Verano y subvencionados

Estamos en agosto y sigue el calor, pero más acentuado. El cocido madrileño está aún más cocido. El calor aprieta y todos los que tienen billetera, familiares con recursos o unos padres generosos huyen de la capital. Bien hecho. Mientras tanto, los que quedamos a bordo, nos aferramos a lo que sea. Véase: un bote frio de coca-cola, un aire acondicionado, o una piscina caldeada. El verano no es para estar en Madrid. El verano es para invadir las costas alicantinas por ejemplo. O para irse a territorios gallegos que todavía duermen arropados, o incluso para irse al sur a comerse unas buenas tapitas de pescaitos y piropear morenas guapas.

Lo que más gracia me hace de todo, es que hasta incluso los mendigos que tan frecuentemente piden por las calles del centro de Madrid, han desaparecido. En esta España cañí también ellos se van de vacaciones. Y es que como en todos lados, hay mucho hijo de puta que empaña el oficio. Y los mendigos que son de verdad quedan como Cagancho en Almagro… Y ahora al igual que en el funcionariado y en todos los demás trabajos, hay un overbooking por la crisis. Porque para muchos el pedir es un oficio. Cada uno se busca la vida como puede oiga…
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Cae abatido

Alcanzo a mirar por la ventana y veo otro tren igual pasar...

Un hombre de cuarentena entró en el vagón del metro. Estatura normal, barba mal afeitada de dos días, chándal de tonalidades grises. Acompañado de una cazadora vaquera extremadamente pequeña, de la que sobresalía la capucha de una sudadera raída, de esas que te pones para correr en invierno. Me fijé en su cara, y en lo oscuras y profundas que eran sus ojeras. Tenía la cabeza mal afeitada y antiguas cicatrices, de esas que solo ves en la gente de vida perra, como los marineros, con la piel muy cuarteada por el mar, la sal y el viento. Se acomodó a mi lado, entre el traqueteo del metro que salía de la estación y se internaba en la incierta oscuridad. Y cuando vio que la parte central se quedaba libre, sus palabras empezaron a bailar:

-Buenos días, me da mucha vergüenza decir esto, pero después de dos años de desempleo y con dos hijas…

Las personas en rededor echaron sus manos al bolsillo en gran número, sobre todo hombres, de la misma edad, con más fortuna que él, pero sabedores de lo que es tener dos bocas que alimentar. La suerte un día puede cambiar, nunca se sabe.

-Si pueden ayudarme –continua- con lo que buenamente puedan, les estaría…

-¡¡Plaf!!

Como un tronco recién serrado cae abatido. Le han dado en el cuello, y de este sale miseria a borbotones. Instintivamente me agacho y conmigo todo el metro, no se sabe quién ha disparado, ni siquiera de dónde viene la bala. El hombre tiene los ojos en el vacío, y yo y otro usuario nos acercamos para retirar el cuerpo cada vez más inerte. Ahí pegado a la puerta, hacemos presión en su herida, pero la miseria es tan grande que es imposible taponarla y pronto todo el vagón se empieza a inundar. Todos flotamos en ella. La miseria empieza a salir por las puertas debido a la presión. Alcanzo a mirar por la ventana y veo otro tren igual pasar a toda velocidad dejando un rastro similar en los raíles. Ya solo me pregunto si llegaremos a la próxima estación…

Summertime

Es tiempo de fornicio, de algarabía joder, de aliviar tensión...

Me despierto con la sensación de haber cambiado de siglo. Así es como cada año me doy cuenta de que ha llegado el verano. Una sensación desagradable, de agobio, de aire enrarecido, de sol que me hace entornar los ojos y calor, mucho calor. Madrid es una olla a presión en medio de un desierto. Me siento como un garbanzo de nuestro castizo cocido. Por ello afeo la conducta a quien osa degustarlo. Odio la gente que come lo mismo independientemente de la época del año, sin saber aprovechar los momentos propicios que da la tierra para degustar sus frutos.

Es en este momento cuando veo que se va a acabar el año, y no en diciembre como debiera ser. Es en estos días cuando me invade la nostalgia de que ya no volveré a ver dos mil nueve, pese a llevar seis meses fuera de él. Podrá deberse quizás a que es cuando acaba el año académico. No sé a quién se le ocurrió la maldita idea de poner la parte más importante del curso en junio. Parece idea de un mono borracho, y tiene el mismo sello de quien creó este mundo. Uno de los tres peores meses para estudiar, con las piscinas abiertas y las mujeres (y hombres) más ligeritos de ropa, mostrando sus cada vez más fofos cuerpos.

Es tiempo de siesta y de pereza. Es tiempo de mandar todo al diablo, y buscarse una sombra donde guarecerse. Es tiempo de fornicio, de algarabía joder, de aliviar tensión. Es tiempo -como decía una amiga- de sentirse sucios, emborracharse y fingir orgasmos. De ser unos malditos cerdos, de dejar de reprimir lo que el jersey de cuello alto no nos deja ver el invierno. Es tiempo de escuchar a Janis Joplin. Es tiempo como dijo James Dean de vivir deprisa y dejar un bonito cadáver. Odio el puto verano joder. Representa todo lo que podemos pero jamás llegaremos a ser…

Se les fue de las manos

Israel hace de tapón -y de matón-, frente al mundo islámico por esa parte...

Creo que estarán de acuerdo conmigo. El conflicto entre Israel y Palestina es algo que ya dura demasiado. Es un conflicto que ya huele, pero que a los países occidentales nos viene de perlas. Israel hace de tapón -y de matón-, frente al mundo islámico por esa parte. Por eso no ha de extrañarnos que la ONU no lamente lo ocurrido. Lo malo llega cuando a Israel se le va el asunto de las manos como en esta ocasión. Que la hipocresía de este lado del mundo ya no nos vale, porque a Israel no hay quien lo defienda.

Una flota de barcos, llamada “flota libertad”, pretendía llegar a los puertos de gaza con ayuda humanitaria. Esa zona está tajantemente prohibida, pero los activistas la saltaron para romper el bloqueo israelí que se mantiene sobre Gaza -o eso dicen-. Israel insiste en que son ellos los que aportan ayuda humanitaria a los refugiados palestinos, pero aquí cada fulano te cuenta su versión de la historia. Una rebeldía la de los activistas, que no tendría que haber pasado a mayores que la actuación de una policía marítima en todo caso.

Pero lo que ocurrió no fue eso, sino que en estos momentos hay una decena de muertos puestos sobre el tapete de Israel, tras una intervención exagerada del ejército, matando a civiles en aguas internacionales. El gobierno Israelí se excusa diciendo que fueron agredidos, y casi casi que fue en defensa propia.

Este no dejará de ser otro episodio más, entre un conflicto largo y cruel. Entre Israel que es un matón y Palestina que no se queda atrás. Entre medias, inocentes civiles de ambos bandos que nada tienen que ver y que son los que pagan los platos rotos. Y por detrás de todos ellos, está Occidente, alentando la pelea de gallos, para ver quien muere primero.

Ya sabemos el por qué

Argentina era el granero de Europa...


Hoy me ha llegado oficialmente el carnet de la universidad. Les recuerdo que estamos en mayo. Lo pedí antes de semana santa. Entre mi dejadez y la del funcionario solo lo podré usar un mes. Hasta entonces usaba el DNI para coger libros. Y el bibliotecario me miraba de igual modo que los puertas de una discoteca, con la ventaja de que aquí visto como me sale de los huevos y no hay derecho de admisión (de momento).

Un amigo mío me ha dicho que lo pedirá mañana en vistas del curso que viene. Le he dicho que de igual modo yo empezaré a estudiar mañana, también con vistas al curso que viene. Mientras tanto en la universidad me asalta el siguiente pensamiento:

Max Weber se opuso radicalmente a que Alemania comprara trigo Argentino. Alemania lo necesitaba, y a los políticos se les ocurrió la idea de comprarlo a un país en el que susodicha materia abundaba. Pero Weber se dio cuenta demostrando su agudo ingenio que cuando compras algo a alguien, no solo compras el susodicho producto sino que también compras la manera en que se ha hecho, lo que han pagado al agricultor etc.

Argentina era el granero de Europa y su población pasaba hambre. Weber no quería seguir financiando a los caciques cabrones que vivían en la opulencia gracias a la semiesclavitud del resto del país. Además se importa de alguna forma el mismo modelo al país comprador. Me pregunto en qué país subdesarrollado se ha ensamblado el ordenador desde el que tecleo contra esa injusticia. Hoy he caído en la cuenta de que no llegaré a la altura de Weber. Ya sabemos el por qué.