Madrid

Calle del Cordón

Al igual que como decía Raúl del Pozo: «Cuando estoy fuera de Madrid me muero de melancolía…”. Para mí, no hay ciudad más bonita y más mágica. Aunque me queje de los que la maltratan, y abren en canal para realizar obras faraónicas. A juicio del buen viajado puede resultar una ciudad mediocre y poco espectacular. Pero si sabes buscar entre las calles que se ocultan al turista-masa y que están en derredor del centro, la sensación de vuelta al pasado es indescriptible. Por citar diré, la calle del Cordón, que aunque sea relativamente conocida, su belleza es sublime. El Madrid antiguo está lleno de alatristes, mendigos y borrachos, de bohardillas que mi altanera imaginación sueña con habitar, en noches de interminable bohemia y vida en el centro. Me gusta que haya muchos bares, muchas iglesias y conventos, reflejo de la España que fue. Es una ciudad melancólica que añora los días en que se irguió capital del mundo. Ahora es la capital de la fiesta, con permiso de las islas ibicencas. Eso no merma ni un ápice su belleza. Es la ciudad más tolerante del mundo.

Imagen cortesía de Jemotilla.