El Sueño

El rumor de los pájaros agudizaba sus oídos, y a medida que se disipaban, se iba relajando, paulatinamente. Se hallaba debajo de un viejo manzano, el cual, aunque tuviera muchos años seguía dando hermosas y grandes manzanas. Se fijo en las más próximas, estaban cubiertas del rocío de la mañana, y pensó. Pensó en la vida, pensó en la muerte, pensó porque pensaba, y pensó en lo que haría, en el futuro. En como le gustaría que fuese su futuro. Le gustaría ser escritor, se dijo, le encantaba darle a la tecla, le gustaría ser honrado, para poder dormir tranquilo. Le gustaría tener una familia a la que no le faltara de nada, él siempre viviría con lo mismo, sus sueños. Le gustaría tener voluntad, para hacer lo que se propusiese. Desearía ser justo, y no juzgar a la gente por su primera apariencia. Desearía ser culto y lúcido, para poder entender el mundo (aunque no estaba muy seguro si los cultos lo entendieran). Desearía tener tantas cosas, pero asombrantemente, ninguna de ellas material. No es que fuese un tipo raro. La mitad del planeta se muere de hambre y la otra mitad colesterol (como dijo alguien una vez), él nació en esa segunda mitad del planeta. Tenía un último sueño, comprarse un pequeño velero donde jubilarse y poder navegar por un mar de rojos atardeceres…

 

Se levantó con ánimos renovados. Salió rápidamente de aquel huerto no sin antes coger una manzana ya madura. Mientras andaba, taciturno y pensativo, llego a la conclusión de cumplir todo lo que había pensado. Sería duro, pero merecería la pena intentarlo. Llego a su destino, y el mar de rojos atardeceres se convirtió, en un mar de blancos plásticos, y olor a invernadero.