Amanecer sangriento

Me fui a ver el amanecer.

Empezó como empiezan todas  las historias. Amiga de una amiga, un pueblo en fiestas  y una mirada. No hizo falta hablar más. Al menos por mi parte. Ella era de cabellos cobrizos y con cara de niña traviesa. Yo tenía ojos grises de perro ciego. Ojos grises de quién no quiere ver, porque no le gusta lo que ve. Caí en su hechizo mucho antes de poder admitirlo. Yo sabía que también le gustaba, me lo susurraban sus ojos color avellana, y nos buscábamos con la mirada. Bailé varios tangos con el ron antes de convencerla para que a solas se encontrara conmigo. Estaba nervioso. No sabía por dónde empezar. Me convencí a mí mismo que mi punto fuerte era improvisar. Improvisa, improvisa, me repetía. La única forma de resultar creíble era ser creíble, era contar la verdad. Cuando quise pararme a pensar ya estaba lejos de allí. Vi la escena como si en vez de yo, estuviera hablando otro. Me veía a mí mismo hablando con ella. Intenté abalanzarme sobre mí, sobre mi yo impostor que estaba a punto de vender mi alma a aquella mujer. Le dijo. Me gustas. Lo volvió a decir. Me gustas mucho. Y ella dijo. Tú a mí también pero… Un céfiro barrió mi visión de la escena desde fuera. Ya estaba otra vez dentro, frente a frente mirándola a los ojos avellana. Pero… ¿qué? Agacho la mirada, y esquivó la mía. No puedo, ahora no… Le cogí la mano y le dije. Es por él… Me dijo que no era por él, pese a preguntar si estaban juntos. Cuando le pregunte si lo habían estado no me dijo nada. Cuando pregunté si le había pegado siguió sin decirme nada.

Como en todas estas historias de amor sangrante había un tercero en discordia. Era un cabrón. No porque lo diga yo, sino porque lo era. Era un cabrón con un nombre típico en un lugar aún más típico, comportándose como un salvaje. La maltrataba o maltrató, poco me importaba la diferencia verbal. Lo único seguro era que volvería a hacerlo. Yo lo sabía, y si yo lo sabía ella también. Y a pesar de ello, ella seguía con él y le quería. Me dijo que le amaba. Yo no lo entendía. No lo entiendo todavía. No había hijos de por medio. Nada que la uniera. A nadie parecía importarle. A mí me hervía la sangre. Pensé que si me hubiera dicho que la ayudara tendría que matarlo. Si ella me lo pidiera. O lo volvería hacer. Volvería a pegar a otra mujer. Yo no creo en la rehabilitación. Bueno, solo creo en la rehabilitación celestial. Si en verdad existe un Dios y este es piadoso, que él lo perdone en el cielo o donde vaya. Yo no voy a hacer su trabajo. Es tan probable que se rehabilite como que la mierda sepa a mermelada de manzana. La violencia que se ve ahora, no obedece ningún tipo de patrón. La conformidad que se demuestra tampoco. Puedo cargar con cosas en la vida, pero no con esto. La gente suele decir que es ponerse a su nivel. La gente tiene razón, pero yo no quiero razón sino justicia. Si ella me lo hubiera pedido, le hubiera matado. Realmente no tengo aprecio a la vida humana que no es digna para con los demás. Si no respetas a los demás, te tengo que matar. Todo lo complicado que tiene la vida se traduce en sencillez a la hora de morir.

Esa noche quedé desolado. Me fui a ver el amanecer. Solo y con un cigarro. Jamás pensé que alguien pudiera rechazar un futuro mejor. Luego me di cuenta a lo largo de los años que el amor no tiene nada que ver con el futuro. Que es una compleja red de dependencias y conveniencias. Que está creado por la misma gente que creó el interés bancario. Y que casi siempre acabas con el corazón embargado. Yo no quiero ser dependiente. Sabía que iba a pagar un alto precio por mi libertad. Por mi independencia. Faltaba poco para amanecer. Encendí mi cigarro al compás del despunte del sol. Y pensé que lo magnífico de la salida del sol era eso, que duraba unos instantes. Si fuese todo el día perdería su novedad y belleza. Algo así debe ser el amor. Has de madrugar y solo dura unos instantes. E incluso a veces es sangriento. Siempre alguien acaba sangrando. Y esa noche no iba a ser yo.

5 pensamientos en “Amanecer sangriento

  1. Algún día, tendrás que dejar de ser un maldito mercenario de bragas, porque llegarán algunos ojos bonitos que te pondrán la polla tiesa y el corazón en un puño, y ahí estaré yo para compadecerme de tu error… todos lo cometemos.

    Salud amigo

  2. “Luego me di cuenta a lo largo de los años que el amor no tiene nada que ver con el futuro. Que es una compleja red de dependencias y conveniencias. Que está creado por la misma gente que creó el interés bancario. Y que casi siempre acabas con el corazón embargado. Yo no quiero ser dependiente. Sabía que iba a pagar un alto precio por mi libertad. Por mi independencia. Faltaba poco para amanecer. Encendí mi cigarro al compás del despunte del sol. Y pensé que lo magnífico de la salida del sol era eso, que duraba unos instantes. Si fuese todo el día perdería su novedad y belleza. Algo así debe ser el amor. Has de madrugar y solo dura unos instantes…”

    Oh lá lá! C´est magnifique, mon petit salaud!

  3. Genial, creo que no siente amor por el ya que con el tiempo cualquier fiera se amansa, se pierde la pasion nunca vuelve al principio pero siempre hay sitio para la esperanza, eso es! la esperanza de que sea como al inicio, ese chute de amor que te corre por las venas , simbiosis violentas en cualquier zona publica, que ilusos somos nunca sera como al principio, seguiremos con el mono hasta que no encontremos algo diferente que injectarnos.
    ( perdona si hay algo chungo en mi comentario)

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