El chófer de Max Planck

Max Planck

Hay una anécdota fantástica acerca del chófer de una de las mentes más prodigiosas del siglo XX: Max Planck (1858-1947). En efecto, no vamos a hablar de este físico-matemático, sino de alguien más humilde que trabajaba para él.

Para ponernos en tesitura, hay que recordar Planck fue uno de los padres de la mecánica cuántica (la mayor revolución de la ciencia en el siglo XX) y que recibió el Premio Nobel de Física en 1918. Entre otra aportaciones, cabe destacar la Constante de Planck y la Ley de Planck, de las cuáles no vamos a detallar nada más porque este no es un artículo de física.

A Max Planck, después de su premio Nobel y de los descubrimientos que aportó a la física moderna, le invitaron a toda clase de tertulias y conferencias académicas para explicar sus descubrimientos y su visión de esta incipiente rama de la física. En aquella época la aviación civil no estaba desarrollada y la forma más rápida de viajar por Europa era en coche.

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CAPITULO UNO

Un restaurante de carretera servía como escondrijo provisional para Güerito Pistolas y sus compadres. Tomaban cervezas con lima y unos caballitos de tequila reposado. Navajas Mellado era el segundo de abordo de aquel cártel llamado Los Gringos del Sur. Le faltaba el dedo meñique de una de las manos, perdido cuando intentaba cruzar la frontera con los Estados Unidos.

Fue por culpa de un anillo de oro con el sello de la Virgen de Guadalupe. Quedó trabado en la valla cuando se dispuso a saltar. Por aquel entonces la frontera tenía una verja de menos de dos metros y algunos tramos del Río Grande estaban sin vigilar. A pesar de ello, Navajas Mellado no había perdido destreza con las manos, lo que para la gente como él no era otra cosa sino un “milagrito de la virgencita”.

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Haré estremecer los cielos

Don_Carlos_Spanien

Y aconteció que cuando el sol ya se había puesto, hubo densas tinieblas, y he aquí, apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre las mitades de los animales.

Génesis 15:17

Una figura torpe se movía fatigosa en la oscuridad. Portaba una enorme antorcha y su sombra dibujaba una cojera tosca, repulsiva y deforme. No era su único defecto; un hombro más alto que otro y una pequeña joroba componían una imagen grotesca en mitad de la neblina nocturna.

Nadie le llamaba el Jorobado. Ni siquiera el personal del servicio —parlanchín y propicio a los chismorreos— murmuraba a sus espaldas. Nadie se atrevía. Las últimas burlas de sus andares fueron proferidas por una niña que tenía la misma edad que él en aquel entonces, once años. Fue mandada azotar hasta casi desollarla viva. No llegó a morir porque el Rey paró la carnicería. Recompensó generosamente al padre de la criatura a cambio de silencio.

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Cómo sacarte el DNI a la primera

Muchas veces me he preguntado qué es lo que necesita alguien para ser considerado  un ciudadano. A lo largo de los siglos los requisitos han ido cambiando, en Grecia a modo de ejemplo, había que ser varón, adulto, nacido en Atenas, haber pagado tus impuestos y haber roto al menos tres estatuas –contribuyendo así al fondo de ruinas nacionales–. Un ejercicio durísimo comparado con la clase de examen que tiene que hacer uno para sacarse el carnet de identidad hoy en día, que se reduce a: escurrirse por una vagina.

¿Por qué nos tenemos que sacar carnets para una cosa y no para otras? Por ejemplo, ¿qué es peor? ¿No saber conducir y matar a alguien? ¿O no saber votar y elegir a alguien digamos “inconveniente”? Los que votaron en Alemania en el año treinta y tres a un tal Adolfo hubieran ido a septiembre. Entre atropellar a alguien con el coche o montar una  guerra mundial me quedo con lo primero, porque al menos uno se puede dar a la fuga, pero con la guerra mundial… ¿A dónde te vas? Aunque pensándolo bien lo bueno de las guerras es que son la excusa perfecta para quitar gente de en medio. Un gran estadista hizo un estudio sobre los conflictos bélicos concluyendo que es cuando más muertes de suegras se producen. También por pura “casualidad” los patios de vecinos se quedan bastante despejados.

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Universität macht frei

La Academia es al conocimiento, lo que la prostitución al amor:

parece igual visto desde fuera, pero si no eres tonto sabes

que no es exactamente lo mismo.*

*Necesito aclarar este punto. Existen excepciones; hay casos conocidos en los que las prostitutas se enamoran de los clientes.

Nassim Nicholas Taleb

The Bed of Procrustes

Me prometieron que si obedecía esos años de internamiento podría ser un ciudadano. Es decir: una persona con poder adquisitivo. Una persona con tiempo para poder gastarlo. Me prometieron que sería un ser humano de provecho, que tendría un trabajo, que no me esclavizarían más allá de las ocho horas.

Me prometieron que el campo de concentración no sería eterno, que solo duraría unos años. ¿Cuántos? Depende. Cuando yo hice mi ingreso en la Academia me prometieron solo cinco años de reclusión. Después de eso, a mis veintitrés años de forzada educación supervisada por carceleros estatales, sería libre.

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