Otra humilde propuesta

Que tiene por objeto evitar que los parados sean una carga para el Estado, ciudadanos  y demás gente de bien; y hacer que redunden en el beneficio del resto de la sociedad. 

I. Introducción

Es propio del buen ciudadano ayudar al gobierno de su nación en época de crisis y convulsiones financieras. Ante las reiteradas quejas del ejecutivo por la falta de ideas efectivas para resolver el drama del paro, me veo en la obligación de aportar ideas que saquen a mi maltrecho país del atolladero en el que se ha metido.

Todo el mundo sabe que el paro es una coqueta dama a la que le gustan los maquillajes, y pese a que desde el gobierno nos digan que anda por el 21%, 22% o 23%; eso significa que andará 3 o 4 puntos por encima. Para redondear –pues no es cuestión de que el presente escrito deprima a las personas de bien, ya que trato de aportar soluciones y no meter más el dedo en la herida– andaremos por el 25%. Es decir, que 1 de cada 4 personas que en España tendría que estar trabajando no lo puede hacer. Sin contar con los jóvenes que encadenan titulaciones, másteres y doctorados como si de cromos se tratase y aparecen en las estadísticas como “ocupados”. En el caso de los jovenzuelos el desempleo ronda el 50%. Es decir, que uno de cada dos que quiere trabajar no puede; y el otro, pues se coloca en Telepizza.

Sigue leyendo

Cuento de Halloween

Sé que hoy es un día especial para la mayoría de los lectores. El día de todos los santos es la fecha oficial marcada a fuego en el calendario para recordar a las personas que se fueron para no volver. A su vez, ayer día 31, se celebró en todo el mundo Halloween, costumbre típicamente anglosajona que se ha asumido en nuestro país con una naturalidad de vértigo, convirtiéndose en la excusa perfecta para empinar el codo.

Quería regalarles tal día como hoy, una columna que escribió el año pasado en este mismo día, el genial prosista Ignacio Camacho para ABC. Uno de los pocos columnistas de opinión que merece la pena leer hoy en día. Encontraréis en este cuento una profunda reflexión sobre ambas fiestas, y la marcada diferencia generacional que existe a la hora de velar la memoria de nuestros seres queridos. Que la disfruten:

CUENTO DE HALLOWEEN

Al salir para el cementerio echó un vistazo al cuarto de su hijo a través de la puerta abierta. La habitación vacía, la cama intacta aún y por el suelo algunos restos de envoltorio del disfraz de Halloween con el que había salido la víspera. Cerró por fuera mientras su mujer recogía el ramo de flores y le siseó con el dedo en la boca como si temiese despertar al adolescente que aún no había vuelto. Lo prefería así, una mentira piadosa para evitar que ella bajase preocupada por la previsible resaca del muchacho en esa mañana en que a los dos les gustaba recogerse sobre la memoria de los ausentes, sobre el rito íntimo de la lucha contra la soledad y el olvido de la muerte.

Sigue leyendo

Los tertulietas

Ejemplo de los tertulietas que aparecen en la TV

Están en todas las cadenas. Seguro que no han escapado a sus televisivos ojos. Los “tertulianos”  mejor llamados “tertulietas” –llamarles del primer modo seria despreciar los ancestrales coloquios y cafés literarios– acechan en cada esquina de la parrilla televisa para soltarles su opinión. ¿Sobre qué? No importa. Debe de ser la primera vez en la historia de la oratoria y argumentación, en que lo importante no es lo que digas, sino que digas algo. Así mismo, no es difícil ver a estos a estos sacamuelas opinando con el mismo fervor religioso de un partido de fútbol, de las medidas económicas del gobierno, del asesinato de un menor o incluso de la energía nuclear pros y contras bis en tres entregas.

Su desfachatez es tal, que encima de ser los alumnos más aventajados del Libro Gordo de Petete son machacones consumados. No es difícil ver al mismo fulano –o fulana– en un programa de “actualidad” –de asesinatos y prensa rosa– por la mañana, y en el mismo día verle en otro programa de “actualidad” de otra cadena por la noche. También ojeas estupefacto el periódico y encuentras allí su menesterosa opinión. Cuando uno, desabrido de todo se tumba en la cama y  pone la radio colapsado ante la falacia argumental y retahíla de opiniones manidas, resulta que también está en la tertulia política de turno, contando lo mismo que ha dicho en la tele, en el periódico y hasta en el mismísimo desayuno con su mujer.
Sigue leyendo

Los ojos del abuelo

Tras meses meditándolo había tomado una decisión: iría a verla. No aguantaba más los estragos de pensar en ella. Los estragos de la soledad y de sentir que, pese a todo, la seguía queriendo. Era algo que no podía controlar, ajeno a mí, como un cadáver hundido en el fondo del mar, que tarde o temprano las mareas sacan a flote. Intentas echar la culpa  a tu debilidad, a la falta de entereza. Prometiste que no lo harías. Te lo debes a ti mismo. No te traiciones. Todos aquellos que has conocido al final se han ido. Te han dejado solo en este imperio de mierda.

Era sábado y todo el mundo estaba metido en los bares. Había partido de fútbol, de esos importantes que a mí jamás me importan. Pero es un secreto que me has de guardar, puesto que no saber de fútbol hoy en día es pasaporte seguro a la marginación y el ostracismo. Me encontraba en la filmoteca viendo una de esas pelis de cine gore de los ochenta. Era una buena película pero todos los demás estaban viendo el fútbol. La película se paró a la mitad. Seguramente  el proyeccionista estaba escuchando el partido por la radio y se le paso cambiar de bobina. Eso me desoló un poco más.
Sigue leyendo

No se lo digas a nadie

Se mecía al vaivén del viento como una rama rota que está a punto de quebrarse. Su espigada figura, contrastaba con el grueso del tronco del árbol. La tensión de la fina pita alrededor del animal, parecía que fuera a ser perpetua. Su cuello roto estaba pelado, mostrando zonas de carne color rosáceo. Esta zona asfixiada de su gollete, parecía no pertenecer al animal, que por lo demás, era precioso. A pesar incluso, que palideciera en los miembros superiores debido a toda la sangre acumulada, consecuencia del lapso de tiempo acontecido desde el ahorcamiento.

Un tajo color de acero sesgó el aire, llevándose con él, la pita y el perro muerto. Cayó al suelo con un ruido sordo, como de muerte, que espantó a un pájaro que anidaba en el árbol. Un agente de la Protección Nacional de Animales, con un cuchillo en una mano y, una bolsa de plástico negra en la otra, se agachó a recoger al animal y lo metió en la fina bolsa. Desde lejos parecía un tipo normal, con una bolsa de la colada, llena de ropa mojada y por tender.

No le gustaba nada aquel asunto. Demasiadas muertes aquella semana, y no solamente de animales. Mejor será, que no se lo digas a nadie.