Otra humilde propuesta

Que tiene por objeto evitar que los parados sean una carga para el Estado, ciudadanos  y demás gente de bien; y hacer que redunden en el beneficio del resto de la sociedad. 

I. Introducción

Es propio del buen ciudadano ayudar al gobierno de su nación en época de crisis y convulsiones financieras. Ante las reiteradas quejas del ejecutivo por la falta de ideas efectivas para resolver el drama del paro, me veo en la obligación de aportar ideas que saquen a mi maltrecho país del atolladero en el que se ha metido.

Todo el mundo sabe que el paro es una coqueta dama a la que le gustan los maquillajes, y pese a que desde el gobierno nos digan que anda por el 21%, 22% o 23%; eso significa que andará 3 o 4 puntos por encima. Para redondear –pues no es cuestión de que el presente escrito deprima a las personas de bien, ya que trato de aportar soluciones y no meter más el dedo en la herida– andaremos por el 25%. Es decir, que 1 de cada 4 personas que en España tendría que estar trabajando no lo puede hacer. Sin contar con los jóvenes que encadenan titulaciones, másteres y doctorados como si de cromos se tratase y aparecen en las estadísticas como “ocupados”. En el caso de los jovenzuelos el desempleo ronda el 50%. Es decir, que uno de cada dos que quiere trabajar no puede; y el otro, pues se coloca en Telepizza.

En España hay 47 millones de personas. Aproximadamente, población activa hay unos 23.081.200 millones y de estos están parados el 25%. Es decir, que hay 5.770.300 millones de personas que literalmente sobran y que el Estado no se puede permitir el lujo de mantener y los demás ciudadanos tampoco quieren dicho sea de paso, porque en una sociedad que está en continuo movimiento, alguien que no lo hace es un gran estorbo y todo el mundo se tropieza con él.

Un buen ejemplo es el del banco de peces. Imaginemos que el 25% de los peces de un gran banco oceánico no se mueven, están parados. Eso lastra al otro 75% de los peces que tienen más posibilidades que los tiburones –brokers– se los coman. Así hay que echar a ese 25% para que el otro 75% tenga más posibilidades de prosperar. Pero vayamos más allá y digamos que resulta que los tiburones no eran tiburones, sino que eran un conjunto de peces iguales que los del banco: que se organizan, se ponen un disfraz y practican el canibalismo. Eso sí, culturalmente se jactan de todo lo contrario. El canibalismo está visto como una práctica horrible; el acaparacionismo, más de lo mismo y el esclavismo tiene muy mala fama. Pero que la mitad del mundo se muera de hambre y la otra, de colesterol es el paradigma de la democracia y la herencia de la Ilustración.

Por lo tanto mi Otra humilde propuesta versa sobre qué hacer sobre los 5.770.300 millones de parados que sobran. Jonathan Swift en Una humilde propuesta relacionó dos ideas: sobraban niños –debido al nulo control de la natalidad– y se pasaba mucha hambre –debido a las hambrunas irlandesas–. La conclusión lógica por modus ponens es, que nos comemos a los niños de los pobres como si fueran cochinillos y todos tan felices.

Mi inferencia es la siguiente: en España sobran parados –debido a que nos creíamos ricos cuando no lo éramos– y segundo, es un país de sudadores natos –debido a sus altas horas de luz solar, no será por trabajar porque trabajo no hay–. Por lo tanto mi deducción radica en hacer jabón con los parados.

Cuentan las malas lenguas en los mentideros de la corte que el mejor jabón que se puede hacer es resultante de la grasa humana y no la del cerdo –manteca–, que es con la que se suele hacer en la actualidad. Mi idea es convertir a España en el productor número uno de jabones de alta calidad y que seamos el referente en productos de limpieza a partir de parados para todos los países emergentes: tanto Brasil, como India, como China van a necesitar cuidar su imagen y su higiene a partir de ahora como nuevas potencias. Es por ello que esta pequeña Península en la que tuve el gusto de nacer será para ellos la droguería del mundo. Actualmente somos la droguería de Europa pero en otro sentido.

También a su vez solucionaremos el problema de higiene general, que hace que nuestros metros, autobuses y transportes públicos huelan tan mal como los poco amigos de la ducha. Y no es porque los españoles no se duchen, sino porque necesitan un jabón más fuerte, hecho con un material más perseverante que la grasa de marrano; este es la grasa humana. Así aunque uno se duche una vez a la semana, o como algún compañero una vez al trimestre, al menos esa vez durará un porcentaje notablemente más alto, haciendo de este país, uno de esos perfumados y sin parados en los que da gusto vivir.

Y es que no es esta la única ventaja de la limpieza, sino que por contrapartida nos quitaríamos este lastre de las colas del Inem y podríamos llamar de tú a nuestros colegas europeos, que tan generosamente abrieron las puertas del continente a nuestro país para que compráramos productos suyos que no necesitábamos, robarnos luego a golpe de deuda, y cuando ya nos habían absorbido todo el jugo, dejarnos ir. Naranja española en exprimidor europeo.

Pero tampoco es el menester de este artículo echar balones fuera y poner a parir a la madrasta que tan generosamente nos acogió, porque verdaderamente tienen razón aquellos que afirman que nadie nos puso una pistola en la cabeza para vivir una vida, que sobradamente sabíamos que no se correspondía a nuestro salario y esfuerzo. Y tampoco nadie nos amenazó para votar a presidentes a los que no les dejaríamos ni diez euros.

Es por todo ello por lo que es espero que mis compatriotas y allegados reciban con el mismo júbilo y entusiasmo la idea propuesta en el presente escrito, puesto no solo pretende acabar con una recesión económica espantosa, no pretende acabar exclusivamente con el efecto pernicioso de las glándulas sudoríparas españolas, sino que además pretende ser un foco de esperanza para toda una generación, donde los continuos estímulos materiales la habían llevado a un nivel de vida que nunca jamás iban a poder mantener.

II. Jabón a fondo

En una persona adulta, la proporción de grasa se sitúa entre el 15 y el 16 por ciento del peso total de su cuerpo. Así, por ejemplo, un hombre sedentario que pese entre 70 y 80 kilos tendrá unos 13 kilogramos de grasa. En la mujer estas cifras son sensiblemente superiores. Para 1 kilogramo de jabón se utilizan aproximadamente 243 gramos de grasa obtenida de la manteca de cerdo. Por lo tanto podemos llegar a fabricar unos 53 jabones por persona parada. Parados hay unos 5.770.300 millones de personas, lo que nos llevará a la siguiente conclusión:

Listos para vender en los sucesivos años tendremos 305.825.900 millones de jabones. Solamente como stock provisional para resolver nuestros problemas. Más luego como los jóvenes que están “ocupados” formándose, tampoco van a encontrar empleo, se mantendrá un flujo muy significativo de: parado entra, jabón sale. Es más, mi propuesta va más allá y propongo que si como país experimental España funciona y es menester a la luz de la sola razón y de los datos que así será, pues que apliquemos la misma política a toda la Unión Europea que tan desinteresada y generosamente nos acogió en su seno. Les daremos gratis la idea, y como los parados son un lastre, vengan del país que vengan aportaremos una gran solución a este continente cuna de la democracia y de las libertades.

Cualquiera que haya visto las cifras mundiales se da cuenta que tanto China como India, superando ambos los mil millones de población, solamente con los parados españoles –teniendo en cuenta que usaran una pastilla al año– no tendrían ni para enjabonarse la pantorrilla. Por lo tanto, y en vías de expandir nuestro negocio –hasta el infinito y más allá como es la naturaleza en la que está basado el capitalismo, hasta otra galaxia si el planeta se nos queda pequeño– propongo empezar con los PIGS *[1] , que al ser a los que más se ha robado son los que más paro acumulan.

III. ¿Cuánto ganaremos en términos económicos?

Indudablemente, esta solución que tengo a bien de proponerles, no solo resuelve el problema de qué hacer con tanta gente inútil y el problema de la higiene, sino que como efecto secundario nos trae el grato regalo de vernos convertidos en más ricos de lo que éramos en momentos pasados. Y es que por supuesto tenemos que tener en cuenta toda la industria y crecimiento que se generaría alrededor del jabón.

Al ser un jabón de altísima calidad hay que tener en cuenta de que venderemos la pieza  a unos 5€. Puede parecer un jabón un poco caro, pero hay que contemplar el costo sentimental del perder a un semejante, lo que encarece mucho el precio. Por lo tanto tendremos un beneficio para las arcas estatales del siguiente orden: 1.529.129.500 de euros. Para simplificar es alrededor de unos mil millones y medio de euros, que serían toda una inyección de liquidez y dinero para nuestra maltrecha economía. No solo eso, también tendríamos que contar con el enorme gasto del que nos hemos desprendido, al no tener que pagar el paro a cinco millones y pico de personas, si es que las podemos llamar así.

Todo este soplo de dinero y viento fresco, vendría muy bien para atraer inversores que quieran montar sus empresas en nuestro cada vez más despoblado territorio, así como para invertir todo el dinero recaudado y que nos sobra en I+D+i sobre como hacer mejores jabones aprovechando la grasa humana y utilizando eficientemente cada vez menos grasa.

Por otro lado, en nuestro continuo afán expansionista, podríamos hacer jabones exóticos por encargo en los países donde les sobre gente. Así mismo veo productos como: el Jabón Darfur, jabón Guantánamo, Jabón presos cubanos, Jabón disidente chino y por el último el más espiritual de todos: el jabón monjes tibetanos con esencias de bonzo. Ningún producto higiénico limpia tan bien el sudor represivo.

IV. Conclusión ¿La limpieza como solución?

Espero con obstinado ahínco que los lectores de este ensayo, antes de abrir la boca siquiera para respirar, propongan una solución alternativa o mejor a la presente, estrictamente pensada de acuerdo a la utilidad y a la racionalidad económica, donde todos son ventajas y los únicos problemas que se pueden generar son de índole sentimental, dado el caso de que alguno tuviera cariño a algún parata familiar o similares. Pero como demuestran reputados neurobiólogos, los sentimientos al fin y al cabo son sustancias químicas que genera el cerebro, y por tanto no podemos subyugarnos a tales bajezas surgidas de la tabla periódica y no podemos mermar el crecimiento económico del conjunto de la sociedad, simplemente porque matemos a gente.

No llevar a cabo esta Otra humilde propuesta nos condenaría sin duda alguna a años interminables de: recesiones, crisis, más crisis, crisis de las crisis que no lo eran tanto, y recisiones recesivas dentro de la recesión. Y no sé ustedes, pero yo con tal de no volver a escuchar a un economista hablar de cosas que son menos tangibles incluso que la filosofía, convierto en jabón a los paratas de mi familia e incluso a los de la suya, si les da pena.

¿Es por tanto, la limpieza higiénica de nuestro cuerpo a través de la limpieza de los parados la solución definitiva a todos nuestros problemas? Mientras lo somete a juicio, las cifras ya lo hicieron por usted.


*[1] Portugal, Irlanda, Grecia y España; el agudo lector se dará cuenta de que es una buena metáfora tan solo sea porque propone sustituir la grasa de cerdo por la grasa humana.

2 pensamientos en “Otra humilde propuesta

  1. En realidad, la composición de grasa de un hombre está entre 15-18%, y en las mujeres entre 20-28%. Esto seria suponiendo que no estén gorditos. Así que yo añadiría mas kilogramos de grasa para el jabón. ¡ Por fin los cerditos serán libres!
    En fin, espero que mi grasa corporal sea de buena calidad y forme parte de jabón con olor a jazmín! Porque deberíamos al menos elegir el tipo de jabón que queremos ser ¿no?

    • Osea que mis cifras serían sensiblemente superiores. Y no se puede elegir el jabón que eres. A ti te tocaría jabón con olor a contaminado, a polución madrileña. xD

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