Tristes chistes

En la vida hay pocos escuderos fieles.

Ya lo decía Winston Churchill: “La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son.” Muchas veces al comprender que jamás llegaremos a ser todo lo que anhelamos nos evadimos, buscamos realidades alternativas a la nuestra, otros mundos donde realizarnos, como por ejemplo el de internet. Un mundo en el que poder ser de alguna forma lo que siempre se quiso, y por circunstancias extrínsecas o intrínsecas no lo logramos.  De ahí el éxito de juegos como Second Life, consistente en un mundo semejante al actual donde tienes libertad para hacer con tu vida lo que siempre quisiste hacer con ella. Lo malo de usar en demasía la imaginación es que puedes llegar a convertirte en una caricatura de ti mismo, en un Don Quijote fantaseado por nuevos molinos del siglo XXI. Lo malo de una extrema imaginación es que no fomenta la sociabilidad, porque es algo individual, que en cierta manera solo vives tú. Siempre quedará algún Sancho Panza que te siga el juego, pero en la vida hay pocos escuderos fieles. La fantasía no deja de ser una coraza protectora contra la violencia y fragilidad de la vida. La fantasía no deja de ser una coraza contra la idea de que somos mortales. La fantasía es una vía de escape al león racional. La fantasía es importantísima, pero es perjudicial llevarla al extremo.

Por otro lado el humor no nos consuela de lo que no pudimos ser, pero sí que nos consuela de lo que somos. Esto es un rasgo de aceptación. El humor a todas luces es un rasgo que fomenta la sociabilidad. Solo hay que preguntarse con quién se preferiría pasar uno unas vacaciones: con alguien que en seguida se encabrona, o más bien con alguien que te hace sonreír. Además por si fuera poco el humor tiene otras ventajas como las que apuntaba Nietzsche: “La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.” Pero hay que advertir que los dardos del humor han de ir dirigidos primeramente a uno y de la mano de la empatía, ya que el humor negro no es siempre bien recibido en los funerales. Es decir, todo el mundo ha conocido al típico cabrón que se ríe de todos los defectos ajenos menos de los suyos. El sentido del humor verdadero es a la inversa. Al fin y al cabo la vida es como un mal chiste, la diferencia estriba entre los que se ríen y los que no…

A continuación me propongo contar una anécdota graciosa de Truman Capote, que ha sido sin duda uno de los mejores escritores americanos del siglo XX. El mismo se definió en uno de sus libros: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio.” Pues este genio se encontraba cierto día cenando en un restaurante de Nueva York. En la mesa de al lado había una pareja bastante borracha. La mujer enseguida lo reconoció y gracias al alcohol se atrevió a acercarse a su mesa:

-Perdone, ¿es Truman Capote?

-Sí, soy yo…- dijo Truman con una voz apilada.

En ese momento la mujer se dio cuenta de que ni tenía un libro, ni una hoja de papel, ni una servilleta donde el afamado escritor pudiera estamparle una rúbrica.

-¿Le importaría firmarme… el ombligo?

Así que Truman accedió y le estampo T R U M A N, en un círculo alrededor del ombligo…

El marido se acerco a la mesa claramente en un estado de celos acorde a su estado de embriaguez. Así que se saco su pene delante de él y le dijo:

-Perdone, ¿le importaría firmarme esto señor Capote?

A lo que este le respondió:

-Creo que con el tamaño de su pene solo me cabrían las iniciales…

Escrito original para revista aZeta, publicado en el número 4.

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