Te lo puedo explicar

Hoy es una de esas mañanas en las que estoy solo en casa. Mis padres y mi hermano, han acudido a la llamada del deber y se han ido a trabajar y estudiar respectivamente. Un servidor, con problemas estomacales y con la orden del médico de hacer ayuno, no ha ido a la universidad. Ante esta perspectiva, me amodorro entre las sábanas calientes y aprovecho mis últimos minutos de duermevela. Estoy feliz. Bostezo varias veces y me rasco la barriga. Me revuelvo insolente entre las sábanas por si puedo exprimir algunos minutos más de sueño, pasar un poco más de tiempo en el paraíso. Un grito interrumpe mi plácido descanso:

– ¡Soy el Rey de Italia!

Me quedo un poco perplejo. Pero rápidamente decido creer que son imaginaciones mías, algún eco de un sueño rezagado a medio alumbrar. Estoy tan a gusto durmiendo…

-¡Soy el Protector de la Confederación del Rin!

Alguien vocea desde el salón. Es indudable. ¿Será mi hermano? Mas no lo creo, hoy se examinaba en la universidad. Ayer durante la cena estaba bastante nervioso y no se le podía hablar. No puede ser.

-Soy el ogro de Ajaccio.

-Soy el Usurpador Universal…

Alguien está gritando mamarrachadas en la otra punta del salón. Pese a lo acogedor de mi catre y el mullido almohadón, hago acopio de fuerza y me levanto. ¿Podría tratarse de un ladrón? Imposible. Un ladrón no anda largando imbecilidades por los pasillos de la casa que pretende sisar. Me invade cierta desazón, pero la modorra impide a mi yo consciente volverse una histérica y todavía estoy en el irracional arrastrando los pies por el pasillo. Seguro que se han dejado puesta la televisión. ¡Qué pereza! Tenerme que despertar por su despiste… Bostezo un poco más… Justo a la entrada de la habitación oigo:

-¡¡¡Soy el emperador de Francia!!!

No era la televisión. Efectivamente, un sujeto voceaba en mi salón.

En ese instante se me va toda la modorra y me quedo perplejo…

O_O

Un señor bajito y moreno está en mi salón. Tiene la cara gorda y rechoncha como la de un bebé. Y lo que más me aterra es que no parece sorprendido de verme. Tiene un aspecto ridículo, va vestido de época, como del siglo XIX. Lleva una corona de laurel dorado en la cabeza, y le envuelve el cuerpo un manto de armiño de colores blanco y granate.

-¿¿¿Y tú quuuuién ereeees???- Le alcanzo a decir, no sin cierto tartamudeo.

Je suis… le Petit Caporal…. Rey de Italia… Emperador de Francia… y Protector de la Confederación del Rin…

-¿¿Quién??

-Pues está bien claro manolo. Soy Napoleón, General en jefe del ejército francés…

o_O

Mi cara de asombro volvía a aparecer.

O_o

– ¿Napoleón Bonaparte?

-El mismo. ¿Cuántos Napoleones más conoce messié?

Me dijo señalándome acusadoramente muy ofendido con un bastón macizo que llevaba en la mano.

-Pues ahora que lo dice… Así, a bote pronto, y que invadan mi salón pocos…

Un pensamiento interno salió fuera de la conversación. ¿Pero qué hago yo hablando con un hombre vestido de Napoleón? ¿Pero qué locura es esta? Ahora que miraba al señor que estaba sentado en mi sillón, la verdad es que se parecía cosa mala al petit cabrón. ¿Qué clase de broma me estaban gastando? Decidí ignorarle y coger el teléfono. Iba a llamar a la policía. Tenía a un señor vestido de Napoleón en mi casa y amenazándome con un bastón de oro macizo. Esto era intolerable. Llamé y me descolgó el teléfono una señorita.

-Comisaría de policía dígame…

-Sí, ehhh oiga.  Tengo a Napoleón…

-¿Cómo?

-Sí, ehhh está en mi salón…

El petit caporral al ver que estaba llamando por teléfono, me dio un empujón y me arrebató el teléfono….

-¿Cómo? Señor, menos choteos que en el cuerpo, registramos las llamadas.

-No sabía que tuvieran que anotar las llamadas en su propio cuerpo. ¿Andan tan mal de fondos? ¡Mártires del estado! ¡Orgullo de la nación! ¡Con gente así jamás hubiera perdido en Waterloo…!

-Está loco…. Pero oiga ¿qué dice?

Y la policía colgó.

-Estupendo -comencé a decir- encima de ladrón es un cachondo el tipo…

Silance manolo, que todavía no he acabado con voacé…

-¿Acabado conmigo? Oiga, ¿qué me piensa hacer?

-Matarle messié, naturellement… No se puede consentir una traición tal como la que vos brindó a la Mère France y a mi propia merced. ¡El emperador de media Europa!

-¿Qué traición? ¿Pero de qué habla? ¡Usted está chiflado!

-Sé que fue usted uno de los malandrines que conspiró para que me desterraran a Santa Elena. ¡Negarlo no le servirá de nada mon amié! ¡¡Le mataré!!

En ese instante el hombre chaparro y vestido de Napoleón se abalanza sobre mí bastón macizo en ristre, gritando improperios franchutes. Yo me zafo y acierto a agacharme para esquivar uno de sus golpes dirigidos a mi cabeza, empujo el sofá para que el loco tropiece. Este se enreda en la capa de armiño e intentando recuperar el equilibrio se estrella contra la mesa de madera de mi salón, partiéndola en dos. El muy cabrón está bien rellenito. Se pone a perseguirme. Gano unos segundos de ventaja en la carrera, mientras tanto oigo cristales rotos de espejos y lámparas que se destrozan por los bastonazos de mi perseguidor. Sigue gritando como un descosido y los cuadros, puertas, armarios y figuritas de porcelana de mamá siguen volando por los aires. Estoy agotado y empiezo a pensar que la tripa del hombre disfrazado de Napoleón es engañosa pues él parece no fatigarse. Aguanto la respiración los metros finales hasta que consigo entrar en la cocina y atrancar la puerta con una silla.

Cojo aire, empiezo a estar muy asustado, estoy hiperventilando me duelen los pulmones. Me doblo por la cintura para poder respirar mejor. El cristal de la puerta de la cocina refleja la silueta de Napoleón golpeando la misma con su bastón mientras sigue blasfemando en la lengua de Víctor Hugo. Sigo asustado, no sé qué hacer. Ya no puedo llamar a la policía… Ni siquiera tengo un teléfono a mano. Me siento en la silla y empiezo a pensar en cuanto aguantará la puerta antes de que el Emperador de Francia la eche abajo. Miro a la nevera y hay algo escrito en la pizarra donde mamá apunta y nos deja notas para que no se olviden. Leo:

Haz la cama y no te olvides de tomarte el Aripiprazol.

 

En ese momento llega mi madre del trabajo. Entra por la puerta, ve su casa destrozada,  mis manos ensangrentadas y le digo:

-Te lo puedo explicar.

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6 pensamientos en “Te lo puedo explicar

  1. Jaja muy buena al iniciar pensé que se trataría de un loco que entro a tu casa, sin embargo también pensé que algún tipo de droga o similar estaría ivolucrada jajaja historia te cautiva y el final es genial. 😀

    Saludos.

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