Lugar equivocado, hora equivocada

Corredores en San Fermín

Corredores en San Fermín

Decían los antiguos griegos que los amados de los dioses siempre mueren jóvenes. Este es el caso que nos acontece, un joven mozo que no llegaba a la treintena fue el viernes literalmente fulminado por un toro con nombre de café: “capuchino”. Sin duda ha sido un buen mazazo para otros corredores, que ahora se lo piensan dos veces antes de ponerse a bailar entre pitones “archifinos”, que como agujas se clavan en la carne igual de ágiles que en un globo y su vida se desinfla igual de rápido que en este.

Han tardado poco la cadena de buitres, digo de televisión que emite los encierros en reclamar la exclusiva. Y en mostrar las imágenes donde se le escapa la vida. Donde se ve como está agachado y el toro como si de una bala se tratase pasa al lado y le fulmina, pareciendo más un francotirador que una masa de  media tonelada de puro músculo.

Los toros es lo que tienen. Que casi nunca muera nadie no significa que no pueda morir. De ahí el encanto, la magia de jugarte el gaznate, su formidable belleza y el salto en el corazón cuando alguien resulta cogido. No hablo de oídas, he visto como a gente se le iba la vida a unos metros de mí. El todopoderoso hombre reducido a trapo ante tan bravo animal.
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Dilemas del toreo

Plaza de Toros de Las Ventas

Este lunes estuve en la plaza de toros de las Ventas viendo una novillada. Un amigo mío ese mismo día por la mañana me invitó a presenciarla y yo tras meditarlo un buen rato, acepté. A mi amigo le impresionó que me lo pensara tanto pero es que tengo mis razones. Porque en definitiva pienso que los toros al igual que la vida, son una tremenda contradicción.

Por un lado había una parte dentro de mí, que me decía que era un espectáculo bochornoso donde se mata un animal (soy un firme defensor de los animales). Ya sabéis el famoso eslogan: “la tortura: ni arte ni cultura”. Y por otro lado tenía en mí la sensación de mucha hipocresía. Demasiada hipocresía. Algo así como una serie de personas que te dicen, esto es una tortura y me quejo y me manifiesto para que lo prohíban, pero esto otro (que es mucho peor) no lo es.

Lo que quiero decir es que esta gente que se despelota delante de la (realmente bonita) plaza de las Ventas y se llena de kétchup las tetas y el cimbel mientras que los viejos que miran se acoplan el babero, son los mismos que acto seguido entran en una cadena de comida rápida donde sirven vaca, cerdo y pollo, cuya vida no ha sido precisamente el paraíso del amor y respeto a los animales que ellos tan chupi guay osea, reivindican.
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El cangrejo de los cocoteros

Este impresionante cangrejo, tiene la peculiaridad de abrir con sus potentes pinzas cocos, aparte de poseer un gran tamaño, también destaca el hecho de que sean de ese color azul tan llamativo, que varía según la zona donde habiten y que no todos lo tienen (la mayoría son marrones). Me limito a poner imágenes y a referiros al artículo de la wikipedia porque esta muy bien explicado y abunda la información:

El cangrejo de los cocoteros (Birgus latro) es un crustáceo decápodo de la familia Coenobitidae; es el artrópodo conocido más pesado que existe (el cangrejo más grande por longitud es el cangrejo gigante japonés). El cangrejo de los cocoteros es una especie de cangrejo ermitaño cuya habilidad característica es abrir cocos con sus fuertes pinzas para alimentarse con el contenido[…]

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Pelusa, la osa polar morada

Se trata de una osa polar de 23 años de edad, que se encuentra en el zoológico de Mendoza (Argentina). Se llama Pelusa y es la principal atracción del zoo. Su peculiaridad (la de ser morada), ha sido provocada por estar sometida a un tratamiento de dermatitis, que incluía la exposición a sprays antisépticos —parecidos a los que los pediatras usan con los niños— que le ha dejado este color violeta oscuro tan peculiar.

La han tenido que separar de su compañero (un oso polar llamado Arturo), para que el tratamiento se pudiera llevar a cabo con sin ninguna clase de peligro o alteramiento. El colo de la osa Pelusa, no iba a durar mucho más ya que después de un veintena de días cuando acabase el tratamiento y la osa se pudiese bañar, ese color morado desaparecería. Hasta entonces el zoológico hace negocio.
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