Haré estremecer los cielos

Don_Carlos_Spanien

Y aconteció que cuando el sol ya se había puesto, hubo densas tinieblas, y he aquí, apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre las mitades de los animales.

Génesis 15:17

Una figura torpe se movía fatigosa en la oscuridad. Portaba una enorme antorcha y su sombra dibujaba una cojera tosca, repulsiva y deforme. No era su único defecto; un hombro más alto que otro y una pequeña joroba componían una imagen grotesca en mitad de la neblina nocturna.

Nadie le llamaba el Jorobado. Ni siquiera el personal del servicio —parlanchín y propicio a los chismorreos— murmuraba a sus espaldas. Nadie se atrevía. Las últimas burlas de sus andares fueron proferidas por una niña que tenía la misma edad que él en aquel entonces, once años. Fue mandada azotar hasta casi desollarla viva. No llegó a morir porque el Rey paró la carnicería. Recompensó generosamente al padre de la criatura a cambio de silencio.

Sigue leyendo

Cómo sacarte el DNI a la primera

Muchas veces me he preguntado qué es lo que necesita alguien para ser considerado  un ciudadano. A lo largo de los siglos los requisitos han ido cambiando, en Grecia a modo de ejemplo, había que ser varón, adulto, nacido en Atenas, haber pagado tus impuestos y haber roto al menos tres estatuas –contribuyendo así al fondo de ruinas nacionales–. Un ejercicio durísimo comparado con la clase de examen que tiene que hacer uno para sacarse el carnet de identidad hoy en día, que se reduce a: escurrirse por una vagina.

¿Por qué nos tenemos que sacar carnets para una cosa y no para otras? Por ejemplo, ¿qué es peor? ¿No saber conducir y matar a alguien? ¿O no saber votar y elegir a alguien digamos “inconveniente”? Los que votaron en Alemania en el año treinta y tres a un tal Adolfo hubieran ido a septiembre. Entre atropellar a alguien con el coche o montar una  guerra mundial me quedo con lo primero, porque al menos uno se puede dar a la fuga, pero con la guerra mundial… ¿A dónde te vas? Aunque pensándolo bien lo bueno de las guerras es que son la excusa perfecta para quitar gente de en medio. Un gran estadista hizo un estudio sobre los conflictos bélicos concluyendo que es cuando más muertes de suegras se producen. También por pura “casualidad” los patios de vecinos se quedan bastante despejados.

Sigue leyendo

Universität macht frei

La Academia es al conocimiento, lo que la prostitución al amor:

parece igual visto desde fuera, pero si no eres tonto sabes

que no es exactamente lo mismo.*

*Necesito aclarar este punto. Existen excepciones; hay casos conocidos en los que las prostitutas se enamoran de los clientes.

Nassim Nicholas Taleb

The Bed of Procrustes

Me prometieron que si obedecía esos años de internamiento podría ser un ciudadano. Es decir: una persona con poder adquisitivo. Una persona con tiempo para poder gastarlo. Me prometieron que sería un ser humano de provecho, que tendría un trabajo, que no me esclavizarían más allá de las ocho horas.

Me prometieron que el campo de concentración no sería eterno, que solo duraría unos años. ¿Cuántos? Depende. Cuando yo hice mi ingreso en la Academia me prometieron solo cinco años de reclusión. Después de eso, a mis veintitrés años de forzada educación supervisada por carceleros estatales, sería libre.

Sigue leyendo

Otra humilde propuesta

Que tiene por objeto evitar que los parados sean una carga para el Estado, ciudadanos  y demás gente de bien; y hacer que redunden en el beneficio del resto de la sociedad. 

I. Introducción

Es propio del buen ciudadano ayudar al gobierno de su nación en época de crisis y convulsiones financieras. Ante las reiteradas quejas del ejecutivo por la falta de ideas efectivas para resolver el drama del paro, me veo en la obligación de aportar ideas que saquen a mi maltrecho país del atolladero en el que se ha metido.

Todo el mundo sabe que el paro es una coqueta dama a la que le gustan los maquillajes, y pese a que desde el gobierno nos digan que anda por el 21%, 22% o 23%; eso significa que andará 3 o 4 puntos por encima. Para redondear –pues no es cuestión de que el presente escrito deprima a las personas de bien, ya que trato de aportar soluciones y no meter más el dedo en la herida– andaremos por el 25%. Es decir, que 1 de cada 4 personas que en España tendría que estar trabajando no lo puede hacer. Sin contar con los jóvenes que encadenan titulaciones, másteres y doctorados como si de cromos se tratase y aparecen en las estadísticas como “ocupados”. En el caso de los jovenzuelos el desempleo ronda el 50%. Es decir, que uno de cada dos que quiere trabajar no puede; y el otro, pues se coloca en Telepizza.

Sigue leyendo

Apadrina un joven español

Por solo un beso al día puedes ayudar a que uno de estos miembros de la generación perdida...

Mis padres tuvieron que abandonar nuestro país de origen cuando yo apenas había nacido. Éramos una familia surgida en el mundo desarrollado y nos vimos obligados a emigrar. Ahora y tras haber crecido en un país que ya siento como mío, contemplo con mucho pesar como siguen llegando malas noticias de la tierra que habitaron mis abuelos. Y ciertamente, aunque solo viví allí de muy pequeño, me invade una profunda tristeza.

Es por esta razón, por la que me he decidido a adoptar a un joven español, el precio es de tan solo un beso al día. Y desde aquí animo a los habitantes de este resurgido país a que adopten ellos también. Es lo mínimo que pueden hacer, no sean egoístas, afortunadamente nuestros jóvenes tienen acceso a una vida digna con oportunidades. Pero en el país en el que nací, los jóvenes se han convertido en una gran carga para los adultos, y los condenan a encadenar un título tras otro en la universidad, para que cuando salgan al mercado laboral vayan de un trabajo precario a otro. Nunca podrán ser totalmente independientes, ni totalmente inteligentes, ni totalmente seres humanos. Sino que se les condena a vivir en la mediocridad, a medio camino entre la persona y el esclavo.

Y es que ustedes no se pueden hacer una idea de lo que mi padre -que cursó estudios allí- padeció. Llegó un momento en que la situación era tan grave, que se aprendía más estudiando un módulo de formación profesional, que acudiendo a las rancias y anquilosadas clases de universidad, donde el que más trabajaba era el camarero en la cafetería que no fallaba nunca, y dónde la mitad de las asignaturas estaban para justificar sueldos de profesores con enchufe, acomodados en la mediocridad de lo seguro.
Sigue leyendo