Apadrina un joven español

Por solo un beso al día puedes ayudar a que uno de estos miembros de la generación perdida...

Mis padres tuvieron que abandonar nuestro país de origen cuando yo apenas había nacido. Éramos una familia surgida en el mundo desarrollado y nos vimos obligados a emigrar. Ahora y tras haber crecido en un país que ya siento como mío, contemplo con mucho pesar como siguen llegando malas noticias de la tierra que habitaron mis abuelos. Y ciertamente, aunque solo viví allí de muy pequeño, me invade una profunda tristeza.

Es por esta razón, por la que me he decidido a adoptar a un joven español, el precio es de tan solo un beso al día. Y desde aquí animo a los habitantes de este resurgido país a que adopten ellos también. Es lo mínimo que pueden hacer, no sean egoístas, afortunadamente nuestros jóvenes tienen acceso a una vida digna con oportunidades. Pero en el país en el que nací, los jóvenes se han convertido en una gran carga para los adultos, y los condenan a encadenar un título tras otro en la universidad, para que cuando salgan al mercado laboral vayan de un trabajo precario a otro. Nunca podrán ser totalmente independientes, ni totalmente inteligentes, ni totalmente seres humanos. Sino que se les condena a vivir en la mediocridad, a medio camino entre la persona y el esclavo.

Y es que ustedes no se pueden hacer una idea de lo que mi padre -que cursó estudios allí- padeció. Llegó un momento en que la situación era tan grave, que se aprendía más estudiando un módulo de formación profesional, que acudiendo a las rancias y anquilosadas clases de universidad, donde el que más trabajaba era el camarero en la cafetería que no fallaba nunca, y dónde la mitad de las asignaturas estaban para justificar sueldos de profesores con enchufe, acomodados en la mediocridad de lo seguro.

Por todo ello y por sus inquietudes, mis padres tuvieron que emigrar para no volver jamás a aquella tierra maldita, en la cual la avaricia de una generación acabó con los sueños, la ilusión y el futuro de la siguiente. Estos mal nacidos que dilapidaron el mundo que sus padres reconstruyeron tras las guerras mundiales, dinamitando el futuro de una manera salvaje, con su incansable avaricia por los objetos materiales, se han llevado por delante una serie de valores que han regido mal que bien los valores de millones de seres que poblaron las mismas tierras a lo largo de la historia.

El último reducto de sentido que podía vertebrar una vida tras la quiebra del futuro sería el amor. Pero este se ha volatilizado en pos de una propaganda lavacerebros puesta al servicio del mal: del beneficio económico, de la rentabilidad, de los balances positivos y del crecimiento infinito cuando claramente todo el mundo sabe que el planeta es finito y que uno no puede basar su bienestar en estar siempre creciendo. Es, sencillamente, vivir en los mundos de yupi.

Los jóvenes ya no se aman ni siquiera entre ellos. Se reducen a usarse como consoladores andantes. De fiesta en fiesta, de copa en copa y de cama en cama. Pasando de unas horas de amor falso a otras. Anhelando que el próximo polvo, sea algo más que un polvo y a parte de un mal orgasmo, conseguir un poco de calor en forma de cariño.

Apadrina un joven español, con los abrazos y afectos que te sobran puedes ayudar a parar el egoísmo extremo que azota a los países antiguamente desarrollados. Por solo un beso al día puedes ayudar a que uno de estos miembros de la generación perdida sobreviva a la deshumanización aguda.

He de confesar a los lectores de este blog que yo ya he apadrinado a dos jóvenes sin empleo y que han encadenado varios títulos. Se llaman Jorge y María, y a cambio de mi contribución de dos besos diarios, me mandan dibujos hechos por ellos en los que esbozan un corazón –se nota la poca práctica que tienen en esto– y me agradecen a que siga colaborando con ellos y su problema. Me emociona mucho que me cuenten su sueño: algún día quieren llegar incluso a tener una relación entre ellos.

Pienso a veces con pena, que como no cambien mucho las cosas jamás podrán salir de la dependencia emocional que establecen con los padrinos. Sé que es mejor enseñarles a pescar que darles peces, pero no puedo dejarles en la estacada. Por eso mis queridos lectores, como sé la abundancia de amor que se respira en este país en el que antaño tuvimos carencias materiales, me dirijo a ustedes para implorarles que apadrinen un joven español. Como mínimo dormirán con la conciencia más tranquila.

2 pensamientos en “Apadrina un joven español

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