Un seguro no tan seguro

Incauto firmando el seguro

Incauto firmando el seguro

¿Saben una cosa? Tengo carnet. Me refiero al carnet de conducir. ¿Y qué? –se preguntarán-. El noventa por ciento del mundo lo tiene. Pues oiga, ese es el maldito problema, desde que me lo he sacado no sé qué hacer con él. Lo subasto, lo vendo al mejor postor. Creo que en estos tiempos hay más gente con el carnet de conducir, que con el carnet de identidad…

-¡Imposible!- me dirán. Pero si para el de conducir es necesario el primero. Es más, el de identidad es otorgado nada más nacer… Ustedes dirán misa y luego la cantarán en gregoriano, pero yo les digo que una cosa es tener carnet y otra muy distinta es tener “identidad”. Y quien quiera darse por aludido que se dé. Por esa misma regla de tres una cosa es tener carnet de conducir, y otra muy distinta es “conducir”. Y obviamente aquí el escriba por no coger, no coge ni el volante de la videoconsola.

El caso es que tras dos meses de papeleos, exámenes y apoquinamiento extremo (las tasas dejaron mi cuenta bancaria temblando, que para eso si que tienen prisa los cabrones) conseguí el carnet. El día después de que el examinador (por cierto era más serio que el Jefe Indio Caballoloco) me estampase el sello de APTO, me presente en mi compañía de Seguros. Contento, dispuesto a firmar  mis últimos papeles burocráticos y salir de allí mismo “motorizado”.
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Sobran libros cabronazo

Libro abierto | Foto: www.librosyliteratura.es

Libro abierto | Foto: librosyliteratura.es

Mira chavalote, no te voy a engañar, tu literatura sobra. Las bibliotecas son espacios limitados, para tanta tontería ilimitada que se publica en papel. Los árboles del Amazonas que se talan para que salgan tus letras, se podrían aprovechar para hacer papel del váter. La próxima vez, imprime en este formato, así por lo menos podrán hacer con tu libro algo útil. Podrán plasmar lo que de verdad piensan de tu obra en tu obra. Es más, casi mejor es que no escribas. Ya que el hecho de que se impriman tus novelas, hace que toquemos a menos oxigeno. Nos robas el aire. Muchas gracias cabronazo.

Si esto no te disuade, piensa que El Quijote ya está escrito. Que tú no tienes nada de Ingenioso ni de Hi-de-algo, bueno sí, tienes algo de Hideputa. Y querido mío, por muy ególatra que seas, jamás superaras a Don Miguel. Ya nadie va a superar a Don Miguel de Cervantes, a Shakespeare o a Homero. Entonces, ¿vas a seguir escribiendo para ser algo que jamás la historia te va a dejar conseguir? Quieres seguir tu american dream y que la gente te vea por la calle y lloré de emoción, las mujeres te enseñen un pecho para que se lo firmes y los editores se peguen por decir que ellos fueron los que en verdad te descubrieron. ¡Oh no! Ya sé lo que por las noches entre delirios de grandeza sueñas. Sueñas con el Nobel de literatura. ¡Coño! ¡Pero si se le han dado un Nobel hasta a Obama! ¿Por qué a ti no? Puede que hasta tú te lo merezcas más.
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Una historia de perdón

El Papa tras los disparos

El Papa tras los disparos

El Papa siempre ha sido a lo largo de los siglos una figura controvertida. Un tanto hipócrita dirían algunos, por una parte predicaban –y aún predican hoy– el mensaje de Jesús, y luego desarrollan sus vidas de manera exactamente contraria a la que proponen a sus fieles.

Vistiendo ropas caras, llevando cruces de oro y viviendo definitivamente en el lujo, etc. Proponiendo medidas en África que van en contra de la lógica, como el uso del preservativo. Pero bueno eso es algo que todos ya sabemos y no es que les venga a contar nada nuevo. Lo que sí quería contarles es una historia que tal vez conozcan, una historia de perdón.

Ocurrió un trece de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro en el Vaticano. Por la fecha sabemos que era el Papa era Karol Wojtyla, más conocido por Juan Pablo II. Como casi siempre la plaza estaba abarrotada de fieles y Juan Pablo se acercaba a ellos desde un todoterreno Toyota, especialmente adaptado. Las madres le daban a sus hijos para que los bendijese, tiene varias veces algún niño entre las manos que rápidamente devuelve con una bendición…
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Dos peloteras

Dos discusiones

Dos discusiones

Recuerdo dos anécdotas que me han pasado este verano. Las dos bastantes bochornosas y desagradables. Era a mediados de agosto y me dirigí a un concesionario de Seat –concretamente el que está cercano a los rascacielos en Madrid- me dijeron que era el más grande y de los mejores. Me dirigí al fondo del concesionario y había dos mesas libres y un señor esperando. Aguardé detrás de él. En una de las mesas había un hombre, en la otra una mujer. Eran los que atendían al público. La mujer pasaba un poco de nosotros y se liaba a hacer cosas, y a andar de arriba para abajo.

Tras esperar unos diez minutos que se me hicieron insufribles, el hombre que estaba antes en la cola acabó y llegó mi turno. Hablamos de coches, de la equipación, etc. La mujer que yo visualizaba por el rabillo del ojo seguía en su mundo atareada. En esto que llega otro cliente y se pone a esperar de igual modo que yo hacía cinco minutos, en esto que el empleado que nos atiende suelta:

-¡Hay clientes! ¡Puedes atenderlos que no estás haciendo nada!

-¡Tengo muchas cosas que hacer! – le espeta la mujer.
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Ensayo filosófico: el problema del mal

Gárgolas de París | Foto: Taringa

Gárgolas de París | Foto: Taringa

No sé hasta qué grado os habréis preguntado: ¿por qué existe el mal? O más bien, ¿qué es el mal? ¿Por qué de las personas brota? ¿Son malos los animales? ¿Es el ser humano el único ser malo? Y un cúmulo de preguntas de semejante o igual índole, que no sé a vosotros pero a mí me han atormentado y hubiera dado la mitad de mi vida por alcanzar su respuesta. Como sabréis, la filosofía se plantea muchas preguntas, pero se obtienen pocas respuestas. Allá vamos.

En primer lugar, el mal en cierto modo no existe, según por ejemplo los Escolásticos el mal es la ausencia de bien. No es que la persona tal o cual sea mala, sino que no es buena. En cierta manera esto es cierto, pero por otra parte no deja de ser una tontería supina o una mera observación. La filosofía oriental nos da algunas claves al respecto en todo lo relativo al Ying y el Yang. El bien y el mal. Uno no puede existir sin lo otro.
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