No pudimos, no

A la fuga, sí, tú y yo.

Vuelvo de la universidad en metro. Salgo del metro. Vuelvo de la universidad y salgo del metro. Estoy en la calle. Estoy en la calle y tengo que andar hasta a mi casa. El camino es largo. Largo y pesado. Hay un kilómetro. Ayer volví a soñar después de no hacerlo en cuatro años. En cuatro años. Ayer volví a soñar. Había unas llaves, sí, unas llaves en una mano. Ayer volví a soñar, pero las llaves solo aparecían al final. Vuelvo de la universidad en metro, salgo y recuerdo que ayer volví a soñar con unas llaves. Con unas llaves, sí, pero solo al final.

Me duele la mano, creo que me he hecho sangre. Hay gente en el sueño. Hacía que no soñaba cuatro años y hay mucha gente en mi sueño. Tengo miedo y frío. Tengo miedo de que sean los protagonistas de sueños no realizados. Se está armando barullo. Hay alguien en el suelo. Alguien llora. Hay alguien en el suelo y hay alguien que llora. Es una mujer. Una mujer llora en medio de todo el barullo. Hay alguien en el suelo. Es un hombre. Tengo miedo y frío. Una mujer llora pero no la conozco. Un hombre está en el suelo y sí que le conozco. Es un hombre. Es mi abuelo. Es mi abuelo y está en el suelo.

Vuelvo de la universidad y salgo del metro. Recuerdo que ayer soñé con algo, hacía mucho tiempo que no lo hacía. Mucho tiempo. Recuerdo que al final del sueño había unas llaves, pero solo al final. Había un barullo y mucha gente de sueños abortados. Lloraba una mujer que no conocía y había un hombre en el suelo. Le conocía, sí, era mi abuelo. Lloraba una mujer y mi abuelo estaba en el suelo. Había una ambulancia. Vuelvo de la universidad y recuerdo que anoche soñé algo de una ambulancia y unas llaves, pero solo al final. Me duele la mano, creo que me he hecho sangre. Veo a una mujer llorar y un coche muy bonito abollado. Abollado y mi abuelo está en el suelo.

Ayer rompí la maldición y después de cuatro años volví a soñar. Había ambulancias, coches con la parte delantera rota y una mujer tomaba una tila. Alguien tomaba una tila traída por una vecina. Una tila y decía algo sobre la luz del sol. Hoy, en el camino del metro a casa, he recordado que ayer soñé que una mujer se tomaba una tila y temblaba. Y había unas llaves, sí, pero solo al final. Y se oía de fondo un móvil, pero ya no estaba en el lugar del barullo. Se oye de fondo un móvil y lo coge una mujer. Lo coge una mujer y es mi madre. Mi madre coge el móvil y llora. Ya no se oye un barullo; ni hay ambulancias; ni mi abuelo está en el suelo. Se oye de fondo un móvil y lo coge mi madre. Y llora, como la mujer de la otra parte del sueño. Llora y tiembla, pero no hay tilas en casa.

Recuerdo que ayer soñé que una mujer tomaba una tila. Una tila, sí, pero no era mi madre. No lo era. No era mi madre y decía algo del sol. Del sol. No había visto a un hombre. A un hombre que estaba tirado en el suelo. Era mi abuelo. Mi madre lloraba. Era mi abuelo y mi madre lloraba. Tiene la pierna rota. Rota, porque no le vieron por el sol. Está postrado en una silla de ruedas. De ruedas. Una mujer toma una tila porque no le vio. Mi madre llora y el hombre también. Mi abuelo llora y dice que no quiere vivir más. Vivir más. No quiere vivir postrado y mi madre llora. Pero no hay tilas en casa. Y mi abuelo no quiere vivir más.

Vuelvo de la universidad en metro y voy camino de casa. Cojo las llaves y las guardo en la mano. Recuerdo que ayer volví a soñar. Ya han pasado cuatro años desde la última vez. Atropellaban a mi abuelo y mi madre lloraba. Él no quería vivir más. Y no había tilas en casa. Yo le hacía de reír, le hacía muchas bromas. Bromas, sí, le hacía bromas sobre mujeres guapas y carreras en sillas de ruedas. Pero vuelvo de la universidad y recuerdo que soñé que mi abuelo no quería vivir más. Y no había tilas en casa. Y le hacía bromas y me reía con él. Nos reíamos, sí, de su compañero de habitación.

Ayer volví a soñar. Y estaba con mi abuelo en su habitación del hospital. En el hospital y no había tilas, pero diseñaba con mi imaginación un plan de fuga. Se lo comentaba, él se reía. No quería vivir, pero se reía. Y mamá se ponía de lado para que no le vieran llorar. Yo seguía con mi circo y mi abuelo se reía. Seguía con mi circo, sí, y mi abuelo me decía que mi plan tenía lagunas. El fallo era que no podía correr. Y recuerdo que soñé haberle dicho: no puedes correr, no, pero podrás. Podrás, sí, además yo te ayudaré a asaltar un coche y nos daremos a la fuga. Los dos. A la fuga, sí, tú y yo.

Hoy volviendo del metro he recordado que volví a soñar después de cuatro años. Cuando he llegado al portal de mi casa, he notado un dolor en la mano. Al mirarla la tenía toda ensangrentada. Al recordar el sueño de ayer de camino a casa apretaba las llaves. Tenía toda la mano ensangrentada, como en el sueño, pero solo al final. No estaba soñando, no. Y al recordar lo de mi abuelo me había clavado las aristas de las llaves. El sueño no era un sueño, no. No había tilas en casa. Solo había barullo, mamá lloraba, y ni yo, ni mi abuelo pudimos darnos a la fuga. A la fuga, sí, él y yo. No pudimos, no.

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