Maten a ese hijo de perra

No aguanto a los perros marica...

Si hay algo que exaspera mi ánimo en este mundo es el ruido. No el ruido de la calle  –que también, pero vivo en Madrid y hay que resignarse–, sino el ruido en mi casa. Mi casa para mí es algo sagrado, es un templo budista, una mezquita árabe, un baño turco. Por ello, si hay algo que me exaspera, es el ruido de los vecinos desconsiderados. Y si por añadidura y haciendo un alarde de portentosa imaginación, hay algo que me moleste más que mis vecinos: es el ladrido de perro marica.

No aguanto a los perros marica. Son esa clase de canes, generalmente de minúsculo tamaño, similar a una rata bien nutrida, una rata cachetuda o fondona. A los que sus dueñas se afanan en ponerles quiquis y vestiditos como si fueran una muñeca. Y emiten por sus minúsculas cuerdas vocales un sonido estridente, agudo, que se clava hasta en el último huesecillo del oído, y que es tan ridículo que no te lo puedes tomar en serio.

El verdadero problema empieza cuando el perro emite ese ladrido afeminado de manera continua e incesante a las tres de la mañana un viernes con resaca. El problema es cuando sus dueños que compraron al puto chuchito –decir chucho es excesivo para su tamaño–, se van a trabajar todo el día y lo dejan solo.

Y el can siente en su corazón perruno los estragos de la soledad, y de la vejiga hinchada puesto que solo le bajan diez minutos al día. Y se caga y se mea. Y llora, porque es un perro patada, y está tan solo que nadie puede cumplir la función para la que el creador lo diseñó: darle una patada.

Y puesto que sus irresponsables dueños le jodieron la vida, comprándolo cuando no lo podían cuidar, poniéndole quiquis de putiniña, vestiditos de la Barbie y el mismo pienso para comer todos los días, como si en vez de perro fuera un canario. Debido a que como perro se siente una mierda, decide joder la vida al resto del edificio. Y puesto que eso me incluye a mí. Y en cosas del joder nadie me jode sin intentar ser jodido, incluso este perro patadil, decido que tengo que matarlo, que tengo que matar a ese hijo de perra. O como poco lesionar sus cuerdas vocales, con un hueso de pollo certeramente afilado.

Es mi enemigo y tengo que acabar con él. He de silenciarlo. Es su vida o la mía. No hay lugar en el edificio para los dos. Esto es legítima defensa. Así que elaboro un detallado plan: comprar un pito. Un silbato ultrasónico que solo los perros los pueden oír, y que sirve para entrenarlos. Decido silenciarlo a distancia sin que me vean los vecinos. Como un francotirador furtivo y al acecho. Me felicito a mi mismo por tan ingeniosa idea.

Llega el viernes a la noche y mi enemigo es puntual a su cita. Por suerte ese viernes no bebí nada –algo que agradece mi estragado hígado–, así que estoy en plenas facultades. El reloj digital marca las 01:00 y el perro marica empieza su recital. Agazapado observándolo por la ventana, y habiéndome atrincherado detrás de unos cojines, saco mi nueva arma de destrucción canina.

Espero pacientemente a que los ladridos sean más intensos, y cuando creo que el perro está en el punto álgido del concierto, abro la ventana y soplo el silbato con todas mis fuerzas,  como si soplara una vuvuzela con escapes de aire.

–¡¡FIIIIIIIIUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU!!

Me pongo muy rojo, con los ojos bizcos y se disgrega casi todo el aire de mis fustigados pulmones.

Noto que el perro se acalla, un silencio intenso. No quepo en mí del goce. ¡Victoria! El ingenio humano se impuso sobre el perruno. Está claro que somos animales superiores. Me veo a mí mismo como un héroe que acalló a la indómita bestia.

En ese instante oigo un ladrido fuerte, recio, viril, nada que ver con el perro marica y al instante otro, y otro y otro… Ladridos multiplicándose. Y todos los perros de mi bloque están ladrando al unísono como si una de una orquesta coral se tratara. Es infernal, se empiezan a ver luces en las casas de los dueños, yo me tiro al suelo, para que no vean al usurpador del descanso de sus mascotas.

Me prometo a mí mismo que el perro marica habrá ganado una batalla, pero no la guerra. Saco mis tapones de cera gruesa, y me pongo encima de estos unos cascos orejeros que me aíslan el doble. Y me duermo pensando que nos invaden los chinos, y que tengo vía libre para merendarme al perro marica con salsa agridulce y palillos.

9 pensamientos en “Maten a ese hijo de perra

  1. se a que perro te refieres xDDD
    yo tambien le oigo al muy cabron

    Aunque peor eran los de las obras, que esos no atendian a pitidos de ningun tipo xD

    Un abrazo tio😉

    • De modo igual que la gente hace mega-paellas, propongo hacer un mega-bositang, donde el ingrediente principal sean sus mascotas…

      Jijijiji😉

      Saludos

  2. Rompo un Lanza en favor de los perros “falderos”.
    Jovensísimo Raul, te falta un pelo para ser periodista, no has confrontado todas las fuentes, está muy bien tener la razón, pero habría que consultar el otro lado de la noticia y,,, estás de suerte… te la voy a obsequier yo…
    Cuando tu marido, despues de 22 años de feliz matrimonio, te informa que le mola una chica diez años menor que tu… y se va, y tu última “niña” elige la carrera lo más lejos de su casa y se va… -yo haría lo mismo, es mas, hasta la he animado- te entra el sindrome conocido como “nido vacío” es algo así, como ¡¡¡que putada!!! he vivido para cuidar 4 personas y vive el cielo que lo he hecho muy bien… pero todas se largan y tambien agradezco al cielo que vivan su vida, pero ahora ¿que coño haces?… si te has especializado tanto tiempo para un curre y ahora desaparece… solución: un perro faldero.
    Yo opté por un Yorky, hembra… ya no me fiaba de la fidelidad del macho, estaba escaldada…
    Desde hace tiempo sé que es mi angel de la Guarda, me avisa si alguien extraño se acerca, recibe como loca a mis amigos cuando vienen de visita y me da tranquilidad las noches de tormeta y de galerna (vivo al lado del mar), no me juzga y me quiere siempre… es el amor incondicional en estado puro… y está equilibrada y no ladra si no debe,
    …. seguro que ya sabes, y no lo comentas en tu texto, que a los perros histéricos, los crian los amos histéricos.

    PD Luego a tu e-mail te envio una foto de mi angel, se llama Frida Ka, un pequeño homenaje al carácter de esa señora…. tuya L.

  3. muchas gracias! hasta donde recuerdo tenia 9 años de no reirme tanto … desde mi divorcio
    estoy buscando info sobre silvatos ya que distribuidores de droga en nuestra comunidad estan trayendo perros grandes al enfrentarnos!!!

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