Sigo hambriento

Es jodido saborear la traición, derrota y humillación...

No quería abandonar el año sin un último escrito, sin una última valoración sobre este ciclo que abandonamos, y que quedará definitivamente enterrado en uno de los abarrotados cajones de la memoria. Por si acaso y para no caer en el olvido periódicamente escribo artículos, con la esperanza de que en la vejez pueda recuperar estos años que jamás volverán.

Es una verdad dolorosa, pero el tiempo pasa y con él las oportunidades. Será cuestión de las fechas en que nos encontramos pero tengo la angustiosa sensación de tirar la vida. De estar dedicando mi tiempo –ese que jamás volverá– a castillos de naipes, a molinos de viento que susurran ser gigantes. La tengo desde que descubrí como ya nos informara Haruki Murakami, que la universidad estaba para aprender que las cosas verdaderamente importantes no se aprenden en la universidad.

Este lapso que por fin cierro ha sido con toda probabilidad el año más duro de mi vida. Pero quizás por ello el mejor y el más revelador. Ha sido el punto y aparte en muchos terrenos. Pero quizás el más enfangado haya sido el sentimental. Es sin dudarlo un instante, el más doloroso.

Es jodido saborear la traición, derrota y humillación varias veces en un año. Es como cuando la boca te sabe a sangre después de una pelea que acabas de perder. Al fin y al cabo el amor la mayor parte de las veces consiste en eso: en saber perder. Como al ganar no me quejo, tampoco lo haré al perder. Esa ha sido mi filosofía. Pero no puedo evitar pensar que hasta el momento solo he perdido. Por un lado eso me desamina pero por otro lado más grande, me anima. Y es que sin dudarlo ni un segundo la victoria está más cerca. Estoy un paso más cerca.
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Justificación de las armas en los EEUU

Desde luego que un atracador se lo pensaría dos veces...

Uno de los temas recurrentes a la hora de hablar de EEUU es el de las armas, y la  “permisividad” de la población americana al respecto. Es una de las cosas que más chocan al europeo de a pie cuando se habla a grandes rasgos de la primera potencia mundial. ¿Cómo puede Estados Unidos permitir que sus ciudadanos vayan armados? ¿Cómo después de las desgracias acontecidas en institutos y colegios, de matanzas a manos de los propios estudiantes con fusiles de asalto, pueden seguir sin ser prohibidas?  ¿Es seguro un país donde hay tanta facilidad para matar al vecino? ¿Se puede fundamentar de alguna manera ese irracional amor a ir armado?

Para resolver todas estas cuestiones hay que echar mano de la historia. Estados Unidos no fue ni de broma un país tan extenso como hoy en día lo conocemos. Al principio fueron trece colonias que se rebelaron contra la metrópolis inglesa –afincada en Londres–, por la sencilla razón de que Inglaterra albergaba muchos enemigos y no les dejaban comerciar libremente, además les cobraban unos impuestos abusivos y sin fundamento. Por lo tanto, tenemos trece pequeñas colonias rebeldes situadas al este de un país enorme y salvaje. A medida que pasaban los años y ya se constituyeron –no sin altercados– como un único país, empezaron a surgir movimientos expansionistas hacía al oeste, fomentados por los dirigentes políticos y por el ideal americano de hacer riqueza. Además empezaron las grandes oleadas de inmigrantes europeos en busca de un futuro mejor y por ende aumentó la población. Debido a todas estas razones llegó un momento en que la burocracia del joven estado no llegaba a los sitios fronterizos, nuevas tierras alejadas que si bien hacían crecer el país, impedían que a esas zonas llegara la justicia del estado. Es por ello, que o te tomabas la justicia por tu mano, o no había justicia. He aquí uno de los porqués del tradicional uso de la armas, aparte del evidente uso para defenderse de fieras salvajes y de los indios –estos últimos sucesos apenas eran frecuentes pese a que lo veamos en el cine–.
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Todos los hermosos caballos

Era un pura raza. La promesa de un semental. Ese caballo subversivo y salvaje...

Aquellas hermosas praderas se extendían más allá de sus ojos cansados. Colina abajo pastaba la manada de caballos después de no haber visto en días el verde. El viento era gélido, pero a aquellos animales no parecía importarles. Era un día soleado de invierno. Agachaban sus cabezas, inclinando la cerviz y su largo cuello en movimientos muy pausados. Era una manada muy grande, de unas cientos de cabezas. Había varios vaqueros diseminados en puntos estratégicos de la colina. Estaban montados en sus propios caballos domados y ensillados, observando a esos animales que Dios quiso que fueran los más hermosos. En la manada predominaban los caballos marrones y zainos, pero destacaba un caballo blanco con las grupas moteadas de negro. Un caballo rebelde, que había hecho sudar a los vaqueros en las setenta millas que llevaban recorridas. Era un pura raza. La promesa de un semental. Ese caballo subversivo y salvaje que tantos problemas daba valía por cuatro. A parte de eso, debido a su carácter y una vez domado, posiblemente sería la montura más fiel que cualquier vaquero hecho a la vida dura de los pastos pudiera desear.
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Tristes chistes

En la vida hay pocos escuderos fieles.

Ya lo decía Winston Churchill: “La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son.” Muchas veces al comprender que jamás llegaremos a ser todo lo que anhelamos nos evadimos, buscamos realidades alternativas a la nuestra, otros mundos donde realizarnos, como por ejemplo el de internet. Un mundo en el que poder ser de alguna forma lo que siempre se quiso, y por circunstancias extrínsecas o intrínsecas no lo logramos.  De ahí el éxito de juegos como Second Life, consistente en un mundo semejante al actual donde tienes libertad para hacer con tu vida lo que siempre quisiste hacer con ella. Lo malo de usar en demasía la imaginación es que puedes llegar a convertirte en una caricatura de ti mismo, en un Don Quijote fantaseado por nuevos molinos del siglo XXI. Lo malo de una extrema imaginación es que no fomenta la sociabilidad, porque es algo individual, que en cierta manera solo vives tú. Siempre quedará algún Sancho Panza que te siga el juego, pero en la vida hay pocos escuderos fieles. La fantasía no deja de ser una coraza protectora contra la violencia y fragilidad de la vida. La fantasía no deja de ser una coraza contra la idea de que somos mortales. La fantasía es una vía de escape al león racional. La fantasía es importantísima, pero es perjudicial llevarla al extremo.
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El hombre fair play

¿Ve cómo le toman el pelo?

En la vida hay dos tipos de personas: las que joden y las que son jodidas. No hay posible escala de grises. Y la vida básicamente se reduce a: unos que intentan joder todo lo que pueden, y otros –los más– que intentan no ser jodidos. Usted al igual que yo, es probable que pertenezca al segundo grupo. No oiga no, no me lo vaya a negar. Mírese el culo. ¿Le duele? ¿Sí, verdad? Pues le han jodido, no hace falta un máster ni idiomas para saber  –por mucho que digan los educadores– cuándo uno es un perfecto mierda. Y usted lo es oiga. ¿Acaso el presidente del gobierno sabe idiomas o  tiene un máster? No, ve que no. Y mira donde está, jodiendole pero bien, a pesar de que usted cuenta con: tres carreras, siete idiomas y más títulos y medallas que el puto general Patton. Pero que burra le han vendido oiga, ¿para qué tiene tantos? ¿Hace colección? ¿Los subasta? ¿Los revende? ¿Le desgrava hacienda? ¿Ve cómo tira la vida?

Oiga no se me abochorne. No oiga no, ni se me ande quejando. Encima de jodido, plañidera. Lo tiene usted todo. Asúmalo que no pasa nada. Repita conmigo como en los libros de autoayuda a los que es aficionado: Soy un mierda. Soy un mierda. Yo lo asumo. Yo lo asumo. Oiga fenómeno, es usted un figura, le nombren ministro. Ah no, que es usted un hombre estudiado y honrado, o eso es lo que dice su currículo. Nada nada, no puede ser. ¿Qué pensaría el electorado? Ya sé lo que le pasa. Usted es un hombre fair play, de juego limpio que dicen los angloparlantes. ¿No conocía la expresión verdad? Así le va oiga. Pues muy mal. La vida es como un casino ¿Has visto salir a alguien forrado de un casino? No oiga no, vaya negocio si fuera así.  Los únicos que salen forrados son dos: los tipos del casino y los que hacen trampas. Para que estos dos ganen tiene que haber muchos otros tipos como tú que pierdan. Pues en la vida igual. No se puede ser justo en un mundo de tramposos. Esto es lógica pura chaval, dos y dos.
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