Buen viaje

Lunes. Acabo de empezar mi nueva semana en España. He comprobado que aquí nada ha cambiado. Que todos nos hemos vuelto más idiotas y más pobres. No precisamente por ese orden. Para colmo, las pinceladas de mi vida -que son el artículo de mis pericias por Nueva York- no han gustado. Varias personas me han dicho con cara de satisfacción, que los he escrito mejores. Supongo que esta clase de artículo, no les gusta porque está hecho de una manera sencilla, directa y a vuelapluma. Ellos lo que buscan sin embargo, es disfrutar de algo totalmente complejo y trabajado. Desde aquí les digo, ¿quién trabaja en verano?

Martes. Leo lo de ayer y pienso: es inútil ir contra el lector, él siempre tiene la razón. Pero yo voy acorde con los tiempos  y estos siempre van a peor. Es injusto pedir a alguien mediocre que escape de su mediocridad. Es lo único que me queda. Además, lo bueno de la mediocridad es que jamás se va con otro y que me será fiel hasta el final de mis días. ¿Quién de vosotros puede asegurar que no se irá el blog de al lado? ¿Quién de ustedes puede afirmar que pasa más tiempo leyendo estos párrafos que viendo porno en internet? Pues nadie, incluso el firmante pasa más tiempo dedicado al onanismo virtual, que hilando esta cutre prosa. No pidamos peras al olmo.

Miércoles. Sigo dándole a la tecla pensando en por qué he adoptado esta técnica de escritura. Lo tengo claro. En primer lugar vas poniendo días de la semana y te salen chorradas como churros; además, adquieren un orden lógico porque al lunes le sucede el martes etc. En segundo lugar, porque puedo hablar de mí mismo, en calidad de egomaníaco compulsivo. Es lo que llevo haciendo desde hace años en el blog, pero que trataba de disimular escribiendo sobre personajes imaginarios y escenarios que jamás visité. No volveré a disimular más, acabo de salir del armario de la incompetencia.

Jueves. Algún lector avispado me pregunta si yo de verdad tengo psicoanalista. Es curioso, porque muchas veces mi psicoanalista me pregunta si yo de verdad tengo lectores. Ante los dos, miento y digo que sí, que tengo psicoanalista y lectores. Incluso a veces me las doy de rebelde y digo que poseo una vida autónoma e incluso que tengo algún amigo –imaginario por supuesto-, y forzándolo mucho puedo llegar a decir que soy alguien interesante. Pero según mi psicoanalista, eso ya es mucho forzar.

Viernes. Revisando el artículo -para que no se vean mis carencias ortográficas más que nada- veo que en la parte de la semana que corresponde al viernes he escrito una chorrada autobiográfica. Así que la borro, y empiezo a escribir esta aclaración: “Revisando el artículo -para que no se vean mis carencias ortográficas más que nada- veo que en la parte de la semana que corresponde al viernes he escrito una chorrada autobiográfica […]” Recuerdo que en algún manual llamaban a esto metaliteratura. Bonito eufemismo para calificar la falta de imaginación.

Sábado. Me voy con amigo con la bicicleta y nos quedamos tirados a unos 20 km de nuestra casa. Sumando ruedas tenemos cuatro, y se han pinchado tres. Hoy no es nuestro día. Nos dan las once de la noche y estamos a cinco km de nuestra casa todavía, después de mucho andar. Llama el padre de mi amigo preocupado. Nos viene a recoger en su monovolumen. Yo le digo a mí amigo: Nos va a echar la bronca. Él me dice: que va, no nos dirá nada. Cuando llega con el furgón se baja y nos dice: joder la que habéis liado. Y finalmente nos echa la bronca. La verdad es que nos lo merecemos, pero tanto mi amigo como yo que somos muy tontos y muy  viva la virgen, jamás negamos el placer de que un mayor nos afee la conducta.

Domingo. Una chica muy apegada a mí, me pide que la lleve al aeropuerto a las cinco de la mañana. Mi hermano me dice que soy un pagafantas. Y a ella se le escapa inconscientemente que soy un calzonazos. Todavía estoy a tiempo de retirarme de estas acusaciones. Como es lógico no me retiro. Como es natural en mí, jamás niego el placer de  que un coetáneo piense que soy un piltrafa. Cuando a las cinco de la mañana la llevo al aeropuerto me dice que su padre me manda saludos. Que es la confirmación de todos los descalificativos anteriores. Cuando ve que me porto como un perfecto caballero (véase pringado) me da las gracias y me dice que tiene sentimiento de culpa. Que son los mismos sentimientos que uno tiene cuando se porta mal. Que son los mismos sentimientos que tuvieron los judíos ante la cruz de Jesús. Me mira como el estafador mira al estafado. Y yo sabiendo que soy lo más bajo del género masculino solo alcanzo a decir: “buen viaje”.

7 pensamientos en “Buen viaje

  1. “Felicidades, estás más cerca de tocar fondo”. Pero hay que darle la mano a la vida, aunque se ría de ti y sean las cinco de la mañana. No te preocupes, hay otra nueva semana para que todo pueda ir aún peor. Al fin y al cabo, esto no está tan mal, seguro que el domingo aprovechaste la mañana.

  2. lo de llevarla al aeropuerto no esta mal, pero, lo que realmente hubiese estado genial hubiese sido que perdiera el vuelo por tu culpa.

  3. Pobre chica… encima de que se siente mal porque te lo hace pasar mal… eso es porque le importas. Además, estoy segura de que no va a quedar así; te invitará a cenar, y luego te pedirá que te quedes a pasar la noche con ella… ¡creo que sales ganando con el cambio!

    Por cierto, has mejorado este estilo notablemente. Enhorabuena por el artículo😉

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