Cómo sacarte el DNI a la primera

aristoteles
El Jodon Politikon de Aristóteles

Muchas veces me he preguntado qué es lo que necesita alguien para ser considerado  un ciudadano. A lo largo de los siglos los requisitos han ido cambiando, en Grecia a modo de ejemplo, había que ser varón, adulto, nacido en Atenas, haber pagado tus impuestos y haber roto al menos tres estatuas –contribuyendo así al fondo de ruinas nacionales–. Un ejercicio durísimo comparado con la clase de examen que tiene que hacer uno para sacarse el carnet de identidad hoy en día, que se reduce a: escurrirse por una vagina.

¿Por qué nos tenemos que sacar carnets para una cosa y no para otras? Por ejemplo, ¿qué es peor? ¿No saber conducir y matar a alguien? ¿O no saber votar y elegir a alguien digamos “inconveniente”? Los que votaron en Alemania en el año treinta y tres a un tal Adolfo hubieran ido a septiembre. Entre atropellar a alguien con el coche o montar una  guerra mundial me quedo con lo primero, porque al menos uno se puede dar a la fuga, pero con la guerra mundial… ¿A dónde te vas? Aunque pensándolo bien lo bueno de las guerras es que son la excusa perfecta para quitar gente de en medio. Un gran estadista hizo un estudio sobre los conflictos bélicos concluyendo que es cuando más muertes de suegras se producen. También por pura “casualidad” los patios de vecinos se quedan bastante despejados.

Por eso mi idea es que haya autoescuelas para la identidad, y al igual que hay que desarrollar una serie de habilidades para poder conducir un coche, de igual modo habrá que tener un mínimo de inteligencia y habilidades para poder tener identidad ciudadana y gozar de plenos derechos. Porque claro, lo que diferencia a los seres humanos del resto de animales es su capacidad racional. Y visto lo visto para lo único que emplean esta racionalidad es para joderse la vida y jodérsela a los demás. Así que de este modo podemos complementar la teoría aristotélica del Zóon politikon, –el animal político, social, racional– por el Jodon politikon –el animal jodedor, jodiente y jodido–. Cuya máxima virtud es reventar todo aquel que esté en sus inmediaciones.

La “democracia”, –gracias a ese tipo de animal racional– se ha convertido en una dictadura rotativa en la que el pueblo cada cuatro años elige el tirano que le va a soplar la nuca. Entre elección y elección se abren debates políticos, acaloradas discusiones, y encendidas discrepancias sobre qué vaselina se está usando, si el frotamiento anal es el adecuado y se discute en los mentideros sobre si el anterior presidente nos acometía con más dulzura y a este nuevo pues con esos modales, no le votamos más.

Para que el Jodon politikon deje de interferir en el sistema democrático será necesario la adquisición de un DNI por puntos. De entrada se empezará con puntos negativos. El mero hecho de que otro ser humano venga al mundo es un desastre para la Pachamama, Gaia, la Tita Gea o como la quieran llamar. Será cuestión de méritos propios por los que se pueda superar esos puntos negativos y acceder a la ciudadanía. A modo de ejemplo, propongo unas cuantas sanciones del día a día:

  • Se multará a las ancianas que torpedeen el paso de viandantes más rápidos. (Menos 1 punto).
  • Se declarará escándalo público mostrar la raja del culo. (Menos 2 puntos)
  • Se sacrificará al dueño de un perro si este no recoge sus deposiciones y además se le restaran unos puntos adicionales por si es cristiano y resucita. (Menos 3 puntos + posible sanción por resurrección).
  • Se declarará desertores a todos los Erasmus, hay que incentivar el consumo local. Si quieres idiomas, te vas a estudiar a Torremolinos. (Menos 4 puntos).
  • Se amonestará a los usuarios del transporte público que no se asean con un mínimo de una vez cada dos días. (Menos 5 puntos + vale de descuento en productos desodorantes).
  • Se declarará persona non grata a todo aquel que entre en un ascensor y hable del tiempo (Menos 6 puntos).
  • Se barajará el destierro de todos aquellos varones que sufran un gatillazo y digan: es la primera vez que me pasa. (Menos 6 puntos + posible sanción adicional por ser eyaculador precoz).
  • Se considerará alta traición a todas aquellas féminas que digan a sus parejas cualquiera de estas tres frases: tenemos que hablar. No fui yo, fueron mis hormonas. No es por ti, es por mí. (Menos 7 puntos + vale de descuento en libros de autoayuda).

¿Con qué sancionarían ustedes?

Universität macht frei

La Academia es al conocimiento, lo que la prostitución al amor:

parece igual visto desde fuera, pero si no eres tonto sabes

que no es exactamente lo mismo.*

*Necesito aclarar este punto. Existen excepciones; hay casos conocidos en los que las prostitutas se enamoran de los clientes.

Nassim Nicholas Taleb

The Bed of Procrustes

Me prometieron que si obedecía esos años de internamiento podría ser un ciudadano. Es decir: una persona con poder adquisitivo. Una persona con tiempo para poder gastarlo. Me prometieron que sería un ser humano de provecho, que tendría un trabajo, que no me esclavizarían más allá de las ocho horas.

Me prometieron que el campo de concentración no sería eterno, que solo duraría unos años. ¿Cuántos? Depende. Cuando yo hice mi ingreso en la Academia me prometieron solo cinco años de reclusión. Después de eso, a mis veintitrés años de forzada educación supervisada por carceleros estatales, sería libre.

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Otra humilde propuesta

Basado en “Una humilde propuesta” del autor irlandés Jonathan Swift.

Que tiene por objeto evitar que los parados sean una carga para el Estado, ciudadanos  y demás gente de bien; y hacer que redunden en el beneficio del resto de la sociedad. 

I. Introducción

Es propio del buen ciudadano ayudar al gobierno de su nación en época de crisis y convulsiones financieras. Ante las reiteradas quejas del ejecutivo por la falta de ideas efectivas para resolver el drama del paro, me veo en la obligación de aportar ideas que saquen a mi maltrecho país del atolladero en el que se ha metido.

Todo el mundo sabe que el paro es una coqueta dama a la que le gustan los maquillajes, y pese a que desde el gobierno nos digan que anda por el 21%, 22% o 23%; eso significa que andará 3 o 4 puntos por encima. Para redondear –pues no es cuestión de que el presente escrito deprima a las personas de bien, ya que trato de aportar soluciones y no meter más el dedo en la herida– andaremos por el 25%. Es decir, que 1 de cada 4 personas que en España tendría que estar trabajando no lo puede hacer. Sin contar con los jóvenes que encadenan titulaciones, másteres y doctorados como si de cromos se tratase y aparecen en las estadísticas como “ocupados”. En el caso de los jovenzuelos el desempleo ronda el 50%. Es decir, que uno de cada dos que quiere trabajar no puede; y el otro, pues se coloca en Telepizza.

En España hay 47 millones de personas. Aproximadamente, población activa hay unos 23.081.200 millones y de estos están parados el 25%. Es decir, que hay 5.770.300 millones de personas que literalmente sobran y que el Estado no se puede permitir el lujo de mantener y los demás ciudadanos tampoco quieren dicho sea de paso, porque en una sociedad que está en continuo movimiento, alguien que no lo hace es un gran estorbo y todo el mundo se tropieza con él.

Un buen ejemplo es el del banco de peces. Imaginemos que el 25% de los peces de un gran banco oceánico no se mueven, están parados. Eso lastra al otro 75% de los peces que tienen más posibilidades que los tiburones –brokers– se los coman. Así hay que echar a ese 25% para que el otro 75% tenga más posibilidades de prosperar. Pero vayamos más allá y digamos que resulta que los tiburones no eran tiburones, sino que eran un conjunto de peces iguales que los del banco: que se organizan, se ponen un disfraz y practican el canibalismo. Eso sí, culturalmente se jactan de todo lo contrario. El canibalismo está visto como una práctica horrible; el acaparacionismo, más de lo mismo y el esclavismo tiene muy mala fama. Pero que la mitad del mundo se muera de hambre y la otra, de colesterol es el paradigma de la democracia y la herencia de la Ilustración.
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Apadrina un joven español

Por solo un beso al día puedes ayudar a que uno de estos miembros de la generación perdida...

Mis padres tuvieron que abandonar nuestro país de origen cuando yo apenas había nacido. Éramos una familia surgida en el mundo desarrollado y nos vimos obligados a emigrar. Ahora y tras haber crecido en un país que ya siento como mío, contemplo con mucho pesar como siguen llegando malas noticias de la tierra que habitaron mis abuelos. Y ciertamente, aunque solo viví allí de muy pequeño, me invade una profunda tristeza.

Es por esta razón, por la que me he decidido a adoptar a un joven español, el precio es de tan solo un beso al día. Y desde aquí animo a los habitantes de este resurgido país a que adopten ellos también. Es lo mínimo que pueden hacer, no sean egoístas, afortunadamente nuestros jóvenes tienen acceso a una vida digna con oportunidades. Pero en el país en el que nací, los jóvenes se han convertido en una gran carga para los adultos, y los condenan a encadenar un título tras otro en la universidad, para que cuando salgan al mercado laboral vayan de un trabajo precario a otro. Nunca podrán ser totalmente independientes, ni totalmente inteligentes, ni totalmente seres humanos. Sino que se les condena a vivir en la mediocridad, a medio camino entre la persona y el esclavo.

Y es que ustedes no se pueden hacer una idea de lo que mi padre -que cursó estudios allí- padeció. Llegó un momento en que la situación era tan grave, que se aprendía más estudiando un módulo de formación profesional, que acudiendo a las rancias y anquilosadas clases de universidad, donde el que más trabajaba era el camarero en la cafetería que no fallaba nunca, y dónde la mitad de las asignaturas estaban para justificar sueldos de profesores con enchufe, acomodados en la mediocridad de lo seguro.
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Romanos VI

Nuestro afamado caballo miccionando detrás de un seto

Corría el año 30 del primer milenio de nuestra era, cuando un viajero judío que abandonaba Jerusalén se encontró en su camino a un rico comerciante romano que miraba atónito a su caballo muerto en el suelo. Tenía este la lengua fuera y sus tripas como absorbidas, semejantes a un globo desinflado.

COMERCIANTE:
¿Qué le ocurre buen hombre? ¿Qué le ha pasado a su montura?

ROMANO:
Debe de ser algún problema de gases… Ya verás cuando pille al que me vendió esta caballeriza…

El criado del ROMANO que montaba en burro precisó:

CRIADO:
No sea así amo, ya nos advirtió que este caballo digería muy mal la hierba de Judea, y que como había sido muy bien domado, solo procedía a soltar ventosidades, cuando se hallaba solo, de noche, y nadie le miraba…

ROMANO:
¡Malditos caballos domados! ¡Hasta cuando miccionaba se ponía detrás de un seto! ¡Y si osabas cogerle de las riendas te soltaba una coz! ¡Volveré a por ese desgraciado vendedor de mulas con patas y le enseñaré que a los caballos, por Dios, no se les enseña modales!
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Ojalá ardáis en el infierno

Mis trileros compañeros de Filosofía

Cada día bendigo a Dios por estar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid. Es una facultad normal: no hay demasiados profesores brillantes, tampoco hay mucho dinero para gastar en las instalaciones y hasta compartimos facultad con los de Filología, pero todos estos inconvenientes se compensan con las amistades y compañeros que tengo en esta universidad.

¡Qué universidad! ¡Y qué amistades querido lector! Si os las contara, caeríais de la silla desde la cual leéis. Son amigos que parecen sacados del Lysis de Platón, aquel diálogo en el que se ensalza los valores de la amistad. Son amigos que jamás ustedes podrían pensar que existieran de verdad y muchas veces yo les pellizco para comprobar si son reales.

Y claro que lo son, son tan reales que cualquiera con más sentido común que el que teclea, diría que han sido sacados de los peores pasajes del Leviatán de Hobbes. Pero yo tengo mucha fe en ellos y creo que esa afirmación que circula por ahí de que son unos hijos de puta es un mero rumor. Un simple comentario de envidiosos que anhelan las virtudes de mis queridos compañeros complutenses.

Pero Fígaro, ¿habrás de contarnos los hechos que ejemplifiquen la rectitud de esos compañeros a los que dices tanto amar? Cierto es, de otro modo no hay posibilidad de creer mis palabras. Por ello me dispongo a contar los sucesos que todo el mundo obvia por interés y nadie cuenta por vergüenza.
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El ascenso de Boris Houdini

Boris Houdini retratado cuando era un adulto adolescente

El pequeño Boris Houdini tenía un cociente intelectual de 205. Para hacernos una idea de su ingenio tendríamos que remontarnos a una figura de la talla del alemán Gottfried Leibniz –más conocido como “Leibniz” a secas, o Gottfri para los amigos–, famoso filósofo precursor del principio de Razón Suficiente, cuya demostración tenía que ser lo suficientemente razonable para ser un principio, y no un final, y mucho menos de los malos de Hollywood.

También ideó el cálculo infinitesimal, llamado así por pretender calcular hasta el infinito dos veces y sin respirar. Sin embargo era un broma del sarcástico y muy agudo Gottfri, que los estudiosos de la matemática nunca han llegado a entender. En lugar de ello, solo vieron áreas bajo la curva de una función, que se empeñan en enseñar a aburridos bachilleres que bastante tienen con dilucidar si es hasta el segundo o tercer hielo la medida correcta para llamar a una copa vulgar “cubata”.

Pero volvamos al pequeño Boris y a la dramática historia de su vida, pues tal ingenio y superioridad en los primeros años no hizo sino engrandecer su ego, mucho más cuando entró en la universidad a los ocho años y llegó a doctor de patafísica de la moral a la edad de 13, tesina que tuvo enorme prestigio en la facultad de filosofía y  letras donde se dilucida si es moral o no cortar los jamones a los cerdos belloteros para el disfrute humano.

Houdini antes de cumplir los 18 años había destacado en todo lo que se había propuesto incluso había ganado títulos en las áreas más rocambolesca como en un concurso de mises, en el cual habían pretendido descalificarlo por ser hombre. Él había apelado a que las participantes analizando su C.I estaban muy alejadas de los humanos, más próximas a los simios y de estos últimos ni siquiera a los grandes. Ante tal obviedad, al joven Houdini le dieron el premio miss simpatía de una manera irónica claro está.

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