ojos en el vacío, y yo y otro usuario nos acercamos para retirar el cuerpo cada vez más inerte. Ahí pegado a la puerta, hacemos presión en su herida, pero la miseria es tan grande que es imposible taponarla y pronto todo el vagón se empieza a inundar. Todos flotamos en ella. La miseria empieza a salir por las puertas debido a la presión. Alcanzo a mirar por la ventana y veo otro tren igual pasar a toda velocidad dejando un rastro similar en los raíles. Ya solo me pregunto si llegaremos a la próxima estación…

2 pensamientos en “Cae abatido

  1. Me gusta mucho este escrito tuyo, en algun momento he llegado a pensar que te había ocurrido de verdad este triste episodio, el uso metafórico que haces me encanta. Saludos

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