El sustituto

Me contrató dos o tres veces. Tres veces. Se había enterado de mis servicios por la amiga de una amiga. Llegó a mí como todas. Nunca había puesto un anuncio en el periódico. Amigas de amigas con un mismo problema. Mis servicios consistían en un placebo que calmara su perdida. Mis clientas eran protagonistas de historias de lo más truculentas. Maridos muertos, matrimonios adúlteros, novios en la cárcel… La mayoría simplemente eran viejas y los hombres no las querían. Los mismos hombres que las habían cortejado años atrás, cuando sus rostros eran bonitos y su vida un cuaderno en blanco por escribir. Todas ellas eran mujeres enamoradas de alguien que no iba a volver. Se sentían inseguras y humilladas. Siempre me decían que no querían morir solas, que no les abandonara.

Por una nada desdeñable suma de dinero me hacía pasar por su marido, amante o novio. Era el sustituto. Había dejado la Compañía Nacional de Teatro hacía dos o tres años. Dos años. El talento me venía de familia, pero no el dinero. Deseaba tener fortuna y el teatro daba para lo que daba. Sobrevivir. Nadie quiere sobrevivir cuando cae en la cuenta de que vida no hay más que esta. Cuando caes en la cuenta de que el dinero abre todas las puertas, incluso las de los más reticentes corazones. Había uno en especial que nunca se había abierto para mí. Fingía amar a quien no amaba, para que quien no me amaba me amase. En eso se resumía hoy en día el amor.

Antes de mis actuaciones recogía un historial biográfico del sujeto en cuestión. Me informaba de sus peculiaridades, manías y costumbres. Me ponía su ropa, me perfumaba con su colonia y hasta me fumaba sus puros. Todo para que fuera lo más fiel posible a ese ser de ficción. Las clientas se comportaban como si yo fuese ellos. Al principio gritaban al sustituto improperios. Me gritaban improperios. Muy excitadas le echaban la culpa de sus desgracias por haberse muerto, por haberse ido, por haberlas dejado a su suerte. Le llamaban cabrón. Me llamaban cabrón. Yo les susurraba que había vuelto. Me acercaba lentamente a ellas y les decía que todo iría bien. Les acariciaba la mejilla y pegaba mi sien contra la suya. Acariciaba sus cuellos viejos de cisne y les decía que había necesitado todo este tiempo para descubrir que las seguía queriendo.

Me alegro de que hayas vuelto a casa me decían entre lágrimas. Te he echado tanto de menos… Pensaba que nunca volverías. Entonces me hablaban de cómo habían crecido los niños. De que mamá. Su mamá había muerto. Me contaban los cotilleos de las vecinas. Me preguntaban si me acordaba del carnicero. Había matado a su esposa, nuestra vecina. Su vecina. Con la que cenamos pavo aquella nochebuena en la navidad de quién sabe cuándo.

Nos reíamos viendo las fotos de nuestra boda. Aún tenía la foto del altar en la mesilla de noche. Pasando el álbum contaba anécdotas que debería recordar. Yo asentía, decía que sí y reía al fingir recordar momentos que no me pertenecieron. Muchas veces hasta yo mismo me olvidaba que era un sustituto. Por unos momentos de verdad me creía que había amado a todas esas mujeres, títeres de un amor que solo trajo desgracias.

Cuando pasaba la jornada ellas siempre me dejaban un sobre con mis honorarios. Mi último gesto antes de despedirme era acostarlas en su cama vacía y decirles que soñaran conmigo. Un prozac deslizado en el vaso de dormir ayudaba a que fueran esa noche felices. Por lo menos una noche entre las miles que se habían pasado pensando en mí. Pensando en todos ellos.

Antes de abandonar las casas de mis clientas me echaba un cigarro, cansado por el día de actuación y la cantidad de horas de farsa. Contaba los billetes mecánicamente. Nunca faltaba nada. Me asomaba al balcón, pensaba en mi propia vida y me quedaba el sabor agrio de todas las veces que había trabajado gratis.

4 pensamientos en “El sustituto

  1. muy bueno, “El Sustituto”, podría ser un buen negocio, ¿o es que ya lo es?

    no tenemos idea de cuantos traumas en féminas y no solo en ellas pues seguro hay hombres que también los tienen y que puede haber en lo ancho de este gran mundo.

    saludos amigo.

  2. Vaya tenía rato qué no te leía y me gusto bastante esta entrada, tanto así que imagine cada aspecto que describes; y sería un buen negocio…

    Saludos.

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